Tal y como os comentamos en el anterior artículo que trataba sobre el Neem, hay muchas plantas que generan mecanismos de autodefensa para protegerse de posibles ataques como insectos, enfermedades, etc. Y os preguntareis, ¿por qué no todas las plantas generan sus propios mecanismos de protección? ¿Qué es lo que provoca que plantas desarrollen mecanismos de defensas y otras en cambio no? ¿Es que las que no lo hacen son camicaces?

En realidad la respuesta va dirigida por dos caminos: primero la incorporación de plantas a zonas distintas de donde son originarias. Y es que una planta desarrolla estos mecanismos de defensa tras muchos miles de años de adaptación y de modificaciones en su propia fisiología. Ella se diseña a sí misma en función del entorno que la rodea y pese a todo no gana siempre la batalla, de hecho casi todas las variedades que cultivamos en la actualidad no son originarias de nuestra zona, como mucho llevan unas pocas de décadas, por lo que en caso que se llevase a cabo un proceso similar este no ha hecho más que comenzar.

La segunda vía que nos explique estas cuestiones es la incorporación de cultivos modificados genéticamente. Ya que toda incorporación en lo referente a mejor calidad y mayor cantidad en las cosechas lleva aparejado la eliminación de otros factores como pueden ser la resistencias a condiciones climáticas adversas, la síntesis de sustancias de autodefensas… Y es que, para que preocuparse de que la planta se autodefienda y se autoproteja si ya las grandes multinacionales se encargan de comercializar productos tóxicos, contaminantes, patentados y con sus correspondientes ingresos que les permiten ser más poderosas y dominar países y sectores económicos.

Incluso hablábamos de cómo ya los laboratorios están sintetizando sustancias naturales en laboratorio que intentan sustituir al Neem y lo mismo ha pasado con el Piretro. Si mañana una gran multinacional consiguiera sacar una miel sintética, igual a la que hemos consumido hasta pero creada en fábricas, cogiendo compuestos químicos y combinándolos, esa miel ¿os la comeríais?

La piretrina se obtiene principalmente de un crisantemo, el Tanacetum cineraiifolium o Piretrum cineriaefolium (aunque hay varios más que se emplean para tal fin). De estas flores se obtienen unos extractos (donde se eliminan ceras y pigmentos), bien por métodos físicos o por métodos químicos, que permiten disponer de materias activas como Piretrinas I y II, Cinerina I y Jasmolina I y II, que no son más que ésteres de tres alcoholes (piretrolona, cinerolona y jasmolona) con ácido pirétrico y crisantémico.

Al igual que otros muchos compuestos naturales las piretrinas se biodegradan con la acción de la luz, con el agravante de que en su caso concreto, las piretrinas también se degradan por acción del aire, por acción de sus oxidrilos que las hidrolizan. Para evitar esta merma hasta ahora se venía utilizando un compuesto químico denominado “Butóxido de piperonilo”, un sinergizante que además de proteger a las piretinas aumentaba su eficacia, pero actualmente han aparecido algunos formulados que prescinden de este compuesto y emplean otros más naturales como resinas vegetales y alcoholes de uso común.

Las piretrinas actúan por contacto e ingestión provocando una grave alteración en el sistema nervioso del insecto y su posterior muerte. Junto con su biodegradabilidad el único problema que poseen es que no respetan la fauna útil; son muy poco tóxicos para el hombre, los animales, las aves o los peces, pero muy tóxicos para abejas y otros insectos beneficiosos.

Tal y como os comentamos el pelitre es otro compuesto del que han ido apareciendo compuestos químicos que intentan imitarlos como es el caso de los “Piretroides”. Del “pelitre” viene empleándose desde 1850 su extracto vegetal por su acción insecticida pero a partir de la década de los 70 del siglo pasado se fabrican estos compuestos sintéticos. Son químicamente igual que las piretrinas naturales (ésteres, o sea, combinación de un ácido y un alcohol) y también tienen un alto potencial insecticida, pero a su vez una gran toxicidad.

Los piretroides se dividen en dos grupos: piretroides fotolábiles: se descomponen por acción de  la luz y la temperatura muy rápidamente, por lo tanto su uso está restringido en general a aplicaciones en aerosoles. Es el caso de la “aletrina”, “resmetrina” o “bioaletrina”. Piretroides fotoestables: se caracterizan por ser más  estables a la acción de la luz y temperatura. Esto permite aplicarlos en cultivos y son los casos del “ciflutrin”, “permetrina”, “cipermetrina” o “decametrina”.

También se clasifican por sus características químicas (igual que en las piretrinas naturales). Tipo 1: como la permetrina que no contiene grupo “ciano”; causan descargas repetitivas sobre el sistema nervioso, conduciendo a hiperexcitación. Tipo 2: contienen grupo “ciano” y producen despolarización y bloqueo de la membrana nerviosa que conduce a la parálisis. Su efecto fundamental se debe a una modificación en el canal del sodio de la membrana nerviosa, produciéndose ataxia, falta de coordinación, hiperexcitación, convulsiones y parálisis.

En los mamiferos es raro que se produzca intoxicación con piretroides. Las del tipo 2 son más peligrosas y han causado parálisis, náuseas, vómitos, convulsiones, edema de pulmón e incluso el coma. Se han descrito alteraciones cutáneas por reacciones alérgicas sistémicas y dermatitis de contacto. Tienen una baja absorción cutánea y su baja toxicidad en mamíferos se debe a su elevada afinidad con el agua, por lo que se disuelve rápidamente.

Por el contrario las piretrinas naturales son más biodegradables y menos tóxicas. Dado el gran éxito de este tipo de sustancias como insecticidas ha pasado de ser una planta silvestre a convertirse en un cultivo totalmente industrial en países como Kenia o Cuba; en ensayos realizados en España (Cartagena) la siembra se debe realizar en noviembre y cuando la parcela se encuentre en floración (abril) se recogen las inflorescencias y se secan al aire.

Otra alternativa al extracto es la obtención el aceite esencial pero los costes son mucho más elevados en este caso. Para obtener el aceite se destila al vapor mediante Clavenger, obteniéndose un aceite de color azul intenso y de fuerte olor, muy desagradable. El rendimiento que se obtiene es bajísimo, se necesitan 1000 kilos de flor seca para obtener un litro de aceite esencial.

Los piretroides son sustancias químicas manufacturadas de estructura muy parecida a las piretrinas, aunque son generalmente más tóxicos para los insectos y también para los mamíferos, y permanecen más tiempo en el ambiente que las piretrinas. Se han desarrollado más de mil piretroides sintéticos de los cuales se usan actualmente unos veinte puesto que el resto eran demasiado tóxicos para el hombre, animales y medio ambiente. Destacan la “permetrina”, “cipermetrina” y “deltametrin”.

Los piretroides y las piretrinas entran al ambiente principalmente debido a su uso como insecticidas. En el aire, las piretrinas y muchos de los piretroides son degradados rápidamente (de uno a dos días) por la luz solar principalmente. Las piretrinas y los piretroides se adhieren firmemente al suelo y eventualmente son degradados por microorganismos; generalmente no pasan a las aguas subterráneas.

Es muy posible que las piretrinas y los piretroides entren a nuestro organismo, por ejemplo, cuando se comen alimentos contaminados con estas sustancias o cuando se respira aire que contiene estos compuestos o cuando entran en contacto con la piel. Dado que suelen estar presentes en insecticidas para uso doméstico, aerosoles y champú para animales domésticos, tratamientos para piojos que se aplican directamente en la cabeza y repelentes para mosquitos que pueden aplicarse sobre la ropa, no es de extrañar que estas sustancias estén presentes en nuestro cuerpo.

La diferencia está en que las piretrinas naturales no se acumulan con tanta facilidad en el cuerpo como los piretroides, por lo que la intoxicación es más fácil con estos últimos; por otro lado la biodegradabilidad es mucho mayor por lo que la contaminación con piretrinas naturales es muy poco probable.

Destaca su uso sobre todo en el control de insectos chupadores como pulgones o araña roja, masticadores como los minadores o las orugas e incluso contra insectos domésticos como moscas y mosquitos o contra insectos que aparecen en los almacenes de granos, tubérculos, leguminosas, etc; incluso en países de Europa y EEUU es la estrella en los recintos ganaderos, con una tendencia últimamente a dejar más de lado los piretroides y comenzar a usar piretrinas naturales; de hecho algunos de los piretroides más usado hasta hoy ya no están siendo autorizados por las autoridades sanitarias.