Jonathan Ott

Ott es el heredero de los cuatro grandes investigadores farmacológicos, químicos, enteobotánicos y drogófilos en general: Richard Evans Schultes, Robert Gordon Wasson, Sasha Shulgin y el propio Albert Hofmann. En él han confluido estos cuatro grandes de la ciencia, por lo que se le considera la persona que actualmente más sabe sobre fármacos-drogas de todo el mundo. Ha tenido el maravilloso detalle de escribir un prólogo a la edición en castellano de PIHKAL y otro a la de TIHKAL (ver página del Proyecto Shulgin y su grupo Facebook). Sin más preámbulos, os dejamos con las palabras de Jonathan Ott, para que hablen por sí mismas, con su habituales buen humor e ironía. Como hemos dicho, se trata de un extracto. La versión completa podrá leerse en la edición de PIHKAL y TIHKAL en español.

Proemio a Feniletilaminas que he conocido y amado

Jonathan Ott

La publicación original de PIHKAL marcó un punto de partida en mi desarrollo profesional… mejor dicho, la edición de un pequeño artículo en la revista trimestral Whole Earth Review, en el verano de 1991. El artículo, por Alexander T. (‘Sasha’) Shulgin, anunció la inminente publicación de PIHKAL, que salió en diciembre de aquel año. Yo había conocido a Sasha Shulgin dieciséis años antes, en la primavera de 1975, en Berkeley, California, al este de la Bahía de San Francisco. Al terminar mi carrera universitaria, en vísperas de comenzar dos años de estudios en México, andaba yo por el ‘Área de la Bahía’ (como lo llamamos: Bay Area) en busca de una editorial para mi primer libro (tuve éxito, y el libro salió en el otoño de 1976). Algún amigo mutuo me presentó a Sasha en su casa campestre al este de las Lomas de Berkeley, que enmarcan la Bahía (antiguamente forradas de árboles Sequoia de cien metros), igual que las Lomas de San Francisco al oeste (cubiertas de casas victorianas, hechas con la madera de aquellos árboles). Aunque Sasha Shulgin y yo tuvimos escasa relación durante la siguiente década, nuestro breve encuentro tuvo un impacto gigantesco sobre mi vida profesional. Naturalmente visitamos su laboratorio campestre, ¡que fue toda una revelación para mí!

(…) En ese momento, ¡juré hacer todo lo necesario para poder gozar algún día de mi propio laboratorio rural al estilo de Sasha! Me costó una década y mucho trabajo, hasta por fin inaugurar mi propio laboratorio, en la primavera de 1985, sobre la bucólica Vashon Island (en el estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos).

(…) Me dio un gusto enorme conocer los planes de Sasha (junto con su segunda esposa, Ann, todavía desconocida para mí por entonces), a la vez que ¡me provocó una terrible crisis de tipo existencial! En resumen, me hizo sentir (por muy exitoso que yo me imaginaba) que no había cumplido plenamente con mi deber político, un deber estrechamente ligado con mis dotes como escritor. En mi racional ansiedad por salvar mi pescuezo de la histeria política en torno a las ‘drogas’, era innegable que ¡me había autocensurado!

(…) Así que debo a PIHKAL y a la pareja Shulgin el ímpetu que me llevó a materializar Pharmacotheon, y les estaré eternamente agradecido

(…) Aquí tal vez no debería hablar tanto de mí. Por otro lado, cualquier impacto que hayan tenido Pharmacotheon y mis otros libros… los frutos que han dado los numerosos seminarios y conferencias que hemos organizado… todo esto se debe en buena medida a una muy acertada y merecida patada en el culo que de manera inconsciente me propinó Sasha Shulgin en 1991, al anunciar su libro aún inédito por aquella época, PIHKAL.

(…) No cabe duda de que PIHKAL ha sido un libro ‘revolucionario’ (como aquel libro epónimo de Copérnico en 1543, sobre la ‘revolución’ de los orbes celestes); que marca una nueva época; un antes y un después. La ciencia, el conocimiento, siempre ha sido un arma de doble filo. Ann y Sasha Shulgin frotaron una prodigiosa ‘Lámpara de Aladino,’ lo cual conllevó, a la vez, abrir una tenebrosa ‘Caja de Pandora.’ Estamos eternamente en deuda con ellos, y el mundo ya jamás será igual.