La política adoptada en Uruguay para legalizar y regular el mercado de la marihuana dio un nuevo paso con la primera cosecha legal de cannabis en este país.

La primera recolección lícita de marihuana desde que se aprobó la ley en diciembre de 2013, es también la mejor, dijeron cultivadores, quienes hicieron hincapié en respetar en todos sus detalles el marco legal, que aún está en proceso de aplicación plena.

La presidenta de la Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay (AECU), Laura Blanco, aseguró que “es la mejor cosecha de los últimos 10 años” y enfatizó, “en cantidad, pero más que nada en calidad”.

Sin embargo, no hay datos sobre el volumen cosechado, porque no todos los plantadores están registrados aún.

Según el director de la gubernamental Junta Nacional de Drogas (JND), Milton Romani, los cultivadores domésticos son más de 2.300 y hay 15 clubes de membresía, auspiciosos en términos de adhesión de los usuarios al sistema.

La ley indica que los plantadores domésticos pueden tener hasta seis plantas y deben estar registrados en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA).

Los clubes de membresía deben registrarse en el Ministerio de Educación y Cultura, han de tener entre 15 y 45 asociados y un máximo de 99 plantas, mientras el suministro a cada socio no puede sobrepasar los 480 gramos anuales.

La ley prevé que los consumidores que no tengan interés en estas formas de autocultivo podrán adquirir, previo registro, hasta 40 gramos por mes en farmacias, si bien esta modalidad todavía no está habilitada y no se sabe cuándo lo estará.

A la calidad de la cosecha ayudaron el clima y la experiencia adquirida para cortar la planta en el momento adecuado, según Blanco.

“Fue el verano más seco (de los últimos años) y los cultivadores no se apuraron en cortar y pudieron esperar a que la planta madurara, cosa que no siempre se puede hacer porque abril y mayo son meses en los que llueve mucho”.

La lluvia puede perjudicar la producción en la etapa final porque “cuando la flor está más gruesa y más gorda demora en secar y el hongo se reproduce más fácil”, explicó la presidenta de la Asociación a la que pertenece al primer cultivador registrado ante el Estado uruguayo.

Romani dijo a Sputnik Nóvosti que la ley “tiene como cometido principal una articulación transversal que asegure la lucha contra el crimen organizado, el lavado de activos y la corrupción y la administración de bienes decomisados para su uso en prevención, salud y lucha contra el narcotráfico”.

La JND garantiza “prevención, tratamiento, asistencia comunitaria, inclusión y reinserción social” de usuarios problemáticos y adictos, y también lleva a cabo “investigación, evaluación de políticas y un observatorio de drogas”, añadió.

Romani insistió en que “regular mercados implica trabajar intensamente en la prevención y educación, en el cambio cultural para elevar la percepción de los riesgos y generar las herramientas para la cogestión de los mismos”.

El 16 de mayo, plantadores y consumidores de cannabis realizaron marchas en celebración de la primera recolección legal.

Según Bruno Calleros, del Movimiento por la Liberación del Cannabis, en Montevideo se movilizaron entre 4.000 y 5.000 personas.

Hubo también festejos en el interior, dijo a Sputnik Nóvosti el presidente de la Federación de Cannabicultores del Uruguay, Julio Rey, que recorrió distintas ciudades del país.

La marcha fue declarada de interés nacional por el Ministerio de Educación y Cultura y reclamó en una proclama que la fiscalización de los plantadores quede a cargo del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA), creado por la ley.

Calleros dijo a Sputnik Nóvosti que su organización está trabajando con el Ministerio del Interior para estandarizar procedimientos y “cambiar la mentalidad de la policía sobre los consumidores de marihuana”.

Romani enfatizó que trabajan “como siempre en el tema drogas con los jueces, fiscales y defensores y también con la policía, a fin de que se consustancien de la nueva ley”.

A medida que se abren espacios legales, se han multiplicado las tiendas especializadas en diferentes productos relacionados con el cannabis.

Una de ellas, en el centro de Montevideo, se aloja en una casa de techos altos y pisos de mármol donde el olor a marihuana lo impregna todo.

El propietario, Marco Algorta, explicó a Sputnik Nóvosti que a la tienda entran distintos tipos de clientes, algunos pocos compran insumos o “merchandising”, mientras la gran mayoría adquieren sustrato para germinar sus semillas.

Pero estos comercios no están autorizados a vender cannabis (solo podrá venderse en farmacias), mientras las otras opciones para acceder a ella son el cultivo doméstico o el de los clubes.

Para Laura Blanco, los “grow shops” (como se llaman esas tiendas) constituyen “ahora el activismo cannábico del cultivador doméstico; el que está atrás del mostrador es el que está enseñando a cultivar”.

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