Cuatro personas de nacionalidad rumana han sido detenidas. Compraron una finca hace seis meses y montaron un sistema para ganar un millón de euros al año. Fueron sorprendidos cuando ampliaban el zulo.

Las aceitunas del olivar plantado en una finca recién comprada en Toledo iban a ser las más rentables de España. Las raíces de los árboles camuflaban lo que hasta hoy es la mayor plantación de marihuana localizada por la Policía Nacional bajo tierra. El hallazgo ha tenido lugar en el paraje del Cerro de los Palos, muy próximo a la ciudad, donde uno de los cuatro detenidos en la operación compró dos hectáreas de terreno en el mes de junio. Rápidamente se pusieron manos a la obra para construir un zulo a cuatro metros de profundidad de cinco metros de ancho y 55 de largo. En su interior, 1.022 plantas de cannabis y todas las herramientas necesarias para seguir ampliando los metros de cultivo. La intención era crear una plantación de alto rendimiento que se mantuviera en el tiempo, con la que esperaban conseguir una producción de más de un millón de euros al año.

Una de las entradas a la mayor plantación de marihuana bajo tierra
Una de las entradas a la mayor plantación de marihuana bajo tierra | Policía Nacional

La operación fue iniciada a raíz de las investigaciones paralelas que emprendieron las comisarías de Ciudad Real y una de sus localidades, Alcázar de San Juan. Ambas apuntaban a la posible existencia de una nueva plantación de marihuana, de grandes dimensiones, que se había instalado en Toledo en el mes de agosto. Los investigadores localizaron esta finca en la que residía un clan familiar de origen rumano, en la que en principio no había evidencias visuales del cultivo ni ninguna construcción que pudieran albergar la plantación.

Lo habían ocultado muy bien, evitando ser descubiertos si un dron sobrevolaba los terrenos. Para ello utilizaban troncos y los propios árboles. Pese a la cantidad de generadores necesarios para tener aire acondicionado en todo el zulo, el ruido no fue en ningún momento un impedimento porque el vecino más cercano está a hectáreas de distancia de la finca. En cuanto a la luz, tampoco necesitaban generadores porque el terreno ya contaba con una vivienda y, para que las plantas crecieran más rápido, llegaron a realizar dos conexiones ilegales a la red pública. Fueron los indicios claros de que se habían realizado considerables movimientos de tierra en la finca lo que llevó a los investigadores a sospechar de que la plantación estaba en una construcción subterránea. Los agentes también detectaron un fuerte olor a marihuana. 

Cuando accedieron a la propiedad para realizar el registro, autorizado judicialmente, los agentes encontraron un orificio en el terreno, semioculto bajo cartones, palés de madera y cajas, a través del cual se accedía a una estancia creada para albergar un completo y sofisticado laboratorio para el cultivo intensivo de cannabis. Este habitáculo de 300 metros cuadrados estaba conectado con una segunda estancia en la que se estaba instalando la infraestructura necesaria para ampliar el laboratorio (y que conectaba con otra salida, situada en el otro extremo de la finca), que podría haber permitido una cosecha de entre 150 y 200 kilos de cogollos de marihuana.

Cuando los agentes accedieron al zulo encontraron que algunas de las plantas estaban ya listas para ser recolectadas. Trabajando en su mantenimiento había había tres personas, dos de ellos hermanos y el tercero, otro familiar. Vivían en la casa que había construida en el exterior, con piscina y jardín, cuyos muebles también habían sido robados. Los investigadores lo descubrieron al llegar al lugar una cuarta persona, el cabecilla de la organización, en una furgoneta amarilla que ya había sido denunciada por participar en robos. Precisamente el conductor era la persona que había comprado esta finca que, según fuentes de la investigación, podría haber llegado a costar unos 100.000 euros, extremo que todavía no ha sido confirmado.

En el zulo se encontró todo lo necesario para seguir ampliándolo
En el zulo se encontró todo lo necesario para seguir ampliándolo Policía Nacional

A raíz del hallazgo se procedió a la detención de cuatro varones, uno de ellos menor de edad, como presuntos autores de los delitos de tráfico de drogas y defraudación de fluido eléctrico. La sofisticada y costosa instalación, las medidas de seguridad adoptadas y la elevada cantidad de sustancia estupefaciente intervenida indican que la intención de los arrestados era dedicarse a la distribución de marihuana a gran escala.

Pero los delitos no acaban ahí. Durante el registro se hallaron en la finca  árboles, accesorios y mobiliario de jardín que fueron sustraídos entre el 5 y el 11 de julio de un mismo vivero de Toledo. Los hechos, que habían sido denunciados con anterioridad, estaban siendo investigados por la Comisaría Provincial de Toledo. El propietario del negocio comunicó que en aquellos días habían accedido en al menos tres ocasiones a las instalaciones del vivero y habían sustraído 500 árboles, macetas, mesas y bancos de piedra, una fuente y varios accesorios de jardín, todo ello valorado en 15.000 euros. Además, en la última de las incursiones que hicieron los delincuentes robaron numerosas piezas de la furgoneta de empresa, incluidas varias piezas de la carrocería. Las piezas fueron utilizadas para reparar la que utilizaba el clan familiar, que resultó ser de la misma marca y modelo que la del perjudicado.

Fuente