Un instructivo artículo sobre los nutrientes necesarios para la floración del cannabis.

La floración de nuestras plantas llega con el otoño, cuando los días se acortan y las noches se alargan. En el hemisferio norte, el cannabis florece entre los meses de agosto, septiembre y octubre, pudiendo alargarse en algunos casos hasta el mes de diciembre, como ocurre con las variedades más sativas. Durante esta etapa de su vida las plantas varían sus pautas de crecimiento y sus necesidades nutricionales a medida que la fase de floración avanza y la cosecha se aproxima. En este artículo trataremos de abordar los aspectos más significativos referentes a la nutrición de las plantas y sus diferentes necesidades durante la etapa de floración. El objetivo: lograr una cosecha de cogollos sobresalientes.

Los Nutrientes

Como muchos ya sabrán los nutrientes son los elementos básicos que las plantas necesitan para vivir. Del aire y el agua obtienen el carbono, el hidrógeno y el oxígeno. El resto de los elementos son absorbidos del medio de cultivo (sustrato) y/o de la solución nutriente. Los nutrientes suplementarios que se aportan al cultivo en forma de fertilizantes líquidos nos permiten aportar a nuestras plantas la práctica totalidad de nutrientes que necesitan. Podemos dividir estos nutrientes en tres grandes grupos: los macronutrientes, los nutrientes secundarios, y micronutrientes u oligoelementos.

Macronutrientes

Los macronutrientes son los nutrientes que más demandan nuestras plantas, son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K). A medida que el ciclo vital de nuestras plantas avanza y comienza la etapa de floración la producción de clorofila de estas decrece, precisando cada vez menor cantidad de nitrógeno. En cambio la absorción de fósforo y potasio se incrementa para promover la formación de los cogollos. Por ello es tan importante el uso de un fertilizante adecuado para esta etapa del cultivo. El ya clásico y famoso PK 13-14 (NPK: 1-13-14) con una formulación baja en nitrógeno y alta en fósforo y potasio puede ayudarnos mucho. Este es el abono base más usado por los cannabicultores de todo el mundo para la fase de floración, tanto en exterior como en interior. Sí queremos asegurarnos de que las plantas absorban todos los nutrientes presentes en la mezcla de abonos que preparemos deberemos medir periódicamente el PH del agua, y corregir la acidez o alcalinidad de esta para que esté siempre entre 5.8 y 6.6. Esto se debe a que por encima o por debajo de estos valores las plantas no pueden procesar correctamente los nutrientes. Por eso muchas veces, aún usando buenos fertilizantes, nuestras plantas presentan síntomas carenciales. Ojo al PH en floración para que no tengamos problemas de este tipo.

El fósforo es muy importante para la floración de la planta, lo que no significa que la planta no lo necesite durante el crecimiento (especialmente en las fases de germinación, plantón y en la clonación). El fósforo es necesario para la fotosíntesis y proporciona un mecanismo para la transmisión de energía dentro de la planta. El fósforo se asocia al vigor general y a la producción de resina y semillas. La carencia de fósforo causa el retraso de la floración y el desarrollo de cogollos más pequeños y pobres. Las plantas afectadas son más vulnerables a infecciones por hongos y plagas. Usando un fertilizante líquido tipo PK 13-14 aportamos gran parte del fósforo que nuestras plantas necesitan durante la floración, pero siempre hay formas naturales de incrementar esos valores para que las plantas absorban la mayor cantidad posible de fósforo. El fósforo, se encuentra en el humus de lombriz, la harina de huesos y la ceniza de madera. Añadiendo la suficiente cantidad de este tipo de ceniza a la tierra o mezcla, el tallo adquiere una estructura más leñosa (la firmeza del tallo y las ramas laterales determinan el tamaño de los cogollos). Un tallo gordo y fuerte transporta mayor cantidad de nutrientes produciendo cogollos mayores. Otra buena cualidad de la ceniza de madera es que protege a la planta de enfermedades. A la hora de regar asegúrate siempre de ajustar el PH del agua (con o sin fertilizante) entre un 5.5 y un 6.5 para que el fósforo quede disponible para las plantas.

El nitrógeno regula la capacidad del cannabis para fabricar proteínas y es el principal responsable del crecimiento de hojas y tallos, así como del vigor y el tamaño general de la planta. Durante la floración la marihuana precisa niveles inferiores de nitrógeno, por lo que es más infrecuente su carencia en esta fase del cultivo. Para añadir más nitrógeno a nuestra tierra o mezcla podemos usar humus de lombriz, guano de aves marinas, emulsión de pescado o harina de sangre y que así no les falte nitrógeno a nuestras plantas. Pero cuidado con pasarnos. De las plantas cosechadas con exceso de este nutriente se obtendrá una marihuana seca de mala combustión con una alta concentración de nitratos (estos compuestos son radicales libre muy cancerigenos, por ello es importante lixiviar bien el medio de cultivo antes de cortar). Los abonos líquidos de floración suelen contener un nivel óptimo de nitrógeno por lo que no suele ser necesaria la adición de más durante la floración.

El potasio es crucial en la acumulación y translocalización de los carbohidratos, y ayuda a combinar a estos con los almidones, lo cual resulta esencial para producción y movilidad de estos compuestos. También es primordial en el crecimiento por división celular. Aumenta la clorofila en el follaje y ayuda a regular la apertura de los estomas. El potasio también resulta necesario para la elaboración de proteínas que aumentan el contenido en aceites esenciales mejorando el sabor de la hierba. Provoca un crecimiento de raíces fuerte y vigoroso, y esta asociado con la resistencia a enfermedades y a la absorción de agua. La carencia de potasio provoca que la temperatura interna del follaje de dispare, y que las proteínas de las células se quemen o degraden siendo más vulnerables a enfermedades y plagas. Las plantas con carencia de potasio parecen sanas en un principio, pero después de un tiempo sus hojas (sobre todo las más viejas) desarrollan un moteado oscuro y empiezan a amarillear por las puntas y los márgenes hasta que finalmente mueren. En la floración esta carencia retrasa y disminuye sensiblemente la cosecha. Esta es una carencia más propia de lugares con suelos o aguas de riego con alta salinidad, aunque en el cultivo con maceta o mezclas de tierra abonadas también puede darse. La acumulación de las sales en el terreno, o la mala calidad del suelo suelen impedir que las plantas asimilen la cantidad necesaria de potasio. Para que nuestras marías tengan mayor cantidad de potasio disponible y prevenir su carencia conviene usar potasas solubles (la ceniza de madera) mezcladas con agua o en la mezcla de tierra, pero ojo, la ceniza de madera tiene un PH de casi de 10. Si la usas con agua recuerda medir y ajustar el PH del agua antes de regar. Así como es aconsejable el lixiviar el suelo regularmente (al menos una vez por mes).

Nutrientes secundarios

Son también tres: el magnesio (Mg), el calcio (Ca) y el azufre (S). Por lo general, las plantas requieren también gran cantidad de estos nutrientes para su correcto desarrollo y floración.

El magnesio es el átomo central de la molécula de la clorofila por lo que resulta esencial en el proceso de captación de la energía lumínica. Además el magnesio ayuda en la asimilación de otros nutrientes y a que las enzimas fabrique carbohidratos y azucares (que en floración se transforman en flores y cogollo). Por ello las plantas utilizan una gran cantidad de magnesio. La deficiencia de este nutriente hace que nuestra cosecha se retrase y disminuya sensiblemente. Suele darse en lugares con suelos ácidos (PH por debajo de 7) y en las mezclas comerciales de sustrato con exceso de sales. La acumulación de las sales en el medio bloquea la absorción del magnesio, así como un entorno de cultivo en el que las raíces estén demasiado húmedas y frías o en suelos ácidos y fríos. El exceso de potasio en la tierra también bloquea la absorción de magnesio, al igual que el exceso de amoniaco (nitrógeno) y de calcio (carbonato). Para prevenir o corregir la carencia de magnesio podemos añadir sales de Epsom (sulfato de magnesio) en cada riego siguiendo las instrucciones del fabricante.

El cannabis requiere grandes cantidades de calcio tanto para el estadio de crecimiento como para el de floración (casi tanto calcio como macronutientes). El calcio es fundamental para la producción y el crecimiento de las células. El calcio es necesario para preservar la permeabilidad de la membrana celular de las células y preservar su integridad, lo cual asegura un flujo apropiado de nitrógeno y azúcares. Una carencia de calcio en nuestras plantas se traduce en un desarrollo mucho más lento de lo habitual. Las hojas jóvenes de las plantas se tornan de un color verde muy oscuro y los tallos de la planta se vuelven débiles. Las hojas y brotes más jóvenes son los primeros en verse afectados, pudiendo llegar a quedar muy afectadas tras un déficit severo. Para evitar esta carencia, tanto en el suelo como en las mezclas de tierra comerciales, lo mejor es utilizar un poco de caliza dolomita fina, o un fertilizante con los niveles de calcio adecuados para el cultivo del cannabis.

El azufre es esencial para la fabricación `de muchas hormonas y vitaminas, incluyendo la tiamina o vitamina B1. En forma de sulfato, el azufre esta presente en suelos y agua de ríos, siendo uno de los mejores reguladores del PH del agua. El sulfato (sales y éteres de ácido sulfúrico que contienen como unidad un átomo de azufre en el centro de un tetraedro formado por cuatro átomos de oxígeno.) está involucrado en la síntesis de las proteínas, ya que forma parte de los aminoácidos. Además resulta esencial para la formación de los aceites y los sabores, al igual que para la síntesis y descomposición de los ácidos grasos. La carencia de este nutriente secundario se da en muy raras ocasiones pues la mayoría de fertilizantes líquidos y las mezclas de tierra que venden ya lo contienen.

Micronutrientes u oligoelementos

Los micronutrientes u oligoelementos son el manganeso (Mg), el zinc (Zn), el hierro (Fe), el boro (B), cloro (clorudo)(Cl), el cobalto (Co), el cobre (Cu), el molibdeno (Mb), el sílice (Si) el niquel (Ni), el sodio (Na) y el flúor (F). Los micronutrientes son elementos esenciales para las plantas y aunque sólo resultan necesarios en pequeñas cantidades, sin ellos no se podría llevar a cabo la formación de la clorofila. Además actúan como catalizadores en muchos de los procesos metabólicos de las plantas, por lo que sí queremos obtener los mejores resultados en nuestra cosecha deberemos garantizar el suministro de la gama completa de estos elementos.
La mejor forma de hacerlo es el uso de quelatos o agentes quelatantes. Un quelato (de la palabra griega para “garra”) es una molécula orgánica que forma una unión parecida a una garra con partículas de metal con carga eléctrica. Esta propiedad química hace que los iones metálicos como el zinc, como el hierro o el maganeso sean solubles en agua; y que suprima la reacción del metal quelatado con otros materiales. El ácido húmico y el ácido cítrico, son dos quelatos naturales que pueden añadirse sin problema a las mezclas orgánicas de tierra. Las raíces de las plantas absorberán los metales quelatados rápidamente. Para asegurar el suministro de microelementos para nuestras plantas, el uso de quelatos líquidos especialmente diseñados como el DPTA, el EDDHA o el EDTA. El problema de los quelatos es que se descomponen rápidamente con niveles bajos de luz (tanto la luz DAI producida por las bombillas de los focos de cultivo, como la luz solar).