Un artículo de auténtica ciencia-ficción que habla de una marihuana transgénica de gran efecto alucinógeno y que genera tremendos viajes. Después cita las consabidas falsas leyendas sobre los terribles peligros de la marihuana, e incluso una visión de carácter apocalíptico, pero esto es algo que ya conocemos…

Entre la adicción y la aversión a los porros de marihuana puede existir un único pitillo: un cigarrillo que, a la tercera calada, da lugar a una escena en la que el fumador se ve pero no se reconoce a sí mismo y observa que su cuerpo se ha desintegrado en pedacitos que deambulan por el comedor de su casa. «Yo me ví, realmente, viajando por los surcos de las huellas de mi mano», recuerda Alberto, de 21 años, cocinero. El susto, la ansiedad o incluso el pánico que dispara esa percepción alterada de la realidad

-auténticas crisis psicóticas, según alertan los psiquiatras- dan lugar, cada vez con más frecuencia, a que consumidores habituales de cannabis desarrollen una profunda repulsión por esa droga y busquen ayuda médica para deshabituarse. La edad predominante de quienes acuden en esas circunstancias a la unidad de toxicomanías del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, oscila entre los 18 y los 20 años; se iniciaron con el porro seis u ocho años antes, un consumo que ahora practican el 34% de los escolares catalanes. Pacientes con similar perfil acceden al área de toxicomanías de los hospitales de Vall d’Hebron, Bellvitge y el Mar.

De toda la sintomatología que experimentan los grandes consumidores de marihuana, el malestar que más ha aumentado desde hace unos cinco años son las crisis psicóticas, explica Antoni Tejero, psicólogo con 20 años de trayectoria en el área de toxicomanías del Sant Pau.

De esos brotes alucinatorios se puede salir -siguiendo un riguroso tratamiento con fármacos neurolépticos- o no salir, y quedar sumido en esporádicos episodios esquizoides cuya repercusión en la personalidad habrá que controlar durante años. «Es la secuela más grave del cannabis», asegura Tejero.

El resto de síntomas también dejan huella el resto de la vida, pero son menos evidentes: pérdida de memoria, dificultad para concentrar la mente en lecturas o cálculos que exigen atención y, lo que es más determinante en la trayectoria profesional del chico: una evidente falta de interés por cualquier actividad que requiera capacidad de iniciativa. «No son capaces de perseverar en nada, no emprenden, desarrollan ni acaban nada», describe Tejero. Un efecto fatal si el fumador tiene 12 años y pretende estudiar.

Si el consumo de marihuana se extendió en España hace más de 30 años, y sus fumadores -muchos viejos pasotas– se cuentan por miles, ¿a qué se debe ese aumento de síntomas psicóticos? «A la tendencia juvenil a cultivar la hierba en casa empleando semillas de marihuana transgénica -responde Tejero-. El perfil genético de esas simientes ha sido seleccionado a partir de la planta original para potenciar determinados efectos psicotrópicos, que se anuncian en su envoltorio».

Amplio catálogo

En las tiendas que la ofrecen en Barcelona, las grow shops presentes en numerosas ciudades españolas, es habitual encontrar un catálogo de marihuanas de efecto especializado: las hay más sedantes e inductoras de un sueño relajado, otras desinhiben de todo problema, y unas terceras potencian el carácter más alucinatorio de la planta del cannabis. «Estas últimas, las que favorecen y aumentan el viaje típico de la marihuana, se cultivan en casa y se fuman a voluntad, como el resto», reitera el psicólogo.

La deshabituación al cannabis se centró en el pasado en un tratamiento psicológico, y no farmacológico, ya que se consideraba que esta hierba no causaba dependencia física. El uso de fármacos neurolépticos para desactivar los síntomas del cannabis forma parte de una línea terapéutica nueva. Esas sustancias se reservaban tradicionalmente al tratamiento de enfermos de psicosis esquizofrénica.

El ‘gancho’ terapeútico

En la difusión incontrolada del cannabis han influido las múltiples noticias que anunciaron su efecto beneficioso en el tratamiento de las náuseas de enfermos de cáncer, o en la terapia de algunos síntomas de la esclerosis múltiple. Esas terapias, no obstante, se aplican bajo estricta prescripción médica y en comprimidos que contienen una dosis precisa de cannabis.

A los padres que sospechen que su hijo de 12 o 14 años fuma porros, los médicos les aconsejan vigilar sus ritmos de sueño, el rendimiento escolar y si el niño es capaz de iniciar y acabar alguna actividad que le cueste esfuerzo.

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