Parece que alguien se ha creído esas tontas leyendas urbanas que dicen que si se echan ciertas sustancias en el cultivo de cannabis, éste tendrá propiedades alucinógenas. Lo malo es que ese alguien es un periodista que ha escrito un artículo que no hay por donde cogerlo. Si su objetivo era crear alarma entre los bienpensantes (un propósito bastante habitual), la verdad es que se ha lucido. Pasen y lean.

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«Se están produciendo manipulaciones genéticas en grandes cosechas de marihuana así como el abono de cannabis con alucinógenos para aumentar sus efectos». La alerta procede de Agustín Durán, psicólogo del Plan Municipal de Drogodependencias en Valencia. Los expertos han detectado estas prácticas cuyo objetivo es que cada calada de un porro ‘coloque’ más.
 
 
Las plantas se abonan con setas alucinógenas, LSD e incluso con productos químicos para conseguir una mayor cantidad de THC, el principio activo del cannabis que tiene más poder alucinógeno. «Se pretenden alcanzar niveles del 200% de THC cuando un canuto adulterado tiene entre un 50 y un 60%», apunta Durán. Esta manipulación se está haciendo para venta pero también para consumo propio. Los jóvenes obtienen las instrucciones y artilugios para manipular la marihuana por internet.
 
 
Las sustancias tratadas incrementan el riesgo de desarrollar un brote psicótico. «En breve te pueden dejar K.O.», asegura el psicólogo. En el centro municipal ya han llegado casos de jóvenes valencianos que presentan alucinaciones, delirios y paranoias por consumo de porros. Como el caso de un adolescente que asegura que escucha voces. O el de otro que cree que tiene micrófonos en la cama y ha acuchillado todo el colchón convencido de que hay aparatos en su somier.
 
 
«El consumo de porros es preocupante en los colegios y grave en los institutos. Influye en el fracaso escolar», alerta el experto. Y es que el cannabis afecta a la percepción, a la atención, a la concentración, a la memoria y a la motivación, «todos los procesos psicológicos que se necesitan en la escuela», apostilla Durán.
 
 
Así es. Los alumnos pierden el interés por aprender, se desconcentran en clase, no son capaces de atender las explicaciones y ven mermada su capacidad de memorizar. Y según los datos del Plan Nacional de Drogas, casi la mitad de estudiantes han probado alguna vez en su vida un canuto.
 
 
«Las drogas presentan factura», alerta el psicólogo a los jóvenes a los que atiende. Y así se lo hace saber a todos los chicos con adicción a sustancias tóxicas que pasan por su oficina. Y es que debido al efecto alucinógeno de la marihuana, también existe el riesgo de que el consumidor tenga problemas psicológicos serios, a veces, «irreversibles».
 
 
Además, la edad de inicio de consumo cada vez es más temprana. La de esta droga ya se sitúa en los 13 años. «El cerebro no acaba de desarrollarse hasta pasados los 20, con lo que cuánto antes empieces a consumir, más pronto te deterioras», afirma Durán.
 
 
El consumo de porros también está detrás de los comportamientos violentos que presentan muchos jóvenes hoy en día. «Tienen una agresividad que no es propia de la adolescencia sino consecuencia de las drogas», asegura.
 
 
Por ello, los expertos insisten en que todos los sectores de la sociedad deben implicarse. «Se cometió el error de que el cannabis era una droga blanda. Nos centramos en el tabaco y la marihuana es más peligrosa que el tabaco», asegura el psicólogo del Plan Municipal.
 
 
Los datos evidencian el problema del consumo de cannabis entre los jóvenes. En sólo un año las Unidades de Conductas Adictivas (UCAS) de la Comunitat Valenciana atendieron a 900 menores enganchados al consumo de cannabis. Lo más llamativo es que, en algunos casos, no superaban los 10 años de edad. Hasta allí también llegan niños de 12 años adictos a la cocaína. Y los expertos alertan de que esta problemática afecta a todas las clases sociales.
 
 
«Se nos está yendo de las manos. Todos tenemos que intervenir para atajar la situación. Esto es sólo la punta del icerberg, lo que se ve», advierte Durán.