Otra cochinilla muy común es “El piojo rojo de San José”, posiblemente la más famosa pues es la que ataca a más variedad de plantas distintas. Inverna y al llegar la primavera reanuda su actividad, alcanzando el estado adulto tras varias mudas. Los machos alcanzan el estado adulto antes que las hembras. Éstos se desprenden de su caparazón y van en busca de las hembras para la fecundación, tras lo cual fallecen. Las larvas resultantes buscan por la planta el sitio al que deben fijarse definitivamente y ahí es donde clavan su estilete. Ésta especie es mucho más inmóvil que las cochinillas acanaladas, de hecho su dispersión se produce por el movimiento de plantas afectadas, aunque también pero menos, por animales y por el viento.

El “El piojo rojo de California” tiene una coraza de forma circular. La larva es de color amarillo y muy móvil desplazándose por la superficie del vegetal hasta encontrar un lugar adecuado para fijarse. Inmediatamente comienza a formar la carcasa que irá aumentando de tamaño. La hembra ya desarrollada, presenta un escudo circular de unos 2 milímetros de diámetro y color pardo-rojizo. El caparazón del macho es alargado. Los adultos son alados, no se alimentan y su salida suele coincidir con un porcentaje elevado de hembras jóvenes. Produce tanto daños directos (la succión de savia causa un debilitamiento de la planta) como indirectos (depreciación de la cosecha a causa de la presencia de escamas). Para su control biológico contamos con el Aphytis chrysomphali (endémico) y Aphytis melinus. Son parasitoides y depredadores de las hembras de la cochinilla.

Otras de las cochinillas más conocidas es la “serpeta”. La hembra de la serpeta mide unos tres milímetros de longitud y un milímetro de ancho. Los huevos los sitúa debajo del caparazón de modo desordenado. Tiene tres generaciones: la primera en mayo-junio, la segunda entre finales de junio y principio de agosto y la tercera en noviembre. Como enemigo natural se usa el Aphytis lepidosaphes.

La “caparreta” es también conocida como cochinilla negra y se suele confundir con la serpeta. La hembra adulta es alargada con el dorso convexo. Inicialmente es marrón para ir oscureciéndose paulatinamente hasta quedar totalmente negra en el momento de la puesta. Están inmóviles, adheridas a la planta y producen una melaza. Tras la puesta los huevos quedan debajo de la hembra. Los machos son muy escasos y también tienen alas. Las primeras larvas aparecen en junio y las últimas a principios de agosto. Es muy parecida al adulto.

La “cochinilla algodonosa” es una de las plagas más difíciles de controlar. Su cuerpo está cubierto con melaza (excrecencias cerosas blancas) que la protegen de los tratamientos fitosanitarios en ocasiones. Una hembra pone de 300 a 500 huevos en una bolsa y después de la puesta la hembra muere. Las cochinillas jóvenes, que son muy móviles, se dispersan para encontrar un lugar para alimentarse, clavan su estilete y comienzan a succionar savia de la planta. Tiene tres estadíos de ninfas. Las cochinillas harinosas, como también se las conoce, causan el daño succionando la savia de la planta y la melaza que producen permite que muchos hongos se desarrollen fácilmente en ella. Aparte del amarilleamiento, defoliación y daño estético, también reducen el vigor de la planta y su valor estético. Sus machos son alados. Entre sus depredadores naturales destaca la mariquita Cryptolaemus montrouzieri y el himenóptero parásito Leptomastix dactylopii.

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Para todas las cochinillas el jabón potásico OLEATBIO ha demostrado una gran eficacia aplicándolo siempre como insecticida de contacto.

Otro de los grandes grupos de insectos que provoca daños importantes en nuestros cultivos son los ácaros. En líneas generales su cuerpo no presenta divisiones, de tamaño muy pequeño (algunos incluso son microscópicos), y cuerpo en forma ovalada. Presenta tres pares de patas en el estado larva y cuatro pares en el estado de adulto y ninfa, excepto los Eriófidos que presentan en todos sus estadios dos pares.

L. beckii parasitoide 1

Por su acción como plaga en los cultivos se dividen en los siguientes grupos:

–           Arañas blancas o “Tarsonémidos”

–           “Eriófidos”

–           Arañas rojas y pardas o “Tetraníquidos”

–           Las denominadas “falsas arañas rojas” o “Tenuipálpidos”

También están los ácaros que son depredadores y parasitadores, como es el caso de los “Fitoseidos” y los “Trombídios”.

 Los daños que provocan son numerosos y pueden clasificarse en:

Daños Mecánicos: son los provocados por el acto de alimentarse succionando la savia a las plantas, provocando una merma en el desarrollo del cultivo y unos daños en la zona de succión que se traducen en clorosis.

 Malformaciones: causados por “eriófidos” principalmente; deformación de las hojas provocando abolladuras, envejecimiento o “russeting”, enrollado de la hoja que sirve de protección y que consiguen pinchando en los nervios para encogerlos, hinchado de las yemas para poder meterse dentro consiguiendo que éstas no se desarrollen, abortos florales, etc…

Transmisión de virosis: No es muy común pero puede llegar a producirse por acción de los “eriófidos”.

 Ácaro blanco de invernadero: es un ácaro microscópico que no se aprecia a simple vista y cuyo ciclo biológico no supera las dos semanas. Está presente sobre todo durante la primavera y el verano. Presenta los cuatro estadios (huevo, larva, ninfa y adulto). La hembra es más grande que el macho y su par de patas más traseras son más alargadas que el resto. Sobre todo se encuentran en los brotes más jóvenes y provoca deformaciones en dichos brotes, ralentización en su crecimiento y una clorosis que finalmente pasa a una apariencia plateada. Necesita condiciones de humedad muy elevadas. Su control biológico no es fácil ya que no se conocen depredadores naturales muy eficaces y al no ser apreciables los individuos a simple vista, su sintomatología es el único indicador, y ésta se aprecia cuando los niveles de plaga son ya elevados. Quizás el tratamiento más recomendable es el uso de azufre, bien para espolvoreo o como polvo mojable, pero con la premisa de que a la hora de realizar otros tratamientos para otras plagas no deben quedar restos de éste producto sobre la planta, dado que el azufre es incompatible con casi todos los productos fitosanitarios, a menos que el fabricante no lo desaconseje. Tenemos la ventaja con ésta plaga de que aparece por focos por lo que tratando los puntos donde está presente conseguimos que no se extienda. Otros métodos de control son: eliminar restos de cultivos afectados en el pasado y malas hierbas, tratar estructuras relacionadas con el cultivo y suelo antes de realizar una nueva plantación, vigilar en los primeros momentos de desarrollo de la planta, pues es cuando los ataques son más fuertes y evitar excesivas humedades en torno al cultivo y desde que las detectemos aplicar productos de forma preventiva.

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acaro del fresón

Ácaro del fresón: Se le suele denominar también ácaro amarillo e incluso confundirlo con un “eriófido”. Es igual de pequeño que el ácaro blanco de los invernaderos y su sintomatología en la planta es idéntica a éste, con la peculiaridad de que ataca sólo a hojas centrales (que quedan totalmente atrofiadas) a diferencia del otro que ataca los brotes más tiernos. Su control es idéntico al anterior.

Los ácaros eriófidos son fitófagos muy específicos y al presentar tal cantidad de especies distintas es muy frecuente que aparezcan en cualquier tipo de cultivo. Nosotros veremos los dos más polífagos.

Ácaro “vasetes”: tienen el cuerpo redondeado de color blanco amarillento, microscópico y es muy estático. Las hembras ponen los huevos entre mayo y noviembre. Los daños se deben a la succión de savia y los síntomas que provocan son un bronceado primeramente en el tallo, luego en las hojas y por último en el fruto, siempre en sentido ascendente. Si las temperaturas son elevadas y la humedad es baja el desarrollo de la plaga es rápido y las hojas afectadas se secan muy rápidamente. Se desarrolla en focos y su dispersión es mecánica (gracias a las herramientas o el propio cultivador). Los métodos culturales para su control son:

            – no transportar la plaga de un lugar a otro del cultivo, evitando rozarse con las plantas afectadas o pisar en la zona del terreno próxima, a menos que se esté dando un tratamiento

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            – eliminar las plantas afectadas y quemarlas

            – dar los tratamientos con los primeros focos tratando también las infraestructuras del cultivo y el suelo próximos

Ácaro de las maravillas: Es el “eriofido” más famoso y el más raro. Recibe éste nombre por las formas que adquieren los frutos tras su ataque: dado que vive de los flujos vegetales que absorbe en las yemas florales y al producir picaduras el fruto resultante sale amorfo como consecuencia de las sucesivas clavadas del estilete. Los tratamientos indicados para la araña blanca funcionan bastante bien para estos eriófidos. También ha demostrado bastante eficacia el jabón potásico OLEATBIO pero sin combinarlo con azufre porque puede generar fitotoxicidades. En el caso de los “eriófidos” el uso del depredador “Fitoseidos” ha demostrado cierta eficacia.

Pero sin duda las más famosas y las más frecuentes en nuestros cultivos son las arañas rojas. La sintomatología es bastante clara; ataca las partes verdes donde, al clavar su estilete para succionar la savia, provoca unos puntitos cloróticos (amarillentos o pardos) en el haz de las hojas. Posteriormente se arrugan hacia dentro, se secan y caen. En el envés además de apreciarse las arañas se pueden ver sus telas. La actividad de las arañas rojas sobre nuestros cultivos disminuyen la fotosíntesis y la transpiración foliar. Si las plantas son de pequeño porte provoca un retraso en su crecimiento. Disminuye la producción y calidad de la misma y en casos extremos puede matar a la planta si el ataque en muy elevado. Destacan:

Panonychus o ácaro rojo de los frutales: Son de forma globosa y aparecen siempre acompañadas de una tela de araña que le sirve para sujetar sus huevos. Destacan dos tipos: el “Panonychus ulmi” es principalmente de verano ya que le beneficia mucho el calor y las bajas humedades y el “Panonychus citri” que por el contrario le afecta mucho el calor, por lo que es más frecuente en invierno y otoño.

Piojo rojo de California

Tetranychus o araña roja de los invernadero: Destaca sobre todas la “Tetranychus urticae” ya que es el ácaro más polífago. Le favorece clima seco y cálido, mientras que en ambiente húmedo no se desarrolla, por lo que es muy bueno para su control preventivo pulverizar con agua sola en épocas de calor. Provoca el aspecto clorótico y puntitos amarillentos o parduzcos característicos en las hojas y tallitos verdes; luego se arrugan hacia adentro, se secan y caen. No es muy frecuente el que se aprecien las telas. Los huevos son esféricos y de color blanco anaranjado. Las larvas tienen un cuerpo redondeado, blanquecino y poseen tres pares de patas. Entre este estadio y el de adulto están las “protoninfas” y “deutoninfas” que ya poseen los cuatro pares de patas. Las hembras adultas no llegan al milímetro de longitud y de color variable en función del clima, substrato y edad, pudiendo ser amarillentas, verdosas, rojas, con dos manchas oscuras situadas en los laterales del dorso. Los machos tienen el cuerpo más estrecho y puntiagudo, son de colores más claros y de tamaño inferior. Las hembras completan su ciclo vital en unos 20 a 28 días, mientras que los machos apenas llegan a los 14 días. La hembra fecundada pasa el invierno en diapausa (similar a la invernación) protegida en los restos de cosecha, cortezas, malas hierbas, en los palos o postes de los invernaderos, etc… En la primavera los adultos se trasladan a los cultivos y comienzan a realizar las puestas en el envés de las hojas. Las puestas se realizan sobre todo en las partes más elevadas de la planta y emplean sus telas para mantener sujetos a los huevos. También emplean los hilos para dispersarse hacia otras plantas y con la ayuda de corrientes de aire van moviéndose como en el “Tarzán” de las películas, cortando el hilo al llegar a su nuevo destino y evitando caer al suelo, porque si cayera moriría.

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Para el control de la araña roja es fundamental combinar técnicas culturales con el empleo de productos fitosanitarios naturales.

– Eliminar las malas hierbas, restos de poda y follajes de la planta

– Aplicar el abonado de forma equilibrada y sin derroche pues un exceso de nitrógeno favorece esta

– El uso de depredadores naturales es un buen complemento a la hora de planificar una correcta estrategia de control para ésta plaga. Destacan la acción depredadora que ejercen los ácaros “fitoseidos”, como el “Amblyseius californicus” y “Phytoseiulus persímilis”. También los depredadores del género “coleóptera” como “Suymus mediterraneus” y “Stehorus spp.” y los del género “Orius”.

– Utilizar mallas antiinsectos.

– En cultivos protegidos a la hora de aplicar un producto por vía foliar tratar también la estructura del habitáculo

– Vigilar los primeros estados de crecimiento de la planta, pues los ataques son más graves.

Entre los productos ecológicos a emplear os recomendamos el extracto de ajo ALIOSAN como repelente, el jabón potásico OLEATBIO como insecticida de contacto, el extracto de neem AIN como insecticida sistémico y el polvo de QUASIA AMARA.