Seguimos fundamentando esta serie de artículos en las formas más comunes que los seres humano han llevado a la práctica para aprovecha la Cannabis Sativa L. y sus subespecies. Aunque la mayoría de ellas se fundamentan en la extracción de cannabinoides, hay otras muchas formas de aprovechamiento de la planta que no son psicoactivas.

Por Neal C. Borroughs

Aquí nos detendremos en ambas, las psicoactivas y las no psicoactivas, pero solamente hemos elegido las más sencillas, aquellas que resultan accesibles a cualquier persona, sin conocimientos específicos de química, y que se llevan a cabo con materiales relativamente fáciles de obtener o que ya poseemos habitualmente en nuestros hogares.

Como hacemos habitualmente con el objetivo de recapitular el camino que hemos atravesado hasta la fecha, hagamos una pequeña puesta a punto. Decíamos que la marihuana es “el cerdo del reino vegetal”. Todas las partes de la planta puede aprovecharse para diferentes fines. Desde la raíz a la flor, pasando por las hojas y las ramas. Aunque el cogollo ocupa un lugar especial en nuestro corazón, todo tiene alguna utilidad.

Para la mayoría de vosotros, la flor será el epicentro de todo el proceso de cultivo y la parte más valorada de la planta. Como tenemos buena constancia de ello, nosotros dejaremos a un lado la flor para que la podéis adecuadamente, la dejéis secar en un lugar fresco y oscuro y luego la depositéis en los recipientes adecuados para que se cure. A nosotros sólo nos importan los “restos”, el dichoso resquicio vegetal que hace que decaiga la calidad de nuestra flor si no la podamos adecuadamente*.

botellas de éter

Muchas personas piensan que estos resquicios valen para poco y se preguntan qué hacer con ellos una vez terminada la cosecha. Pues existen infinidad de cosas que podemos hacer con estos “deshechos” vegetales. Sin ir más lejos, nosotros sólo hablamos de formas muy sencillas de aprovechamiento y ya hemos descrito los siguientes métodos:

  1. Aprovechamiento mediante revegetación.
  2. Obtención de tinturas y licores de marihuana.
  3. Extracción directa de tricomas mediante tamices.
  4. Extracción en frío.
  5. Extracción con grasas.
  6. Extracción con butano.
  7. Extracción con sosa y salfuman.

Entre esta entrega y la próxima nos despedimos de las extracciones para viajar a otros tipos de aprovechamientos. Y, para comenzar la marcha, el 9.º artículo de la serie versará sobre la preparación de aceite refinado partiendo de aceite en crudo que obtenemos en algunos tipos de extracciones explicadas.

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En Cannabis Magazine y El Cultivador encontraréis artículos mucho más específicos y argumentados donde se explica detenidamente las diferentes procesos llevados a cabo para la obtención de aceite. En esta serie se pretende un acercamiento a las formas de aprovechamiento más sencillas cayendo, inevitablemente, estas en nuestro saco. Me parecía imprescindible detenernos en las más usadas y acercar a los neófitos a una materia que es compleja y peligrosa. Al fin y al cabo, lo más probable es que la práctica totalidad de vosotros uséis la mayoría de los restos en la obtención de algo psicoactivo y fumable, y la extracción es la mejor forma de hacerlo, especialmente cuando tenemos grandes cantidades de residuos vegetales.

Aunque iremos destacando las partes especialmente delicadas o que conllevan cierto peligro debéis tener especial cuidado al llevar a cabo las prácticas que hemos venido explicando en los últimos artículos. Debe quedar claro que no nos hacemos responsables de los accidentes o daños ocasionados por la aplicación de estos métodos. Algunos productos químicos pueden ocasionar graves accidentes.

Además, dichos métodos sólo se explican con un fin recreativo. No se pretende, por lo tanto, inducir al uso de ninguna de estas sustancias y se advierte sobre el hecho de que la instalación de laboratorios requiere de permisos especiales.

Resultado de la purificación del cannabis

Lo ideal es que el os encontréis en un ambiente al aire libre, dispongáis de todo el material que se describe y haya alguien con vosotros ayudando. La mayoría de tareas requieren de, al menos, dos personas.

Aunque hemos mencionado el proceso de purificación del aceite en crudo, me parece que se trata de un procedimiento lo suficientemente peligroso y complejo como para que le dediquemos un par de entregas más y lo dejemos bien explicado. Esto os servirá para aclarar por completo este último e importante paso del proceso de extracción de aceites, saber qué tipo de material estamos manipulando y cómo hacerlo de la forma más segura posible.

Para abarcar la preparación de aceite refinado, nos apoyaremos una vez más en la obra de un tal R.C. Sancho, Cannabis Alquimicum, La alquimia del cáñamo. Insistimos en que se trata de un libro imprescindible, toda una joya para aquellos que quieran adentrarse, con el consabido cuidado, en el mundo de la extracción.

Imaginemos entonces que hemos llevado a cabo alguno de los procesos anteriormente descritos* y disponemos de cierta cantidad de aceite crudo procedente de la extracción con alcohol o cierta cantidad de disolución alcohólica del mismo, bien sea tintura, licor, solución o extracto.

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En el primero de los casos necesitamos redisolver primero el aceite crudo con unas seis o siete partes de alcohol por cada parte de aceite. Este paso no requiere de total exactitud. Si percibimos que falta alcohol, basta con añadirle un poco más. Una vez hecho esto, debemos verter la disolución en un embudo de decantación de forma que no lleguemos a llenar una quinta parte del mismo.

  • El embudo de decantación es un utensilio de laboratorio muy práctico que aconsejamos comprar en el caso de que vayáis a realizar extracciones con cierta regularidad. Sirve para hacer extracciones con líquidos inmiscibles.

En general la llave está hecha con esmerilado, en cuyo caso se puede sacar para su limpieza. Se retira con cuidado el muelle o la pieza que impide que se salga de sitio (una especie de seguro), se limpia, se engrasa y se vuelve a montar. También existen modelos con llaves hechas de un tipo de plástico (teflón) que hay que sacar para llevar a cabo la limpieza.

Resultado de la purificación del cannabis

Para el uso que nosotros le vamos a dar es indiferente uno u otro modelo. Los tamaños van desde los 50 cc a 1 litro o más. Nosotros os recomendamos adquirir sólo uno y, a poder ser, de 250 cc.

Aunque parezca algo obvio, debéis vigilar que la llave esté cerrada puesto que resulta un error bastante frecuente. En el caso de disponer de más de la quinta parte del embudo de licor alcohólico, deben realizarse varias pasadas.

Lo siguiente que debemos hacer es añadir dos volúmenes o más de agua por cada volumen de extracto alcohólico. Podemos coger el agua del grifo pero si está muy clorada es preferible usar agua mineral, siempre sin burbujas. También resulta una alternativa adecuada las aguas que venden para plancha, denominadas “destiladas” o “desionizadas”. La encontraréis en cualquier supermercado o droguería.

El líquido resultante tiene un aspecto verde, más claro que el del extracto de aceite, es opaco y contiene partículas que flotan en la parte superficial del líquido. Parece viscoso, mostrando una apariencia similar al de cualquier salsa verde o mayonesa cortada a excepción, obviamente, del color.

Es el momento de utilizar una sustancia peligrosa que hemos mencionado en artículos previos*: el éter de petróleo. Dado que este producto es muy inflamable y muy tóxico, tanto el líquido como los vapores, detengámonos un poco en él.

  • Éter de petróleo es la denominación utilizada para referirse a los hidrocarburos ligeros procedentes de la destilación fraccionada del petróleo. Estos hidrocarburos hierven en un intervalo de temperaturas que van desde los 40 y los 60º C, en el caso del éter de petróleo 40-60, o bien entre los 50 y los 70º C en el caso de la sustancia denominada éter de 50-70.
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Estas mezclas son complejas, predominando cadenas de 5 y 6 carbonos cuando el butano, por ejemplo, tiene 4. Lo cierto es que cualquiera de estos éteres funcionará para nuestras finalidades.

Normalmente, las latas de gasolina que se usan para los mecheros contienen éter de petróleo aunque, como normalmente también contienen algún aditivo, no son el producto más recomendable. Debéis tener cuidado de no confundirlo con el éter etílico o sulfúrico, propio de las clínicas.

El éter de petróleo es MUY TÓXICO y debemos manejarlo al aire libre o, como mínimo, en un habitáculo bien ventilado, lejos de fuego, chispas (ojo con los interruptores), estufas, hornillos, radiadores eléctricos, deshumidificadores, cigarrillos, etc.

También debemos evitar el contacto con la piel pues, aunque no es corrosivo, puede ocasionar enfermedades cutáneas o provocar ciertas reacciones alérgicas. Cualquier tipo de intoxicación con estos productos obliga a una llamada rápida a urgencias y, mientras estos llegan, puede practicarse la respiración artificial al intoxicado.

Lo curioso es que es una sustancia de fácil adquisición. Podréis encontrarla en algunas droguerías y, especialmente, en almacenes de productos químicos. Nadie se preguntará para qué la queréis puesto que se usa como quitamanchas, combustible especial para motores de aeromodelismo, disolvente, gasolina para encendedores, etc.

Pues bien, ahora debemos agregar un volumen de éter de petróleo por cada volumen de solución alcohólica de aceite. Observaréis que el éter permanece en la parte superior, al margen del líquido verde u viscoso, y es incoloro porque todavía no se halla nada disuelto en él. Aguantando con firmeza el tapón de nuestro embudo de decantación, agitamos enérgicamente 4 o 5 veces, lo colocamos de nuevo en posición vertical y abrimos el tapón evitando que aumente la presión en el interior. Debemos repetir esta operación entre 7 y 9 veces para alcanzar un total de entre 30 y 40 sacudidas. Si dudáis, sacudid más.

Resultado de la purificación del cannabis

Una vez terminadas las sacudidas debemos dejar que el recipiente repose durante al menos una hora. La parte que antes era incolora ahora debe tener un tono marrón claro que puede percibirse como un verde oscuro a consecuencia de la fase inferior. Esta parte superior debe diferenciarse igualmente del resto del líquido. Si no se separa la capa es que necesitamos más agua. En este caso sólo debemos añadir más agua a toda la mezcla y repetir el proceso.

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Cuando esté bien diferenciado de nuevo, abriremos la llave de nuestro embudo de decantación, con mucha suavidad, y dejaremos que el nivel del líquido baje más o menos a un centímetro por cada veinte segundos. Si dejamos que el líquido baje demasiado deprisa a través de la llave veremos como queda adherido a las paredes material acuoso de la parte inferior. Si esto ocurre, debemos dejar reposar un rato hasta que vuelvan a diferenciarse perfectamente dos fases limpias.

Recordad que si abrís la llave y el líquido no baja puede deberse a que el tapón que colocasteis antes de comenzar a agitar el recipiente sigue puesto. Otro clásico despiste.

Una vez se haya quitado toda la fase inferior, el líquido de color verde, debe quedar en el embudo sólo la parte que, ahora sí, se percibe de un marrón claro. Es muy importante que no quede ningún resto de la parte verde, de lo contrario tenéis que repetir el proceso.

Hasta aquí por este mes. En la próxima entrega completaremos esta explicación, despidiéndonos de las obtenciones de aceites y, como os hemos dicho, viajando a otros parajes del aprovechamiento.

Debemos advertiros por última vez que todo el proceso de extracción química de la resina de cannabis se realiza mediante disolventes que son altamente tóxicos e inflamables. Algunos pueden provocar una explosión, como en el caso del arriba mencionado éter, o los usados en otros artículos* butano y hexano. Por ello, todas las precauciones son pocas.

 *ARTÍCULOS:

– “Cómo cultivar en un espacio reducido, con un consumo de energía bajo y una producción más que aceptable” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 93, 94 y 95.

– “La cosecha, el curado y el secado” Neal C. Borroughs, El Cultivador, número 3.

Y los artículos inmediatamente anteriores al que nos ocupa:

– “Aprovechamiento de los “restos” después de la cosecha” Neal C. Borroughs, Cannabis Magazine, números 104, 105, 106, 107, 108, 109 y 110.

*LIBRO:

– R.B. Sancho, Cannabis Alquimicum, La alquimia del cáñamo (Barcelona, Editorial Phantastica 2001)