Por Alex Kafiristan desde Multaspordrogas.com

La adicción a una droga no surge mayoritariamente a consecuencia de la necesidad de tu cuerpo de seguir incorporando determinados sustancias químicas sino de la incapacidad del sujeto de conectar con los demás. Ésta es la conclusión a la que ha llegado el escritor y periodista británico Johann Hari en su libro Persiguiendo el grito-Los primeros y últimos días de la guerra contra las drogas. Para respaldarla Hari expone desde diferentes casos de estudio hasta vivencias experienciales como visitas a centros penitenciarios o entrevistas con gente de todas clases, incluido Pepe Mújica. Todo ello fruto de los tres años y medio que ha dedicado a investigar la adicción.

Experimentos con ratas

En los 80 se proyectó un anuncio en la televisión americana cuyo objeto era un experimento realizado con anterioridad muy famoso. En él se introducía a una rata a uin recinto con dos recipientes, uno con agua y otro con agua y heroína o cocaína. Durante las siguientes semanas la rata se obsesionaba con el que contenía la droga y bebía siempre de él hasta matarse. Sin embargo, ya en los años 70, un profesor de psicología en Vancouver, Bruce Alexander, cuestionó el experimento alegando que siempre se exponía a la droga a una rata en soledad. Para hacerlo diferente, él mismo construyó un recinto con ruedas, gran cantidad de comida, túneles y otros chismes de ratas y colocó allí un grupo amplio. Cuando expuso a las ratas a los dos recipientes de agua ninguna se volvió adicta al de la droga y ninguna murió.

Alexander siguió adelante con sus experimentos y expuso a una rata en soledad al test de los recipientes de agua para luego, tras 57 días de adición, introducirla en el recinto de las sanas (también expuestas al test de los recipientes de agua pero que rechazaban el que contenía droga). La rata yonki pasó un período duro de abstinencia pero se recuperó. Si hubiese seguido sola lo más probable es que hubiese muerto.

Vietnam y los hospitales

Podríamos argumentar que lo que funciona con ratas no tiene por qué funcionar con humanos. Johann Hari entonces relata varios casos de humanos que a pesar expuestos a largos períodos de adicción consiguieron dejarlo. Según un estudio publicado en los Archivos Generales de Psiquiatría de EE.UU., durante la Guerra de Vietnam alrededor de un 20% de los soldados en tierra se convirtieron en adictos a la heroína. Sin embargo, según el estudio, de los soldados adictos que volvieron a casa, el 95% simplemente lo dejó. Cambiaron su terrorífico recinto de la guerra por uno deseable en casa y lo dejaron.

Otro ejemplo que relata es el del tratamiento de larga duración con diamorphine (heroína) de accidentados y enfermos en hospitales. Según la teoría de que las sustancias químicas en las drogas son las causantes de la adicción, los pacientes sometidos a tratamientos largos con morfina deberían volverse yonkis, sobre todo si tenemos en cuenta que la morfina médica es mucho más pura que la de la calle ya que no está cortada. Pues no. Según el doctor canadiense Gabor Mate, la mayor parte de los pacientes no adquieren una adicción, en parte porque vuelven a un entorno feliz rodeados de gente a los que quieren y que les quieren, es decir, al recinto chulo de las ratas. El profesor Bruce Alexander argumenta que la adicción es una adaptación, no eres tú sino tu recinto.

El juego y el tabaco

¿Entonces las sustancias adictivas, los ganchos químicos, no tienen nada que ver? Pues en primer lugar, si consideramos por ejemplo el juego, los ludópatas se convierten en adictos sin que medie una sustancia química de por medio, al menos exógena. En segundo lugar, Johann Hari menciona otro supuesto que aparece en el libro de Richard De Gradnpre El culto a la farmacología. En los 90, con la comercialización de los parches de nicotina, muchos fumadores del mundo pensaron que se verían aliviados de su vicio, ya que estos les proporcionarían los químicos a los que sus cuerpos estaban enganchados. Sin embargo, como la Oficina General de Cirguía de EE.UU. confiesa en un estudio, tan solo el 17,7 % de los fumadores son capaces de dejar de fumar con parches. Por tanto, sí, los químicos como la nicotina son adictivos pero no son el mayor causante de la adicción.

La guerra contra las drogas

Hace 100 años que se prohibió la primera droga y desde entonces lo único que ha demostrado la guerra contra las drogas es que es muy cara para el contribuyente, que perjudica a los más débiles y que es ineficaz contra lo más fuertes. A fecha de septiembre de 2013, el 51% de los presos en cárceles federales de los EE.UU. cumplían condena por casos de posesión, tráfico y otros cargos relacionados con drogas. Podemos seguir como hasta ahora, llenando las cárceles de adictos y de pequeños traficantes o construir un sistema que deje de castigar y empiece a ayudar de verdad a estos ciudadanos.

El ser humano es un animal de vínculos, necesitamos conectar con otros y amar. Si no lo hacemos nos aislamos en nosotros mismos, nos evadimos y caemos en el riesgo de contraer una adicción. Si reprimimos a la población adicta, la aislamos y la castigamos lo que hacemos es aumentar las posibilidades de que esa persona siga siendo adicta. Según el profesor Peter Cohen deberíamos dejar de hablar de adicción y empezar a hablar de vinculación. Un adicto a la heroína creó un vínculo con la heroína porque no pudo conectar con otras personas de manera más fuerte. La cura de la adicción no es tanto estar sobrio sino establecer lazos fuertes con los demás.

Basado en el texto de Johann Hari para el Huffington Post.

Foto de portada de Ramón Llorensi (CC)

Fuente Multaspordrogas.com