En apenas seis meses, los agentes han desmantelado cuatro asociaciones en Madrid que traficaban con esta planta

 

La Policía Nacional tiene en su punto de mira a varios clubes de cannabis de Madrid que, burlando la legislación, se dedicaban a traficar con esta y otras drogas en distintos «formatos». Las intervenidas son entidades que, aunque aparecen en el registro de asociaciones del Ministerio del Interior, realmente enmascaran la venta de estupefacientes. En apenas seis meses, el CNP ha desmantelado tres de ellas, además de una cuarta a manos de los municipales. El último golpe lo asestó la comisaría de Hortaleza-Barajas hace apenas unos días, con la detención del secretario y tesorero del club y la aprehensión de distintas cantidades de sustancias ilegales listas para su distribución.

El número de grupos de este tipo en Madrid es fluctuante, aunque no muy grande, quizá no pasen de la veintena. De los más conocidos son los de Doctor Esquerdo y Paracuellos. Otro muy frecuentado se encontraba en Capitán Haya, aunque fue intervenido el pasado diciembre por la Policía Municipal. En Cataluña, sin embargo, hay alrededor de medio millar, con más de 150.000 socios. Eso no significa que en todos ellos se trafique con drogas, aunque la Policía está cada vez más pendiente de que cumplan la ley. El problema detectado es que se utiliza este «formato» legal para un consumo multitudinario y una venta a la calle de drogas, escurriéndose por la puerta de atrás de los límites legales permitidos. Es decir, que más allá de la actividad privada de un grupo cerrado y no grande de personas se trafica ilegalmente.

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En el barrio de Lavapiés se encuentra la Asociación Madrileña de Estudios sobre el Cannabis, que cobra a sus socios, todos mayores de edad, 20 euros al año «para mantener el local y organizar eventos», según explica la propia entidad, ubicada en la calle del Salitre. El pasado 14 de enero montaron la «XX Copa de Marihuana» en la casa okupa La Traba, donde anteriormente estaba el cine Candilejas.

Algunos de estos clubes se maquillan como «asociaciones culturales». Ese era el caso de Hortaleza Green, que se encontraba en la calle de Santa Susana, 27, y de donde la Policía Nacional se llevó arrestadas en junio a seis personas, además de incautarse de 2,5 kilos de marihuana. En diciembre, la misma comisaría entró en la Asociación Cultural de la Raíz Cuadrada y arrestó a tres individuos y confiscó 1,3 kilos de cannabis.

La semana pasada, le tocó el turno a Idiliq. Se «vendía» como «una asociación privada y sin ánimo de lucro en la que se pretende informar y atender las necesidades de todos sus socios, apoyando de manera especial y con grandes beneficios a los socios terapéuticos». Y añadía: «Disponemos de uno de los mejoras y más amplios menús de Madrid». P

Vigilancias

El club se encontraba en la calle de Soto Hidalgo, 24, en plena Alameda de Osuna (Barajas). Los investigadores llevaban tiempo tras la pista, con vigilancias e incluso relatos de propios clientes que reconocían que las sustancias que portaban al salir del establecimiento las habían comprado en él.

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«Se supone que lo que hacían, además de fumar porros, era organizar actos culturales, charlas, debates… Todo, entre los socios, como permite la legislación; pero, en realidad, lo que hacían era vender droga, lo cual es ilegal, lógicamente», relatan fuentes del caso.

La operación quedó judicializada y el instructor permitió la entrada y registro a la Policía Nacional y a la Municipal, que acabaron deteniendo al secretario y tesorero del Idiliq, David G. M., de 46 años. Se incautaron de 3 kilos de marihuana, uno de hachís y las diferentes composiciones de cannabis comentadas (crema, cristal y comestible). Todo estaba metido en tarteras, listo para la venta.

Este viernes, precisamente, el Tribunal Constitucional ha paralizado cautelarmente la ley autonómica al respecto del País Vasco. El Gobierno central recurrió el articulado de esa región al considerar que está invadiendo competencias estatales. De fondo, lo que se teme es que algunas Comunidades Autónomas vayan por su cuenta y sean más permisivas no sólo con el consumo, sino con la facilidad que tenga el ciudadano para acceder a esta droga.

El Supremo también sentenció en 2015 que era ilegal la distribución «discrecional» y no a demanda (autoconsumo) que se hace en numerosos clubes de cannabis. Más allá de una pequeña reunión de personas con un local propio para fumarlo o comerlo en sus distintas formas, se estaba cobrando (como se hace en la práctica totalidad) una cuota y creando plantaciones a media escala que solo tienen como finalidad lucrarse de lo que no debería considerarse un negocio.

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