Las cafeterías donde se expende marihuana libre y legalmente se han convertido en el espacio predilecto de muchos para reunirse con otras personas y tener conversaciones amenas o importantes, compartiendo una bebida caliente, de preferencia café. Sin embargo, estos establecimientos son mucho más que solo espacios acogedores si uno se encuentra en los Países Bajos. Esto se debe a que, además de café, infusiones y panecillos, las cafeterías holandesas son las encargadas del comercio de marihuana para consumo personal. En 1970, el gobierno decidió que la mejor forma de controlar el consumo de cannabis sin prohibirlo era permitir su venta en cafeterías autorizadas, de manera que se pudiera “supervisar” su uso. De esta forma se evitaría su comercio en las calles y que menores de edad tuvieran acceso a ella.

Dos de las características más reconocidas de los Países Bajos son su modernidad y mente abierta. No obstante, esto no aplica para ciertas zonas más bien conservadoras desde donde se estaría ejerciendo presión sobre el Gobierno para modificar las leyes y restringir aún más el consumo de marihuana. Como resultado de esto, gran cantidad de cafeterías han sido clausuradas por el Estado, incluyendo Mellow Yellow, la más antigua del mundo, afirma The Economist en su artículo titulado “Why Amsterdam’s coffeeshops are closing”.

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Luego de más de 40 años de políticas de tolerancia hacia la marihuana, el Gobierno ha comenzado a tomar otra dirección, a pesar de la desaprobación de gran parte de la población. En 1995 existían 350 cafeterías a lo largo de Ámsterdam, ciudad capital y hoy la cifra se ha reducido a 167. Para cumplir su cometido de cerrar la mayor parte de los establecimientos, las autoridades han recurrido a leyes que prohíben servir a turistas y el funcionamiento cerca de colegios. Este último factor ha sido la causa para el cierre de 20 establecimientos aproximadamente, incluido el Mellow Yellow que se encontraba a 230 metros de una escuela de peluquería (la norma exige 250 metros de distancia).

Si bien es cierto los ciudadanos conservadores aplauden las medidas del Gobierno, los expertos cuestionan la efectividad de las mismas y afirman que las consecuencias pueden ser graves. Y es que como consecuencia  del gran número de establecimientos clausurados y la resistencia de las autoridades a expedir nuevas licencias, los establecimientos aún en funcionamiento no pueden abastecer la alta demanda. En primer lugar, esto impide que se pueda ejercer un control apropiado sobre los consumidores, lo cual va contra el principio de su política de tolerancia. En segundo lugar, se estaría dando pie a que comerciantes ilegales tomen la oportunidad para cubrir la demanda, lo cual llevaría las drogas de vuelta a las calles. En tercer lugar, solo se permite que los establecimientos manejen 500 gramos de marihuana por vez, pero al haberse multiplicado la demanda se verán obligados a renovar su suministro con mayor frecuencia, incrementando las posibilidades de que las cargas sean asaltadas cuando se trasporten.

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