¿Qué derecho tiene el Estado para entrar a placer y prohibir ámbitos que entran en nuestra esfera privada? ¿Cuáles son los principios que sostienen la prohibición? ¿Son universalizables dichos principios o sólo se explican desde una ética parcial e interesada? ¿Es posible, o incluso necesario, legalizar las drogas con el objetivo de proteger la salud pública?

La “Guerra contra las drogas” es una opción política vigente implementada durante las últimas décadas de nuestro tiempo. Dicho marco legal posee multitud de implicaciones asociadas, muchas de las cuales no estaban inicialmente previstas, que pueden abordarse, desde la filosofía política, la salud pública, la economía o estudiando los efectos que tal prohibición causa en la vulneración los derechos humanos de las personas afectadas. Aunque en un inicio, y desde un punto de vista estrictamente sanitario, la prohibición de las drogas pudo ser puesta en marcha amparándose en objetivos “nobles”, lo cierto es que, visto con el suficiente rigor histórico, el reguero de daños que la ha acompañado posteriormente ha puesto contra las cuerdas a la gigantesca estructura estatal creada para mantenerla vigente (en forma de control fronterizo, patrullaje policial, defensa nacional o sistema carcelario, por poner algunos ejemplos).

La reciente satanización de unas sustancias utilizadas durante miles de años, ya sea con ánimo recreativo, medicinal o ceremonial, puede y deber ser objeto de poderosas críticas. En el análisis del manuscrito Contra la prohibición de las drogas aquí presentado, serán presentadas en cuatro apartados.

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1.- Drogas y autoridad política

¿Por qué deberían unos pocos cientos de políticos tener el derecho a prohibir las drogas a millones de ciudadanos? ¿Por qué deberían estos últimos obedecer?

En el primer capítulo del libro se explora cómo se erige en gran medida la legitimidad que permite a unas personas, es decir, a los políticos, prohibir tales sustancias a otras personas obligadas a subordinarse a sus designios, estos son, los ciudadanos. El proceso por el cual aceptamos sin cuestionar de forma excesiva la criminalización de la producción, distribución y consumo de drogas, posee unos cimientos que, en general, son comunes a muchas otras restricciones que también permitimos (ya sea el cerrar las fronteras a los extranjeros o el prohibir otras formas de consumo, como la prostitución), a saber: la legitimidad que construye el sistema democrático o el contrato social, entre otros. Sin embargo, la prohibición particular de las drogas también tiene características propias que la diferencian de otras políticas restrictivas, como es la propia denominación de “guerra” y la exageración de un supuesto conflicto social gravísimo entre partes opuestas, del cual surge la necesidad de desprenderse de aquellos elementos o partes indeseables de una sociedad (en este caso, drogas y gente relacionada con ellas). Todos estos pretextos y otros tantos adicionales, serán examinados en el capítulo inicial.

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2.- Los principios del derecho a las drogas

Una vez desmantelado el sistema de creencias que nos empuja a aceptar la prohibición de las drogas, en el segundo capítulo se exploran todos aquellos principios vulnerados con la misma prohibición. Partiendo de una coherencia moral, que bajo la prohibición de las drogas brilla por su ausencia (no olvidemos a todas aquellas acciones que también tienen el potencial de perjudicar a la salud y son legales, entre ellas, el uso del tabaco y el alcohol), se expondrán tres principios básicos lesionados, estos son: El Principio de libertad, el Principio de propiedad y el Principio de autonomía contractual. Es decir, en esta sección del libro se explicará como la libertad individual de las personas, el uso y disfrute de los medios de producción y las propias drogas, así como las relaciones sociales necesarias para la producción, distribución y consumo de las mismas son deterioradas para hacer efectiva la prohibición. Pero no sólo eso, ya que también indagaremos en cuestiones vinculadas a dichos principios, como son el ánimo de lucro, la prevención de riesgos asociados al consumo de estas sustancias, la figura de los clubes de autoconsumo o el acceso de la droga a los menores, entre otros asuntos.

3.- El daño a la salud como excusa para prohibir

En la penúltima parte del libro estudiaremos el gran adalid de la corriente prohibicionista. El daño a la salud, ese gran mal que acecha en el uso de las drogas, y que se ha convertido en el principal resorte que busca disculpar el menoscabo de los principios anteriormente citados. Aquí se reflexionará sobre la falta total coherencia moral que lleva implícita la prohibición, las inexistentes diferencias de fondo entre drogas legales e ilegales y la colosal bola de nieve que se desató después de poner en marcha la “Guerra contra las drogas” a partir del disparador que fue el daño a la salud pública. En ese contexto, y como veremos en el manuscrito, aquello que empezó como una cruzada moral contra un daño a la salud pública, terminó en la creación del mercado ilegal más grande del mundo, lo que, a su vez, hizo variar los objetivos iniciales, que pasaron de ser aquellos relacionados con la protección de la salud pública de la población a la que buscaba proteger, a otros que tenían más que ver con la lucha contra el tráfico de drogas, un monstruo imparable creado, esencialmente, a partir de la prohibición.

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4.- El coste de la Guerra

En la puntilla final a esta crítica contra la prohibición de las drogas, daremos una rápida vuelta a algunos de los innumerables costes que ha traído la prohibición. Aunque en la cabeza del lector esto pueda sonar a hablar sólo de números y bajo un prisma exclusivamente económico, el coste de la prohibición va mucho más allá que mencionar los miles de millones de dólares derrochados en eliminar a los competidores de los narcos más hábiles a la hora de burlar la ley (o el coste asociado a la corrupción). `Pues cuando mencionamos el coste al completo también es necesario señalar la estigmatización que conlleva criminalizar la vida privada de las personas, el daño generado a la justicia en forma de procesos judiciales sin garantías, la posibilidad de caer en alguna de las decenas de jurisdicciones que aún mantienen la pena de muerte para delitos relacionados con drogas, el daño particular provocado a colectivos concretos (negros, mujeres y niños, entre otros), la influencia de los narcos en la sociedad civil o la propia inhumanización que conlleva la persecución dentro de la prohibición, representada, por ejemplo, en los miles de asesinatos extrajudiciales de Filipinas en los últimos años capitaneadas por Rodrigo Duterte.

En aras de acabar con una política fracasada en todo el mundo, y cuyas consecuencias imprevistas han sembrado de horrores a todos aquellos que han intentado llevarla a cabo, espero que el granito de arena que supone el libro que aquí les presento ayude, en alguna medida, a revertir parte del problema.

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Disponible en forma de Ebook en Casa del libro, Google Play y El Corte Inglés. También disponible impreso aquí.