Como ya hemos venido contando en numerosas ocasiones, ya que ha supuesto un enorme avance en el tema de la legalización, el año pasado Washington y Colorado legalizaron la marihuana para uso recreacional y se iniciaron gestiones para hacer que las autoridades estatales sean las responsables de regular su venta. En cuanto este sistema de regulación empiece a funcionar, comenzará a venderse marihuana, y de la misma manera que las bebidas alcohólicas, la marihuana incluirá etiquetas con información sobre su potencia y el nivel de nocividad para la salud, al igual que certificados de que cumple con las normas de calidad y seguridad.

Pues bien, a raíz de esta iniciativa, han surgido multitud de laboratorios donde la droga se somete a prueba para determinar distintos grados de pureza, potencia y toxicidad. De momento las autoridades no han determinado las reglas para realizar estas pruebas; será el gobernador John Kitzhaber el que promulgue la ley que autorice estas pruebas que garantizarán que la marihuana vendida en dispensarios no contenga pesticidas.

“Esto demuestra una transformación de las actitudes en este país hacia la marihuana”, dijo Mason Tvert, portavoz del Marijuana Policy Project. “Todo producto de consumo legal es regulado y vendido en un mercado de manera controlada. Y eso es lo que vamos a ver y lo que ya estamos comenzando a ver, que la marihuana es examinada ya sea para fines medicinales o simplemente para su consumo por parte de adultos”.

Incluso la realización de esas pruebas, aunque limitadas, es un avance para los pacientes, opinó el doctor Alan Bates, un senador estatal que votó a favor de la nueva ley y quien como médico ha recetado la droga para algunos de sus pacientes.

“Particularmente me preocupa que los pesticidas están siendo inhalados o ingeridos”, dijo Bates. “Debemos verlo como un tema médico. Si hubiera herbicidas o pesticidas en un medicamento normal, no sería algo bueno”.

A raíz de esta demanda, se ha engendrado toda una industria de exámenes de marihuana, junto con la construcción de laboratorios especiales y la redacción de leyes. Hay laboratorios ya en Oregón, Washington y Colorado, y las instalaciones necesitarán de certificados oficiales para poder realizar las pruebas.

“Una vez que todo esté certificado, las cifras estarán estandarizadas”, explicó Genifer Murray, directora ejecutiva de CannLabs en Denver. “Entonces una persona podrá elegir su laboratorio, en base al servicio al cliente u otro estándar, y las normas serán iguales para todos”.

Los directores de Analytical 360, un laboratorio de Seattle en que 10 personas realizan pruebas de marihuana para cultivadores y dispensarios en el área de Washington, saben que pronto tendrán competencia de California y están a punto de inaugurar una filial en Oregón.

“Es como el descubrimiento del oro, vendrá toda la competencia”, comentó Ed Stremlow, el director ejecutivo del laboratorio.

Añadió que Analytical 360 ya tiene una ventaja ante muchos rivales porque tiene la espectometría masiva, un proceso costoso y complicado capaz de detectar pesticidas e ingredientes activos en la marihuana — como el THC, el componente que produce la sensación estupefaciente — en su forma natural en vez de una forma químicamente alterada.

Será costosa la serie completa de exámenes, tanto así que le agregará 500 dólares al precio de un paquete de 5 libras (2,27 kilos) de marihuana, que actualmente es de entre 1.500 y 3.500 dólares la libra, expresó.

Las nuevas normas además permitirán seguirle el rastro a cualquier contaminación de la droga, tal como hoy en día ocurre con la comida.

Murray opinó que Oregón hace mal al no someter la marihuana a prueba por potencia, especialmente cuando se trata de formas comestibles como en las galletas o pastelitos. En Colorado y Washington, la marihuana lleva etiquetas con la concentración de los distintos ingredientes.

“Si se trata de medicina, hay que establecer la dosis”, enfatizó Murray. “Uno no puede decir, simplemente, fuma un poco cada tantas horas. Uno no se va a morir de ingerir cannabis, pero si se ingiere demasiado, uno podría sentirse como si se está muriendo”.

Escrito por César Padial

 

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