© Íñigo Montoya de Guzmán

 Durante la primera semana de este mes de Abril se celebra por parte de los cristianos la Semana Santa en el que se conmemora la Pasión, la Muerte y Resurrección de Jesucristo. La Semana Santa nunca sucede en los mismos días del año, la Pascua de Resurrección es el domingo siguiente a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera. Por ello puede ocurrir no antes del 22 de marzo y el 25 de abril como muy tarde.

Escribir que algún tipo de sustancia “adictiva” tenga relación con Jesús sería motivo de sacrilegio para unos (los católicos) y de mofa para otros (como se enteren Juan y Damián los del Kiosko del Hormiguero me van a dar “pal pelo”). Pero todos sabemos que existe la consagración del vino.

La teoría de Chris Bennett

Lo que os voy a contar ahora no es nuevo. Existen autores que afirman que Jesucristo consumía marihuana. El principal autor de esta teoría es Chris Bennett que lo publicó en la revista cannábica norteamericana High Times en junio del año 2002. Su teoría se basaba principalmente en la utilización de un aceite de unción cuyos ingredientes aparecen mencionados en uno de los libros de la Biblia, el Éxodo (30:22-23). Uno de esos ingredientes es el kaneh-bosem, en hebreo QNHBSHM (ם ש ב ה ו ע) y traducido al español como “caña olorosa”. Los antiguos judíos utilizaban este aceite enteogénico potente para ungir a reyes. Éstos eran “poseídos” por el espíritu del Señor.

Bennett afirma que Jesucristo utilizó este aceite para bautizar a sus discípulos, para curar a los enfermos, para expulsar a los demonios (curar a los epilépticos), a los enfermos de la piel, a los enfermos de los ojos, a las mujeres con problemas mestruales, a los lisiados, etc… La principal rama cristiana que utilizaba este aceite de unción eran los gnósticos. Pero todos sabemos que los que finalmente consiguieron el poder fueron los católicos que eliminaron esta práctica. Bennett analiza una serie de documentos gnósticos en donde el aceite de unción juega un cariz principal.

Quizás en otros artículos podamos tirar del hilo sobre este aceite de unción o sobre los evangelios gnósticos. Quien sienta un impulso irrefrenable está en mi obra La Biblia y el Cannabis pero esta vez nos vamos a centrar en dos momentos que se conmemoran en la Semana Santa: La Última Cena y la Crucifixión.

La Última Cena

El investigador A.N. Wilson escribe que la eucaristía tiene “un recio sabor a cultos mistéricos del Mediterráneo, y muy poco en común con el judaísmo”; para él la Última Cena fue una invención de los evangelistas. Para Desmond Stewart el pan y el vino son elementos de la hospitalidad cotidiana que sin embargo marcan la culminación del simbolismo de Osiris, Adonis y Dionisio. Este rito ya era una práctica común de las principales escuelas mistéricas que rendían culto a un dios que muere y luego resucita, como son Dioniso, Tammuz, Osiris o Mitra. En todos estos casos se entendía que era un camino para hacerse uno con el dios y alcanzar la elevación espiritual.

Comiendo el pan y bebiendo el vino los discípulos toman, de forma simbólica, el cuerpo y la sangre de Cristo. Esta idea de comulgar con la divinidad comiéndola es un rito antiguo de diversas religiones, por ejemplo se encuentra en el Libro de los Muertos de los egipcios o los iniciados en los mitos de Atis. También descubrimos que en la antigua Grecia en los ritos mistéricos en los que los iniciados comulgaban místicamente con la divinidad comiendo, de forma simbólica, el cuerpo de los dioses (Freke y Gandy, 2004: 344).

En los cultos a Mitra se usaba pan consagrado y agua mezclada con un jugo embriagador de una planta psicodélica llamada haoma. Posteriormente se sustituyó el haoma, ya que era costoso encontrarlo, por el vino. Lo que se intenta es llegar a ser uno con la divinidad. El objetivo de toda mística y de toda iniciación consiste en alcanzar esta comprensión inmediata y total, que implica la fusión del Yo superior con la conciencia cósmica en un solo ser. Lucas 22:14-30 y Juan 13:1-36 escriben sobre el misterio de la eucaristía ¿Es que a parte de vino existían otras sustancias?

La crucifixión

Todo parece indicar que fue la proclamación de Jesús como rey, la que condujo a su ejecución como enemigo de Roma. Para Lynn Picknett y Clive Prince Jesús se sometió voluntariamente a la crucifixión pero no para el perdón de los pecados de los hombres como dicen los cristianos sino para realizar en vivo el mito de Osiris de muerte y resurrección simbólica. Para otros Jesús fue el “chivo expiatorio” que cargó, simbólicamente con los pecados de los demás y fue ejecutado, al igual que Osiris-Dioniso. Porque ¿Murió Jesús en la cruz? Algunos creen que no, como en el Corán y en algunos evangelios gnósticos. Se piensa que fue descolgado vivo y que la resurrección consistió en curarle las heridas.

Se comenta en la obra de Chris Bennett una historia curiosa en la que Jesús cuando estaba en la cruz se le dio una bebida parecida al bhang, una bebida hecha con cannabis. Según este autor fue en el momento en el que Jesús estaba muerto de sed en la cruz y pidió agua y en aquel momento un soldado empapó una esponja en “vinagre” y la alzó para remojar los labios resecos del condenado. Jesús estuvo poco tiempo crucificado, unas cuatro horas, cuando lo normal eran días, y los romanos lo dejaran descender, esto acabó con la vida pública de Jesús y vivió como un hombre más (Bennett, 2001) (Olmo, 2003: 101). Otros investigadores opinan que el “vinagre” contenía opio o ajenjo, más potente que el cannabis (Courtwright, 2002:60, 119) (Olmo, nº 64: 2003). Nicolai de Salermo en su Antidotario sugirió que fue mandrágora. La ingesta de una raíz de mandrágora cocida en vinagre puede dejar a una persona inconsciente durante varias horas; la corteza induce a un estado de desfallecimiento, acompañado de una notoria exhalación. La persona parece, así, muerta.

Pero también el cannabis, a grandes dosis, es un poderoso psicoactivo e hipnótico. En un estado cataléptico el cuerpo humano entra en un estado en el que todos los procesos de vida parecen acabar. La respiración y los latidos del corazón se retardan. Se inmovilizan los músculos que, a veces, pueda equivocarse con la muerte. Esto no es una invención, en 1950 Robert Anton Wilson, novelista estadounidense, se refirió a pruebas patrocinadas por el ejército de los EE.UU. en donde grandes dosis de THC, la principal sustancia psicoactiva del cannabis, dejaron a perros en hibernación o profundamente dormidos durante 8 días, una vez despiertos no mostraron síntomas algunos. El ejército norteamericano podría con esta medicina guardar a los soldados heridos sin dolores hasta que fuera posible la ayuda médica apropiada.

La hora de la muerte

Así los evangelistas no se ponen de acuerdo en la hora de la muerte de Jesús, ya que si hacemos caso a los datos que proporcionan nos encontraríamos con que permaneció colgado de la cruz unas seis horas. Lo más lógico es que optemos por un horario intermedio, de acuerdo a los estudios médicos, que lo dejarían en tres horas (Robbins, 2002:153) ¿Porqué tan poco tiempo cuando lo normal es que los crucificados estuvieran días? Pues como iba a comenzar el sábado, el día del Sabat, los ajusticiados no podían seguir en la cruz. Es posible que los romanos estuviesen sobornados y éstos hicieran la vista gorda. Además, era preciso que fuese ajusticiado por los judíos ya que, de haber sido culpable por los judíos, éstos le hubieran lapidado, y en estas condiciones no sería posible una muerte ficticia (Picknett y Prince, 2004: 363)

Ingredientes del oleo santo

El investigador Gardner sostiene la tesis de que el vino con vinagre, Mateo 27,34 y Juan 19,29; afirma que es vino mezclado con hiel, era vino mezclado con veneno de serpiente, una mezcla que, cuidadosamente elaborada, podía provocar “inconsciencia o muerte” (Gardner, 1999). El investigador hispano-germano Faber-Kaiser afirmaba que el contenido del famoso botijo con vinagre y hiel pudo servir de droga que provocase algo parecido a una muerte en el sujeto. Faber-Kaiser cita en su libro una treintena de libros de tradición india que “contiene una mención al Marham-I-Isa, con indicación de que este ungüento fue preparado para Jesús, para la cura de sus heridas”. E incluso a propósito de la creencia de la curación de estas llagas se cita un texto extraído de El Mito del Eterno Retorno, de Mircea Eliade: “Eres santa, verbena, porque creces en la tierra, pues primero te encontraron en el monte Calvario. Curaste a nuestro Redentor Jesucristo y cerraste sus heridas sangrantes…” (Fernández Bueno y Fernández Urresti, 2004: 60).

¿Es posible que Jesús sobreviviera a la crucifixión? Es la teoría del sindonólogo alemán Hans Naber, o también conocido con el sobrenombre de Kart Berna, que aportó pruebas al Vaticano de que Jesús no había muerto en la cruz. Afirmaba que las manchas de la tela del Santo Sudario eran de sangre fresca (no de un cadáver); esto significa que Jesús se recuperó de sus heridas (Porter, 2005: 134-135).

Antes de que se produjera la muerte de los tres condenados; a los dos ladrones se les rompieron las piernas para que se asfixiaran. Sin embargo a Jesús se le asestó una lanzada por un centurión romano, Longinos, le clavó su lanza en el costado, pero no se le rompieron las piernas. Pero es posible que existiera tal brebaje antes comentado como aparece en el Caballo de Troya, de J. J. Benítez, conforme a la costumbre judía, cuando antes de crucificarlo le intentaron ofrecer un brebaje que provocaba la insensibilidad (vino mezclado con mirra, hiel o vinagre; Salmos 69,22) para que no sufriera mucho en la futura crucifixión (Benítez, 1986: 421-426) que Jesús rechazó (Marcos 15,23; Mt 27:34) y no lo salvó de la muerte segura (Bogaert & Col. 1993: 1555).

Un aceite de unción de los muertos

También estaba la costumbre de ungir los cadáveres con aceite mezclado con aroma (Mc 16:1; Lc 23:56; Jn 19:39-40). En caso de luto se utilizaban aromas para embalsamar o ungir el cadáver. Jn 19:39, era una mezcla de mirra y áloes de unas cien libras (Jer 34:5; 2 Cro 16:14). Según Plutarco, también se envolvía en un lienzo y se ungía con mirra una representación de Osiris. También en los misterios de Adonis una imagen del cadáver del dios hombre era lavada, ungida con especias y envuelta en lino o lana (Freke y Gandy, 2004: 82). En contra de las costumbres y de prácticas judías, Jesús no fue lavado antes de amortajarle sino que le ungieron con grandes cantidades de unos bálsamos muy caros. Se trataba de curarlo después del tremendo suplicio que había padecido (Hopkins, Simmans y Wallace-Murphy, 2005: 217). En la Sábana Santa de Turín aparecen dichas sustancias y además aparece sangre, y los cadáveres no sangran. Es posible de Jesús descendiera vivo de la cruz. Es por ello porque la Iglesia católica quiere desacreditar la Sábana Santa de Turín porque esta pieza demuestra que Jesús estaba vivo cuando descendió de la cruz (Hopkins, Simmans y Wallace-Murphy, 2005: 212, 217) (Wilson, 1998: 8). Carmen Porter en La Sábana Santa apunta esta idea: “Las pruebas físicas de la imagen del Sudario muestran sin lugar a dudas que la víctima fue colocada sobre una gran cama blanda, y no sobre una lápida de piedra. Esto indica que la víctima estaba viva y que esperaban que se recuperara” (Porter, 2005).

Hubo otro personaje del Nuevo Testamento que permaneció muerto tres días, el amigo íntimo de Jesús, Lázaro. Él vive en sus carnes la experiencia de la iniciación: una “muerte”, un ritual en el interior de la Madre Tierra, y una resurrección. La fiesta del Heb-Seb egipcio, en un primer momento se suponía la muerte ritual del faraón, para lo cual se introducía en su sarcófago y se depositaba éste dentro de la pirámide. A partir de este instante comenzaba el duelo, que podía prolongarse durante días. Lo enigmático era que el faraón superaba con soltura ese entierro ritual sin dar señales de vida. Se ha especulado que consumían cierta droga que les mantenían en un estado similar a la catalepsia o a la hibernación. Luego “resucitaba”. Dicho rito es bastante antiguo, en el templo de Dendera se hallan referencias sobre la festividad que se remontan a los tiempos de los servidores de Horus (a la época predinástica) ¿Es posible que Jesús conociera dicho rito y lo pusiera en práctica? Para ello sólo lo debían conocer sus discípulos ocultos José de Arimatea, Nicodemo, Lázaro y María Magdalena. Así la resurrección de Jesús no fue física sino simbólica, lo mismo que su muerte. Otra opción es que Jesús muriera en realidad pero pareció interesar adornar el final de la vida de Jesús con el relato de su resurrección para equipararle a los dioses solares, como Osiris o Mitra.

Un proceso que debía llevar un tiempo (3 exactos días, al igual que la resurrección de Cristo), como toda iniciación, de modo que Jesús no cede a los mensajes de ayuda que le llegan desde Betania. Lázaro debía de superar la prueba por sí mismo. Lázaro, según algunos investigadores, sería cuñado de Jesús (casado con su hermana María) conocedor de los misterios del Señor. Este relato importante sólo aparece en el Evangelio de Juan mientras que en los otros tres no se menciona (aunque sí aparece en el Evangelio Secreto de Marcos). Este hecho explica por qué se censuraban unos hechos tan significativos, además suministraban pistas sobre la existencia de una enseñanza secreta reservada por Jesús a su círculo interior. En el Evangelio Secreto de Marcos deja claro que fue sólo un acto simbólico que señalaba la “muerte” del antiguo yo de Lázaro y su renacimiento como un ser espiritualmente más avanzado. El Sanedrín quería prenderle y darle muerte (Juan 12:10-11). El verdadero círculo iniciático de Jesús fue aquel que se mantuvo fiel hasta en los momentos de la crucifixión. Lázaro pudo ser el “discípulo amado” que aparece en la crucifixión y no Juan. Y podría haber sido Lázaro el que escribiera verdaderamente el evangelio de Juan.

Así vemos como los iniciados en los misterios se sometían a lo que Lucio Apuleyo llamaba la “muerte voluntaria” de la cual renacían espiritualmente. Al igual que Jesús promete a sus seguidores la oportunidad de “volver a nacer”. Timothy Freke y Meter Gandy escriben: “Al morir para su yo interior, el iniciado en los misterios también da a luz su yo superior. Quizá por esto el hierofante, en los misterios eleusinos, bebía hiel, que se daba a las mujeres que estaban de parto, y también por ello se ofrecía hiel a Jesús en la cruz” (Freke y Gandy, 2004: 86).

 

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Bibliografía

  • Benítez J.J. (1986). Caballo de Troya, Círculo de Lectores, Barcelona
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  • Bennett, C y McQueen N. (2001). Sex, drugs, Violence and the Bible. Forbidden Fruit Publishing Company B.C.
  • Courtwright, D.T. (2002). Las drogas y la formación del mundo moderno. Breve historia de las sustancias adictivas. Paidós Contextos. Barcelona
  • Faber-Kaiser, A. (1976). Jesús vivió y murió en Cachemira. Editorial: A.T.E.
  • Fernández Bueno L. y Fernández Urresti, M. (2004) Las claves del código da Vinci. Ed. Nowtilus. Madrid.
  • Freke, T. y Gandy, P. (2004) Los misterios de Jesús. Círculo de Lectores. Barcelona
  • Hopkins, M.,Simmans, G. y Wallace-Murphy, T. (2005). Los hijos secretos del grial, Círculo de Lectores, Barcelona
  • Montoya de Guzmán, I (2006). La Biblia y el cannabis. Editorial Castellarte
  • Olmo, H. R. (2003). “Jesús anestesiado en la cruz”, Cáñamo nº 64, Barcelona (Abril)
  • Picknett, L. y Prince, C. (2004). La revelación de los templarios. Círculo de Lectores, Barcelona
  • Porter, C. (2005). La Sábana Santa. Círculo de Lectores. Barcelona
  • Robbins, V. (2003). Los textos bíblicos, Edimat Libros S.A. Madrid
  • Wilson, C. (1998). The Turín Shroud, Weidenfeld & Nicolson