El Cannabis, al ser una planta, puede reproducirse de manera sexual, por medio de la polinización, y asexualmente, mediante el uso de ciertos órganos de la planta, los tallos, que son capaces de formar nuevas raíces dando lugar a nuevos ejemplares (esquejes o clones) idénticos genéticamente a la planta original.

Así que, se puede decir, que podemos obtener esquejes casi de cualquier planta, aunque una buena planta madre es sólo aquella planta hembra que ha sido criada y seleccionada con la finalidad de poder obtener de ella esquejes o clones idénticos y 100% hembras.

Por ello, sólo se seleccionan como plantas madre algunos ejemplares hembra con rasgos genéticos muy concretos y apreciados, como son un crecimiento rápido, una buena producción, un buen sabor en la fumada, un aroma atractivo, unos efectos potentes o una alta resistencia a ciertas enfermedades y hongos. De esta forma podemos cultivar nuestras plantas favoritas y preservar sus genéticas por tiempo casi indefinido sin que estas pierdan cualidades o se degeneren. Permitiéndonos cultivar una misma genética por un tiempo casi indefinido, ya que el esqueje es una réplica genética exacta de la planta madre. Seleccionar y cultivar plantas madre fuertes y saludables es la clave para mantener una provisión constante de clones hembra de calidad.

Pero el cultivo de estas plantas, especialmente si se las quiere mantener sanas y productivas por mucho tiempo, precisa de ciertos conocimientos y requiere de ciertas pautas y cuidados específicos que abordaremos a lo largo de este artículo. En el que trataremos de explicaros a grandes rasgos en qué consiste esa selección de plantas madre y detallaremos algunos de los cuidados básicos para su correcto mantenimiento.

SELECCIÓN DE LAS PLANTAS MADRE

La selección de plantas madres orientada a la producción de clones de calidad es una búsqueda que requiere algo de dinero, tiempo y paciencia, pero que se ve recompensada con una producción continua de clones 100% hembra de primera calidad y de buena hierba.

El sistema es sencillo aunque dependiendo de la variedad elegida, índica o sativa, del número de semillas que pensemos germinar y el precio de estas, nuestra inversión puede dispararse un poco. Por este motivo, cuando muchos cultivadores hacen los cálculos correspondientes tanto del gasto (se necesitan dos cuartos de cultivo, uno para crecimiento y otro para la floración, semillas, luz, tierra, abonos, material para hacer esquejes…) como del tiempo que les puede llevar hacer una selección (entre cuatro y cinco meses de media sí el proceso parte desde semilla), muchos optan por comprar un lote de buenos esquejes para seleccionar los mejores y hacerse así una madre decente, pues como hemos dicho antes, también se pueden obtener plantas madre a partir de esquejes de calidad (aunque estos sean esquejes de otros esquejes). Os aconsejamos encarecidamente que antes de hacer esto pidáis permiso a la persona “propietaria” de esa genética (a la que se los compráis o pedís), sobre todo si es un conocido. Pues para muchos cultivadores, sus “niñas” son sagradas y puede que no vean estas prácticas con buenos ojos.

Una buena solución para evitar que os “roben” una genética seleccionada es pasar o regalar siempre los esquejes o clones cuando estos ya han empezando a florar (aunque tengamos que forzar un poco el fotoperiodo) y muestren algún pistilo. De este modo será necesario el reflorarlos para inducirlos de nuevo al crecimiento y perderán gran parte de su vigor y su productividad quedando a salvo nuestra valiosa genética.


La Selección

La primera elección que debemos hacer es la de la variedad de planta que queremos cultivar y los rasgos concretos que buscamos en ella, como el vigor, la rapidez en el crecimiento, la producción de cogollos, la resistencia a enfermedades (sobre todo a hongos y mohos), el efecto al fumarla, y el sabor. Aunque debemos fijarnos también en otras características como su producción de tallos verdes, la fuerza y el vigor de las ramas de nuestras plantas o la facilidad para enraizar que tienen estas ramas.

La selección básicamente consiste en germinar de uno a dos paquetes de semillas, como media, de la variedad de nuestra elección, hacer un par de esquejes de cada fenotipo, cultivarlos y fumarlos para elegir de entre todas esas plantas, las hembras más fuertes, vigorosas, productivas, resistentes y sabrosas. En definitiva, seleccionar las mejores plantas hembra del conjunto para obtener de ellas una producción continuada de esquejes de calidad. En realidad podemos germinar todas las semillas que queramos ya que a más semillas sembradas más probabilidades tendremos de dar con alguna planta que tenga las características deseadas.

En principio, cualquier planta hembra, ya sea cultivada desde semilla o sea el esqueje de otro esqueje, e independientemente de su edad y estadio de desarrollo, puede convertirse en una planta madre. Aunque es importante recalcar que los mejores resultados se obtienen de plantas hembras sanas y seleccionadas por sus especiales características, con al menos dos meses de edad, y que no hayan sido refloradas. Las plantas hembras que han sido inducidas a florar y después a revegetar producen menos esquejes y de peor calidad, débiles y de lento enraizado. También se puede dar una degeneración si las plantas madre están infectadas por algún virus o por alguna enfermedad u hongo. No uséis nunca plantas enfermas, revegetadas o con estrés, ni ejemplares vulgares como plantas madre. Seleccionar solo aquellas plantas o esquejes sanos que muestren alguno de los rasgos antes mencionados, pues los esquejes que obtengamos a partir de estas serán idénticos a sus progenitoras, tanto para lo bueno como para lo malo.

El Procedimiento

Germinar un mínimo de uno o dos paquetes de semillas de la variedad de nuestra elección. Una vez hallan brotado estas semillas debemos dejarlas crecer entre uno y dos meses antes de poder cortar un par de esquejes de cada plantita para enraizarlos y poder pasarlos al cuarto de floración. De esta forma nos aseguramos también de que las plantas puedan madurar un poco más, ya que no producen los mismos cannabinoides una planta de dos meses que una de seis o siete meses. Conviene tener paciencia. Los esquejes una vez estén enraizados pueden pasarse a floración o dejarse alguna semana más en crecimiento hasta que alcancen el tamaño deseado.

Podemos dejar a las plantas originales de semilla bajo un régimen de luz vegetativo (18h luz y 6h de oscuridad) para examinar su desarrollo o bien podemos dejar estos esquejes en vegetativo poniendo a florecer las plantas de semilla y completar en menos tiempo el cultivo de las mismas. Lo mismo da, aunque es preferible hacerlo al revés siempre que podamos para tratar de conservar la planta original de semilla.

El correcto etiquetado de las plantas y los esquejes en esta fase nos asegurará el éxito de la posterior selección que hagamos. Es muy importante etiquetar todos los esquejes debidamente para saber en todo momento a que planta pertenecen y no equivocarnos más tarde en el sexado y la selección. Una práctica muy sencilla consiste en numerar a los ejemplares (por ejemplo: Ak-47-1, Ak-47 2, Ak-47 3…) o colocarles una letra diferente a cada uno después del nombre o las iníciales (por ejemplo: W. Widow A, W. Widow B y así sucesivamente). De esta manera tendremos siempre identificadas a todas nuestras plantas, ya sean madres o esquejes.

En esta parte del proceso de selección debemos fijarnos en las plantas más fuertes, verdes y sanas, de crecimiento más rápido y vigoroso del conjunto de plántulas, así como en aquellas con tallos y ramas gruesas, con poco espacio entre los nudos o con muchas ramificaciones, ya que suelen ser algunas de las características deseadas en una planta madre. Una buena opción es anotar en un cuaderno el nombre de aquellos ejemplares que destaquen por alguno de estos rasgos o por varios, para ir perfilando la posterior selección de las mejores plantas. Entre los rasgos genéticos que deberíamos buscar en una madre destacan la capacidad para producir nuevos brotes y ramas y la facilidad de estas para enraizar, su resistencia al estrés o su morfología (alta, achaparrada, espigada, etc….). Una vez hayan enraizado los esquejes que hicimos de nuestras plantas podremos pasarlos al cuarto de floración bajo un fotoperiodo de 12h día/ 12h noche para su sexado y floración.

El sexado de las plantas suele descartar la mitad de los ejemplares sembrados, aunque según los casos pueden ser más o menos. En cuanto identifiquemos las plantas masculinas en el cuarto de floración debemos proceder a su eliminación y a la de su progenitor (de ahí la importancia del correcto etiquetado de las plantas), permitiendo, de paso hacer más sitio a las plantas hembras y a las futuras madres en el cuarto de crecimiento. Una planta pistilada (que ha mostrado ya sus pistilos) procedente de semilla o esqueje puede ser considerada una planta madre a partir de los 45 ó 60 días de crecimiento vegetativo. Aunque como dijimos anteriormente es preferible esperar algo más de tiempo para dejar que está “madure” y produzca más cantidad de principios activos, los cannabinoides. Es importante cultivar el resto de plantas, las que sepamos a ciencia cierta que son hembras, bajo las mismas condiciones y suministrando a todas la misma cantidad de nutrientes para obtener un cultivo lo más homogéneo posible.

Si todo va como es debido al terminar el periodo de floración (entre 45 y 90 días, dependiendo de si la variedad cultivada es índica, sativa o un hibrido de ambas) podremos cortar, secar y curar los cogollos de nuestras plantas. Cuando la cosecha termine de secar y cure bien podremos fumar de todas las plantas y así conocer sus efectos y propiedades organolépticas. Sólo después de cosechar, curar y fumar de todas las plantas sembradas daremos por concluida nuestra búsqueda de la mejor o mejores genéticas. De este modo, tendremos suficientes criterios como para poder seleccionar los mejores ejemplares de nuestro jardín y cultivaremos nuestras genéticas seleccionadas durante tiempo indefinido obteniendo siempre esquejes idénticos y 100% hembras.


Clon de un Clon

Como dijimos anteriormente, también podemos obtener una planta madre partiendo desde un esqueje de calidad bien enraizado. Una solución rápida que nos puede evitar el tener que hacer esta costosa selección y que nos asegura el mantenimiento de nuestras genéticas favoritas por tiempo indefinido. Las plantas que obtengamos ahora de esta nueva planta madre son tan potentes, crecen y se desarrollan igual que la original. Aunque si es cierto que puede haber una degeneración si la planta original o el esqueje original están infectados por algún virus o alguna enfermedad u hongo, pero si trabajamos con ejemplares sanos esto no ocurrirá.

La técnica es también sencilla, tan sólo debemos elegir un esqueje de nuestra variedad favorita, fuerte, de buen aspecto y que esté totalmente enraizado para plantarlo en una maceta cuadrada mediana o de tamaño medio, de entre 6 y 11 litros, para dejarlo en periodo vegetativo hasta que esté bien enraizado. Después lo único de que debemos hacer es seguir dejando que crezca y realizar podas de esquejes periódicas hasta darle la forma y el tamaño deseados. De cuando en cuando conviene que realicemos podas de raíces (al menos una vez cada cuatro o cinco meses) para sanear y renovar el sistema radicular de nuestras nuevas plantas madre. A continuación explicamos más detalladamente los cuidados básicos para el correcto mantenimiento de las mismas.

CUIDADOS BÁSICOS Y MANTENIMIENTO DE LAS PLANTAS MADRE

Contenedores y Sustrato

La elección del sustrato y del contenedor es primordial para determinar el tamaño, la producción de esquejes y la longevidad de la planta madre. Las macetas cuadradas grandes suelen ser los más indicados, ya que un mayor volumen implica mayor cantidad de tierra, y por tanto mayor cantidad de agua, nutrientes de reserva y masa radicular. El que sean cuadradas o redondas es sólo una cuestión práctica ya que son más fáciles de manejar y apilar que las macetas redondas, pero lo mismo da, es algo que no afecta ni a la salud ni a la producción de esquejes de nuestras plantas madre. También podemos utilizar macetas de tamaño medio e incluso pequeñas de unos cuatro o seis litros si lo que deseamos es obtener madres bonsái.

La vida útil de una planta madre suele ir de entre 10 a 18 meses, aunque en buenas condiciones puedan sobrevivir indefinidamente, es frecuente que las enfermedades radiculares o los hongos acorten su vida a menos de un año. Para prevenirlo y evitarlo podemos añadir al sustrato microorganismos beneficiosos (perlas de bacterias y hongos microrizas) para que se instalen en la rizosfera y refuercen el sistema radicular de nuestras plantas frente al ataque de enfermedades y hongos patógenos. El uso de insecticidas y fungicidas preventivos como el jabón potásico, el aceite de neem o la cola de caballo beneficiarán a nuestras plantas madre y a los clones que cortemos de ellas ayudándonos a evitar plagas o infecciones indeseadas. Utiliza alguno de estos productos al menos una vez por semana o cuando cortes esquejes para que estos estén libres de insectos y enfermedades.


Iluminación

La luz es imprescindible para que las plantas puedan producir energía a partir del dióxido de carbono, el agua y la materia inorgánica. Sin ella, el follaje se vuelve amarillo y la planta muere en poco tiempo. Para un crecimiento normal debemos dar a nuestras plantas madre un fotoperiodo de 18h día y 6h de noche, y 24h día (sin periodo de descanso) para un crecimiento más rápido. Aunque es posible que al pasar de nuevo las plantas a 18h de luz tras un periodo largo a 24h día se estresen o revegeten un poco. Tenerlo en cuanta antes de probarlo. Si cultivas plantas madre bonsái o no deseas una producción muy elevada de esquejes también puedes utilizar una lámpara de bajo consumo tipo Agrolite, de entre 105w y 200w con espectro anaranjado para el crecimiento, o unos tubos fluorescentes de 18w ó 36w, o unas lámparas fluorescentes PL de 55w para el crecimiento de las plantas madre.


Podas Varias

Para mantener el tamaño de las plantas y permitir que las ramas desarrollen nuevos brotes debemos sanarlas al menos cada 2 ó 4 semanas cortando un nuevo lote de esquejes aunque no los vallamos a necesitar, siempre se pueden regalar a un colega. Otra técnica común es desyemar el tallo principal de las plantas y algunas de sus ramas laterales a fin de forzar el crecimiento de la parte inferior. Ya que estas ramas contienen mayor cantidad de hormonas y son más fáciles de enraizar. (Ver Imagen 1).

La renovación del medio de cultivo y del sistema radicular de nuestras plantas es esencial para su correcto mantenimiento. Por esta razón, las podas de raíces deben hacerse habituales cuando trabajamos con plantas madre, ya que nos permiten retirar el sustrato usado y las raíces viejas. La poda de raíces revitaliza las plantas aunque retrasa el crecimiento un poco (unas dos semanas). Esta técnica es válida tanto para el mantenimiento de madres bonsáis como para el de plantas madre normales, y resulta bastante útil a la hora de controlar el crecimiento de las plantas cuando se trabaja con plantas madre bonsái. Deben realizarse podas de raíces al menos una vez cada seis meses.

El procedimiento es sencillo, aunque reconozco que las primeras veces puede dar un poco de miedo, pues no es algo a lo que muchos estén familiarizados. Debe realizarse siempre a primera hora del día o a última, cuando los focos se apaguen o en un lugar poco iluminado para evitar que la luz dañe las raíces. Primero debemos preparar el material necesario: una bandeja porta-macetas vacía, un cuchillo de sierra (como los que se usan para cortar pan) y un poco de sustrato para rellenar de nuevo la maceta tras la poda. Para poder extraer el cepellón de raíces sin dificultad lo mejor es dejar las macetas un par de días sin regar, así cuando volteemos la planta podremos sacarla del contenedor dando solo unos golpecitos en su base.

Debemos procurar no tocar mucho con las manos las raíces cogiendo, siempre que nos sea posible, la planta por el tallo con firmeza y cuidado. Una vez tengamos el cepellón de raíces fuera de la maceta lo apoyamos en la bandeja porta-macetas y con ayuda del cuchillo cortamos una capa de 2cm de cada lado del cepellón de raíces y 2,5cm en la base. Por último, volvemos a acomodar la planta en la maceta y reemplazamos con nuevo sustrato el eliminado cubriéndolo todo bien. Los riegos posteriores pueden realizarse con algún estimulador de raíces que ayude a las plantas a recuperarse antes. Usando esta técnica de poda mantendremos las raíces renovadas y saneadas, permitiéndonos tener nuestras plantas sanas por más tiempo.