El animal dejó de comer y le agarró ictericia. Los veterinarios ofrecieron la eutanasia. Sin embargo, los dueños probaron con ese aceite para tratarlo y lograron su recuperación. Ahora, especialistas piden que se incluya el cannabis medicinal en animales dentro de la Ley 27.350.

“Es un caso típico para la eutanasia”, les dijo uno de los veterinarios a Juan Ignacio y Lucila, una pareja que reside en Berazategui y es dueña del gato Mateo. Sin embargo, ellos se negaron y aceptaron la ayuda de una amiga que les había ofrecido aceite de cannabis.

La primera alarma fue cuando notaron que su gato comenzó a perder peso abruptamente y a estar desanimado. El primer diagnóstico veterinario fue que era diabético porque tenía la glucemia alta. Las horas pasaron y a pesar de la medicación y la comida especial, Mateo empeoró.

El animal no comía, se hacía pis encima y tenía alta la glucemia. Como no respondía a la medicación los veterinarios dijeron que era un “caso típico para la autanasia”.

Derivados a un hospital veterinario, a esos primeros estudios le siguieron una batería de análisis. El diagnóstico fue un golpe: podía ser un cáncer avanzado. “Cuando le hicieron la ecografía vieron que por dentro era todo medio un desastre. Ellos creían que tenía cáncer porque veían el hígado y los riñones como infiltrados, como con un tumor adentro”, contó Lucila en Minuto Uno.

“La otra posibilidad era que haya sido diabético desde hacía mucho tiempo. Pensaban que eso que se veía podía ser glucógeno, cuando se acumula el azúcar en los órganos. Así que le dieron antibióticos, suero e insulina”, agregó Juan Ignacio. Pero nada de eso funcionó y en dos días el gato “se vino abajo”.

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Tras los análisis, había quedado internado para que le inyectaran suero. Pero el desconocimiento del entorno lo debilitaba aún más, por lo que sus dueños decidieron llevarlo a su hogar. La condición no fue fácil: tuvieron que trasladarlo dos veces por día al hospital que no quedaba en su barrio.

Por la ausencia de hospitales veterinarios gratuitos, gastaron 30 mil pesos en un 15 días. “Estábamos entregadísimos, sin ir a trabajar y yo estaba todo el día con este tema. Si no teníamos esa plata, nuestro gato se moría”, agregó Lucila.

Durante todo el proceso, Lucila habló constantemente con una amiga que tiene cinco gatos e intentaba por todos lados encontrar una salida al problema. Las charlas desesperanzadas entre ellas derivaron en una idea.

“Me contó que tenía un compañero de trabajo con una hija con cáncer que usa aceite de cannabis medicinal para las quimioterapias. Me ofreció conseguirme un frasquito por medio de él y probamos darle eso. Me lo había ofrecido antes, pero es como que estábamos yendo al veterinario y decíamos mejor que esto no debería haber. Pero cuando ya no sabían que hacer y me recomendaron eutanasiarlo, terminé aceptando”, sostuvo Lucila.

Mateo recibió las dos primeras gotas de cannabis medicinal. Ellos, por su parte, comenzaron a escribir en un cuaderno cada una de las reacciones del animal: “Anotábamos todo lo que hacia minuto a minuto. Por ejemplo a qué hora se levantaba, si hacía pis, o tomaba agua, cómo iba de cuerpo… Era importante entender cómo iba restaurando sus funciones vitales. Y eso se lo llevábamos al veterinario todos los días”. Con el cannabis, la atención extrema y el amor, estaban a punto de salvarle la vida.

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La mejoría fue casi instantánea. “Al otro día le acercamos la comida y empezó a olerla y tener interés. Le costaba comer pero se sentía interesado”, detalló Lucila. La comida era Ensure Glucerna con gotitas de canabbis con jeringa y el suero del veterinario. En ese momento, ya no le daban más corticoides. Al segundo día, el gato mostró un gran avance: comenzó a comer sólidos, a ir de cuerpo y recuperarse.

El primer signo de bienestar fue superar la ictericia, un proceso que le llevó una semana. Luego, de a poco, fue restaurando su vida normal hasta que sanó. La conclusión del diagnóstico fue una cetosis diabética. Actualmente, Mateo es un paciente diabético normal insulino dependiente. Para medirle la glucemia, ellos le pinchan la oreja y luego lo inyectan.

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