En los últimos años, el mundo de la cannabicultura se ha ido convirtiendo en más bien un universo, con incontables variantes, sistemas de cultivo, técnicas y metodologías y, en definitiva, todo un laberinto para aquel que desea iniciar sus andaduras en el tema del autocultivo de marihuana. A muchas personas les resulta complicado dar este primer paso sin asesoramiento, y lo cierto es que el nivel de cannalogía sí que está ya a buen nivel entre propietarios de tiendas, páginas web dedicadas al tema y por supuesto, la prensa especializada. Pero… ¿y si estoy enfermo, mi cannabis es el mismo que fuman los chavales en el parque?

 Texto y Fotos: Luis Hidalgo

 Como decíamos en la introducción, el mercado de productos especializados y sistemas de cultivo para cannabicultura ha crecido de forma alucinante en los dos últimos años, y la diversificación ha aumentado hasta extremos en ocasiones absurdos. Podríamos decir que, en la actualidad, existen más metodologías de cultivo que para la mayoría de especies vegetales y que podemos cultivar cannabis desde la forma más sencilla y tradicional cómo poner una semilla en la tierra hasta tener un cultivo altamente tecnificado con aparatos que parecen como de una nave espacial.

En principio, en nuestro país no se puede establecer un perfil general del cultivador de cannabis para autocultivo, o cannabicultor, debido a que el espectro de personas que lo hacen cubre todas las edades, hombres y mujeres, de todos los estatus económicos y culturales, y de cualquier profesión, pues podemos ver cómo un albañil compite con un abogado en una copa cannábica o cómo una persona sin estudios le da lecciones a un ingeniero sobre como acelerar la cosecha. Seguramente sea este hecho lo que ha llevado al mercado y a los fabricantes a poner en juego tal cantidad de productos, nutrientes, luces, complementos, y sistemas de cultivo, en un intento de abarcar la individualidad que surge a la hora de ponerse a cultivar, pues si en algún campo se puede aplicar el dicho de que “cada maestrillo tiene su librillo”, la cannabicultura se lleva la palma.

Empezando por el Principio

Sin embargo, a la hora de realizar un cultivo con fines medicinales la cosa cambia, pues como veremos más adelante, aquí no valen inexactitudes o la información no contrastada, ya que estamos hablando de la Salud de las personas. Por otro lado, en el caso del cultivo medicinal si que podemos perfilar unas características del cannabicultor y más aún si introducimos la variable del cultivo medicinal “en potencia”, es decir, si la mayoría de los enfermos susceptibles de ser tratados con cannabis como complemento a su tratamiento “oficial” se lanzaran a iniciar sus propios cultivos.

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Plantita de cannabis en incipiente crecimiento
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Siendo así, podemos ver que al menos dos terceras partes de los cannabicultores medicinales en potencia no han consumido antes cannabis ni mucho menos han imaginado nunca ponerse a cultivar hasta que su enfermedad les ha llevado a plantearse esta posibilidad. Suele ser gente de más de 35 años, en muchos casos con pocos recursos económicos debido a los costes de sus tratamientos y, en ocasiones, sin trabajo o recibiendo pequeñas ayudas económicas debido a que sus enfermedades les impide trabajar o realizar tareas que les puedan aportar ingresos económicos. También un altísimo porcentaje de enfermos pertenecen a un estrato socio cultural medio y en este caso suele haber más cantidad de mujeres que de hombres, debido a que muchas de las patologías susceptibles de ser complementadas con cannabinoides afectan más al sexo femenino.

Todo esto nos lleva a que la planificación del cultivo debería ser lo más simple posible, así como la metodología de cultivo a emplear, pero siempre cumpliendo con una serie de especificaciones que garanticen que en efecto es “medicinal” y no causará otros problemas al enfermo debido a las prácticas realizadas sobre las plantas durante el cultivo, y que iremos viendo a lo largo del curso.

¿Qué, dónde, cómo, cuándo?

Parece que lo más lógico si vamos a cultivar para paliar una determinada enfermedad es que sepamos de antemano que variedad de cientos o miles que existen en el mercado es la más conveniente para esa patología concreta, pues no todas las enfermedades se tratan con los mismos cannabinoides.

Para ello, actualmente sólo existen dos opciones: o una investigación exhaustiva por internet o la prueba empírica, es decir, ir probando variedades hasta ver cuál o cuáles nos van mejor, si bien esta opción debería ser el último recurso, pues no podemos decir que sea algo muy científico, podríamos equipararlo a, por ejemplo, ir probando por nuestra cuenta distintas benzodiazepinas para encontrar un determinado efecto ansiolítico y le diéramos al diazepam, luego al alprazolam y así con toda la familia de este medicamento que comprende al menos seis variantes que varían sus efectos en duración, potencia y tiempo de subida, y todo ello sin ningún tipo de control médico.

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Flor de cannabis medicinal

En cuanto a la primera opción, hoy en día no deberíamos tener problema en encontrar la información que necesitamos. Lo primero, sería visitar la página de la IACM y del SEIC (ver número anterior) para ver si allí se encuentra categorizada la enfermedad a tratar y conocer las proporciones de cannabinoides adecuadas para esa patología concreta, así como forma de uso, ensayos clínicos realizados y experiencias con cannabinoides desde el punto de vista de médicos, científicos e investigadores. Aquí debemos hacer un par de aclaraciones importantes: El cannabis en uso medicinal NO SE FUMA, pues combustionar e inhalar materia vegetal es completamente contrario a cualquier práctica médica. Seguro que no existe ningún médico que recomiende fumar lo que sea. En el caso de necesitar un efecto muy rápido, como en el caso del glaucoma, se puede vaporizar con cualquiera de los aparatos vaporizadores de cannabis que existen actualmente en el mercado. En este aspecto debemos comentar que lo ideal sería poder trabajar con extractos de cannabis, pero aquí surge un importante problema legal, y es que mientras el autocultivo de marihuana, si bien NO es legal, se encuentra en cualquier caso considerado como una falta y no como un delito si no se encuentran indicios de tráfico, cosa que nunca sucederá en el cultivo medicinal por su escasa entidad y pocas plantas.

La otra aclaración se refiere al hecho de que existe cierta confusión entre los enfermos ya consumidores con respecto al uso de cannabinoides: No importa la concentración de éstos, sino la relación entre los distintos cannabinoides considerados en la actualidad cómo de utilidad médica y que son el THC, el CBD, el CBN y el THCV. Hace unos años se pensaba que el THC era estimulante y el CBD relajante y a más concentración, mayor efecto. Sin embargo, los investigadores han descubierto que existe una interactuación entre los cuatro cannabinoides citados más arriba y que lo que importa realmente es la proporción que exista entre ellos, por ejemplo, es una determina relación entre THC/CBD lo que provoca estos efectos relajantes o estimulantes, de manera que una muestra que presente una relación 2:1 será ligeramente estimulante mientras que una relación 1:100 será altamente relajante y ansiolítica, con independencia de los niveles de concentración de cada cannabinoide.

Así que una vez que hemos determinado la combinación de cannabinoides que necesitamos, buscamos por internet que variedades cumplen esas características al menos con THC y CBD, y a continuación intentaremos conseguir esquejes de esa o esas variedades. ¿Por qué esquejes y no semillas? Porque cultivando esquejes todas las plantas tendrán unos niveles muy aproximados de cannabinoides entre si, mientras que desde semilla podemos encontrar altísimas variaciones debido a la gran inestabilidad que presentan actualmente la mayoría de variedades que se venden, e incluso podemos encontrarnos que algún banco de semillas desaprensivo esté vendiendo unas variedades con el nombre de otra, lo que nos podría llegar a causar un gran problema al provocar un efecto contrario al que buscamos.

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Flor de cannabis medicinal

Estos esquejes podemos encontrarlos a través de las distintas asociaciones y clubs de consumidores, o de otros cannbicultores, e incluso comprarlos por internet, si bien hacemos notar que la venta de esquejes tampoco es totalmente legal en nuestro país. Si no conseguimos esquejes, recomendamos encarecidamente comprar las semillas a un banco con años y ampliamente reconocido y a ser posible el “creador” de la variedad original, aunque esto tampoco es siempre una garantía. En cualquier caso, como veremos más adelante, lo ideal es hacer un análisis de cannabinoides para verificar que lo que vamos a consumir es lo adecuado para la enfermedad que deseamos tratar. Una vez localizada la variedad o variedades correctas, lo ideal sería mantener una “planta madre” que usaremos más adelante como donante de clones, asegurándonos el suministro para posteriores cultivos.

Ya sabemos lo que debemos cultivar, vamos ahora con la siguiente cuestión, el cómo.

Cultivo Medicinal

 Como decíamos en el capítulo anterior, el hecho de llevar adelante un cultivo para uso medicinal no implica la instalación de un laboratorio de alta tecnología, pero si que conlleva ciertas particularidades que no siempre se contemplan en las metodologías de cultivo para uso lúdico.

Por ejemplo, el primer requisito, y esto es algo que dejara sorprendido a más de un Lector, es el hecho de que el cultivo medicinal de cannabis debe realizarse siempre en interior, en un entorno con alta higiene y limpieza. Queda descartado por tanto el cultivo en exterior o invernadero. ¿Cuál es el motivo para esta afirmación? Pues algo que parece obvio pero no lo es tanto: En exterior las plantas están expuestas a infinidad de agentes contaminantes, desde polvo, restos de insectos y sus excrementos, partículas de plástico y pelos que flotan en el ambiente… La lluvia en ocasiones también puede traer algún que otro agente contaminante que quedará adherido a las plantas, incluyendo barro y más polvo.

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Más motivos, plantando en tierra madre, no podemos asegurar dónde acaban las raíces de nuestras plantas y si éstas se estarán alimentando de alguna fuente indeseable, como alguna zona con metales pesados o zonas donde la capa freática se encuentre contaminada por algún motivo, como los vertidos de alguna fábrica o incluso vertidos a tierra clandestinos e ilegales realizados por desaprensivos.

También muy importante es la cuestión de la climatología, que puede hacer que de una cosecha a otra existan variaciones apreciables en la producción de cannabinoides pudiendo darse el caso de obtener una buena cosecha pero que cae fuera de los rangos establecidos para la enfermedad a tratar. Además, nos encontramos con que la climatología echará a perder una serie de agentes aromáticos que en muchos casos, y según las últimas investigaciones, son también responsables de algunos de los efectos medicinales del cannabis con igual importancia que los cannabinoides, con lo que nos podemos encontrar con que aún estando en el rango correcto, esa hierba de exterior no nos acaba de aliviar al faltarle un determinado terpeno o flavonoides (nombres de compuestos aromáticos), y la culpa la puede tener una lluvia que ha caído un par de semanas antes de la cosecha y ha destruido dichos agentes.

Plantación de cannabis en interior
Plantación de cannabis en interior

En definitiva, un cultivo medicinal debe realizarse en un entorno controlado y a ser posible aislado del exterior, con filtros en todas las posibles entradas de aire, precisamente para evitar la entrada de agentes extraños. El espacio de cultivo ha de estar y mantenerse limpio y libre de plagas, insectos y mohos, y con unas condiciones de luz, temperatura y humedad lo más estables posible.

En la próxima entrega entraremos en profundidad en toda la fase inicial del cultivo, contestando a las siguientes cuestiones planteadas en este capítulo, siempre enfocado hacia el Lector que desea cultivar para uso medicinal con poca o nula experiencia ni conocimientos. Hasta entonces, un caluroso saludo.