Aunque proceden de la planta del cáñamo, carecen de componentes psicoactivos y constituyen un tesoro nutricional. Poseen muchas proteínas y son ricas en fibra y minerales esenciales

ace algún tiempo que las semillas son tendencia entre los devotos de la alimentación ‘healthy’, por el dechado de beneficios nutricionales que regalan. Entre ellas, las de cáñamo, también conocidas como cañamones, forman parte de este extenso grupo de ‘superalimentos’. Aunque para muchos comensales constituyen una novedad, lo cierto es que en China y en otros países asiáticos forman parte de la alimentación habitual desde tiempos inmemoriales. Incluso han recurrido a ellas como remedio terapéutico, pues así queda reflejado en algunos tratados antiguos de la medicina china. No obstante, también gozan de gran aceptación en Estados Unidos, donde el presidente Thomas Jefferson instó a los colonos que habitaban sus tierras a sembrar estas semillas por su valor gastronómico.

Tal y como indica su nombre, provienen de la planta del cáñamo, que es de la misma especie de la que se extrae el cannabis y la marihuana, de ahí el rechazo de muchos comensales a incluirla en su dieta. Sin embargo, son totalmente legales, carecen de componentes tóxicos o cannabioles y residuos de THC -Delta-9-tetrahidrocannabinol-, el componente fundamental de la marihuana. Además, regalan un sinfín de propiedades, por lo que no hay motivos de peso para empujarlas al ostracismo.

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Con un gran patrimonio nutricional

Como hemos adelantado, las semillas de cáñamo tienen mucho que decir en el terreno nutricional. Tal y como recoge la Base de Datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, despuntan por su alto contenido en proteínas, ya que aportan 32,26 gramos por cada 100 gramos de producto -es decir, el 23% de su composición-, superando otras opciones proteicas como las semillas de lino o de chía. Además, poseen todos los aminoácidos esenciales. Por lo tanto, son una excelente alternativa para cubrir dichas necesidades, especialmente para quienes siguen dietas veganas o buscan fuentes más ligeras que, por ejemplo, la carne.

Su contenido en fibra tampoco es nada desdeñable; de hecho, representa el 43% de su composición. Como bien es sabido, esta sustancia es saciante y coadyuvante de la regulación de la función intestinal, siendo idónea para las personas que padecen trastornos intestinales o estreñimiento. Según la Fundación Española del Corazón, la fibra nos hace vivir más y mejor, ya que su “consumo se asocia a la reducción -entre 24% y 56% en los hombres y entre 34% y 59% en las mujeres- de la mortalidad por enfermedad cardiovascular, respiratoria y cáncer”.

Aunque proceden de la misma especie que la planta del cannabis, carecen de componentes tóxicos o cannabioles

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En el terreno de las vitaminas, las semillas de cáñamo sobresalen por su alto contenido en vitaminas C y E, potentes antioxidantes que combaten el deterioro provocado por los radicales libres, que son la causa de un buen número de enfermedades. Además, fortalecen el sistema inmunológico, reduciendo el riesgo de infecciones y catarros; y ayudan a absorber el hierro, previniendo la anemia.

Asimismo, superan con creces la cantidad diaria recomendada de manganeso y magnesio, e incluyen buenas dosis de zinc y fósforo. Además, son generosas en ácidos grasos esenciales omega 3 y omega 6, imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo y la salud cardiovascular. Tal y como apunta la Fundación Española del Corazón, “destacan por su acción antiagregante y vasodilatadora, y su efecto sobre la disminución de la presión arterial y la trombosis. Se ha demostrado su papel en la prevención de la aparición de enfermedades cardiovasculares, arritmia y muerte súbita. Y no solo disminuyen el nivel de colesterol malo o LDL, sino que también aumentan ligeramente el colesterol bueno o HDL”.

Otro de los componentes que encontramos en las semillas de cáñamo es la arginina. Este aminoácido es fundamental para la formación de las proteínas y, además, promueve la producción de óxido nítrico, una sustancia que favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, provocando su relajación y, por lo tanto, un menor riesgo de padecer enfermedades cardiacas.

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Cómo sacarles el máximo partido en la cocina

De diminuto tamaño y color verdoso, las semillas de cáñamo tienen una textura mantecosa y un sabor a medio camino entre la nuez y la almendra. En el mercado podemos encontrarlas con piel o peladas, siendo ideales para consumir como snack o para utilizarlas como ingrediente en ensaladas, panes o productos de repostería. También funcionan a las mil maravillas combinadas con lácteos, cremas o sopas, que además las hacen más digestivas. Otra opción es triturarlas y usarlas como condimento en platos de pasta, helados, arroces e incluso mantequillas, a los que aportará un interesante gusto a frutos secos.

No obstante, también se emplean para elaborar aceite, el cual proporciona un sabor suave y conserva todas las propiedades de las semillas, perfilándose como una buena alternativa a otros aceites. De hecho, un estudio publicado en la prestigiosa American Chemical Society concluye que “tiene una variedad de sustancias interesantes, como los esteroles, los alcoholes alifáticos y los ácidos linolénicos, que las investigaciones sugieren promueven la buena salud”.

También es muy común recurrir a ellas para elaborar harina, que comporta más propiedades que la refinada y un gusto más natural, ideal para crear bases para pizzas, rebozados, tartas o pasteles. Igualmente, constituye un excelente ingrediente para hacer leche vegetal.

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