Tras incontables esfuerzos y problemas superados, plagas, carencias, ladrones, hombrecillos de verde y azul y demás situaciones que se suelen dar a lo largo de un ciclo de cultivo de cannabis, la mayoría de vosotros habrá obtenido una cosecha de mayor o menor cantidad, pero autocultivada y seguramente muy aromática como recompensa a esa paciencia y tesón. Ahora llega la segunda parte una vez cosechada, y no menos importante que todos los pasos anteriores ya que puede marcar la diferencia entre una hierba mediocre y otra de calidad superior: El secado y el curado.

Por: The Rookie

Lo cierto es que como en otros aspectos, a la hora de la postcosecha la marihuana para autoconsumo se asemeja mucho a otros productos de consumo vegetales y animales como el vino, el jamón serrano o los puros. O sea, que una vez cortada y manicurada, ha de pasar por otra serie de procesos antes de poder ser consumida, básicamente el secado.

Realmente, la hierba que nos fumamos se compone, entre otras cosas, de materia vegetal y unas glándulas que se denominan tricomas y que contienen tanto la mayoría de los aromas como los principios psicoactivos que hacen que “coloque” y que es lo que coloquialmente llamamos “resina”

La Resina

A medida que avanza la floración, la planta comienza a desarrollar esta resina en forma de tricomas. Como decíamos, en esta resina se encuentran entre otros muchos componentes, los cannabinoides. Existen más de sesenta de estos cannabinoides, unos psicoactivos, otros no, y muchos de los que se desconoce su función e interacción con el resto, pero simplificando podemos decir que los cannabinoides que se encuentran en un cogollo recién cosechado son el ácido tetrahidrocannabinólico, precursor del THC (THCA), el delta -9 – THC, el cannabidiol (CBD) y el cannabinol (CBN) además de sus respectivas formas ácidas, e incluso variaciones del THC que conocemos habitualmente.

Actualmente se admite de forma general que el THCA no es psicoactivo y que se suele encontrar en abundancia en los cogollos recién cosechados, y que se va transformando en THC psicoactivo a través de la acción de una enzima de la familia de las sintasas o bien por medio de calor a temperaturas moderadas. Es por ello, que ya sólo con el paso del tiempo y la temperatura del lugar de secado y almacenaje ya nos encontramos con que que ya se ha incrementado el porcentaje de THC por la transformación de su ácido.

Por otra parte, tanto el CBD como sobre todo su forma ácida también se transforma en THC aunque por unos procesos más complejos, y sabemos que interacciona con el THC tanto en la duración de la psicoactividad como en el tipo de colocón, haciéndolo más pesado. Sin embargo, el THC se degrada fácilmente a CBN y se estropea con un secado o curado malo, provocando una pérdida de potencia. Por todo esto podemos decir que con un buen secado y curado añadiremos nuevos incrementos de THC si mantenemos unas condiciones de almacenaje correctas.

Los Aromas

Como comentábamos al principio, además de los cannabinoides, en los tricomas encontramos los distintos agentes aromáticos en forma química de terpenos y sesquiterpenos e hidrocarburos, y en la materia vegetal las clorofilas y otras sustancias que también se van transformando y son las que dan el aroma y sabor a la marihuana y al hachís, y no los cannabinoides como se suele pensar.

Algunas de estas resinas y aceites esenciales pueden influir escasamente en la potencia, así como en ocasiones provocar algún dolor de cabeza cuando se ha realizado un secado rápido o un mal curado en algunas variedades. El proceso de curado en sí, aparte de estabilizar y transformar los aromas y sabores, proporciona teóricamente un nivel de humedad idónea a lo largo del tiempo, como en el caso del tabaco, y se promueve la transformación de THCA a THC. Independientemente de todo esto cada variedad se rige, en cuanto al aroma y potencia, a un secado y curado particular, pero para distinguir un punto culminante específico durante el proceso, como norma general, no cabe la menor duda de que el proceso completo es imprescindible para paladares exquisitos.

Las Tres Claves

Así pues, tras la cosecha existen tres pasos que tendremos que tener en cuenta si queremos mejorar nuestra marihuana de forma notable: el secado, el curado y y el almacenaje.

Usualmente, para el secado se suelen colgar las plantas enteras de forma invertida o se depositan en bandejas o redes. Muchos cannabicultores creen que los racimos florales colgados boca abajo durante el secado provoca que las resinas se desplacen por gravedad a las extremidades. Podemos decir desde ya que se trata de un mito o leyenda urbana sin ningún fundamento científico y aseguramos que poca o ninguna resina o cannabinoides se transportan mediante el sistema vascular después que la planta se ha cosechado.

Sin embargo, el hecho de invertir las plantas para el secado provoca que las hojas cuelguen muy próximas a los racimos florales cuando se secan “abrigándolos”, y las resinas quedan protegidas de una manipulación externa de cualquier tipo, además de inducir un secado más lento y uniforme. El aspecto de los cogollos también parece más atractivo y estético y parecen tener más volumen al estar colgados boca abajo.

Al irse secando la planta, lo tricomas se van volviendo más frágiles y se rompen y se desprenden con facilidad cayendo fuera de los cálices al sacudir y manipular la planta, así que cuanto menos se manipulen mejor aspecto tendrán, así como mejor sabor y aroma al fumar, lo que es más importante. Lo ideal es secar las ramas con los cogollos hasta llegar a un 25% de su peso fresco original, o sea, que deberían perder alrededor del 75% de su peso en agua.

Llegará un momento en que ya, suficientemente secos sin amenazas de moho, podemos pasar a almacenarlos. Un buen signo es cuando el tallo central del racimo floral se rompe fácilmente al ser doblado, al igual que los tallos secundarios y demás. Este proceso, el secado, debería realizarse lentamente, sin luz y en un ambiente seco y fresco, con temperaturas de aproximadamente 18º a 22ºC, hasta llegar a un punto óptimo. En caso de encontrarnos en ambientes con mucha humedad, podemos utilizar pequeños trucos como el uso de ventiladores o de envoltorios en papeles de periódico que facilitan el secado y no aportan sabor extraño, ya que facilitan la absorción de humedad desde dentro y su eliminación desde fuera. En cualquier caso, lo ideal es disponer de un buen secadero que nos permita prescindir de cualquier elemento externo.

Como norma general, la marihuana ha de contener un 10% aproximadamente de agua, para proceder a su almacenaje o ser fumada en condiciones óptimas. A partir de ese momento podemos comenzar el proceso de curado y almacenaje. Con un buen curado desaparece el gusto a verde desagradable y deja que las resinas y los cannabinoides terminen de madurar.

Debemos pensar que el secado es meramente la evaporación del agua de los racimos florales para poder ser fumados, pero se complementa con el curado. Cuanto más largo sea el proceso de curado, la marihuana obtendrá un mejor aroma, gusto y mayor psicoactividad. Si el secado es demasiado rápido, el gusto a verde quedará sellado en los tejidos y puede permanecer indefinidamente. En contra de lo que puede parecer, un racimo floral no muere después de ser cosechado ya que existen distintas actividades metabólicas que tienen lugar durante algún tiempo tras el corte muy similares a la maduración y posterior deterioro de una fruta cualquiera o de las flores ornamentales.

Bolsa de vacío

Durante este período de tiempo tras el corte, los cannabinoides ácidos se descarboxilan para desarrollar sus formas psicoactivas, y los terpenos se isomerizan para crear nuevos politerpenos con gustos y aromas diferentes que también mejoran cuando los pigmentos y clorofilas comienzan a degradarse. Cuando los racimos florales se secan lentamente, se facilita el intercambio de gases con la atmósfera exterior a través de los estomas.

Exponer los racimos al aire fresco es necesario y muy apropiado para el curado durante cortos espacios de tiempo. Si el recipiente es hermético y translúcido y no se ventila, también puede ocurrir una putrefacción por bacterias anaeróbicas y mohos por el oxígeno que contiene el recipiente y la humedad que conserva de origen. De cualquier manera el oxígeno en pequeñas dosis es necesario para el curado.

En el almacenaje, es mejor siempre guardar los recipientes herméticos con los cogollos en sitios frescos y oscuros ya que las temperaturas bajas retrasan notablemente la degradación de los cannabinoides, aunque la congelación tiene efectos adversos ya que se fuerza a que salga la humedad a la superficie desde el interior de los tejidos parénquimales, dañando las resinas. Los racimos florales en la oscuridad se mantienen intactos y protegidos, pero su manipulación es preferible cuando se encuentran bien empaquetados para que no se restrieguen entre sí. Los frascos de cristal y de plástico con cierre hermético, son los recipientes más idóneos para el almacenaje de la marihuana y hachís. También las bolsas de plástico que permiten ser selladas no transpiran y se usan frecuentemente para el almacenaje, no obstante recordar que es indispensable proteger los envases de la luz, utilizando recipientes opacos, o cubriéndolos con papel de aluminio. El sellado al vacío es igualmente un medio eficaz y fácilmente asequible.

La conclusión: No hay un tiempo determinado para realizar el secado y curado, si bien con las temperaturas y procedimientos descritos sería necesario al menos dos meses. Si realizamos un buen secado, curado y almacenamos en un recipiente hermético opaco dentro del frigorífico (sin congelar), con nitrógeno o al vacío, tendremos material con potencialidad plena para años.