Ahora que tenemos los conceptos un poco más claros vamos a profundizar más acerca del proceso que ocurre en la planta al ser polinizada.

Por Fabini de Caprius

Normalmente, la plantas machos suelen desarrollar sus flores con mayor rapidez que las hembras, motivo por el que tenemos que conservar el polen hasta el momento en que vaya a ser utilizado.

Se trata de la parte de la planta donde se conserva la información genética del individuo masculino y está contenido en los estambres de la su flor. El polen es un polvo muy ligero, que gracias a esta propiedad puede ser transportado por el aire y viajar distancias de kilómetros hasta encontrar un estigma hembra que polinizar. Como ocurre en casi todos los seres sexuales, la parte masculina suele ser móvil, mientras que la femenina suele estar directamente en la hembra, dependiendo totalmente del metabolismo de la madre.

En realidad, cuando llamamos polen a la resina de las flores femeninas estamos haciendo un mal uso del término ya que la hembra no contiene polen, sino que está recubierta de tricomas, la resina. Hago este apunte ya que este error es muy frecuente, incluso entre los que sabemos la diferencia.

Al ser la parte móvil, el polen puede ser almacenado para una fecundación posterior. Este factor es muy importante, ya que, como he dicho anteriormente, los individuos macho suelen florecer antes que los individuos hembra.

Pero, ¿cuánto tiempo puedo conservarlo y cómo se almacena el polen?

Hay muchas opiniones acerca del tiempo de almacenado: desde los 15 días hasta los 3 meses (o algo más dependiendo del cultivador). Pero realmente ¿cuánto podría llegar a durar el polen? El otro día hablando con mi amigo Joanet In- Dagga Pot, salió justamente el tema de la conservación del polen. Me estuvo contando un experimento que realizó hace tiempo con polen de San Fernando Valley Og Kush cedido por Garru de Kaos Seeds. Dicho experimento trataba de averiguar el máximo tiempo de viabilidad del polen. El experimento se realizó muy cuidadosamente, aunque en un congelador sin tecnología no frost. Según los resultados, cerca del año comenzó a perder viabilidad, produciendo menor número de semillas, y fue conservado hasta los dos años. Fue en este momento de la conservación cuando se volvió casi inviable, aunque aún se pudo utilizar para rescatar la genética.

“A los dos años el polen apenas conservaba su viabilidad. Costó un poco, pero aun así pude realizar un último cruce con resultado de unas pocas semillas.”

 Hay muchas formas de extraer el polen, pero para una crianza cannábica casera nos interesará guardar sólo una parte del polen que pueda producir el macho, dejando el resto desaprovechado.

La mejor forma es retirar de la planta las flores hayan abierto los sépalos, ponerlas en una placa de Petri y remover un poco hasta que suelte todo el polen de los estambres.

Una vez hayas extraído el polen, retira las flores de la placa de Petri y ponlo encima de papel absorbente. Tras algunos minutos se evaporará la humedad que pueda haber quedado. Introdúcelo en la placa de Petri, ciérrala y precíntala. Ahora solamente quedará ponerlo en el congelador para que se conserve a la espera de ser usado.

Ha llegado el momento de polinizar

El momento preciso para polinizar lo define cada variedad, ya que la planta debe alcanzar la madurez sexual para poder producir semillas en las mejores condiciones, así que estará en tu agudeza visual el definir el mejor momento. Tienes que prestar especial atención a la evolución de la flor hembra, concretamente a los estigmas que se encuentran encima del cáliz. El momento ideal es justo antes de que comiencen a deshidratarse, que es cuando pasan de ser blancos (en algunas variedades verde claro o rosados) a ser marrones y arrugados. Si polinizamos con un número muy elevado de estambres marrones obtendremos un menor número de semillas. Hay que tener en cuenta que el estambre es la parte reproductora del individuo femenino, y que éste debe ser fértil para poder llevar a cabo la fecundación. Obviamente, en las variedades índicas la polinización se deberá llevar a cabo antes que en las variedades sativas.

En este caso te voy a enseñar a hacer una polinización parcial de la planta, para que puedas aprovechar el resto para tu consumo. ¿A quién no le gusta fumar aunque sea un porro de su cultivo? Con este método podrás disfrutar de una parte de la cosecha.

Cuando las plantas hembra estén listas, retira el polen del congelador. Antes de quitar el precinto, debes tomar la precaución de esperar unos minutos para evitar la condensación que se puede producir con el cambio de temperatura.

Retira las plantas hembra del armario de una en una, según vayas haciendo las polinizaciones. Este trabajo se debe realizar en un cuarto aparte, libre de ventilación o aires que puedan esparcir el polen.

En este caso vamos a hacer una polinización parcial de la parte baja de la planta, así que daremos por hecho que ya hemos recogido la parte superior de la planta. Haz un cono de papel para envolver las flores bajas que quieras polinizar. Solamente haz uno y utilízalo en las distintas flores.

Ahora baña un pincel en el polen, intentando llevar a cabo el proceso muy cerca de la flor a polinizar para evitar que vuele el mínimo polen. Simplemente tienes que “pintar” con mucha suavidad los estambres de la flor para que el polen se quede enganchado en él y se produzca la polinización. Repite esta tarea planta por planta, y devuélvelas al armario de floración.

Si quieres obtener el mayor número de semillas posible y asegurarte una completa polinización de las partes bajas, puedes repetir esta acción pasados un par de días.

Ahora tendremos que esperar a que el ciclo natural de paso a nuestras semillas.

Cuando el polen toca el estambre, ocurre la polinización. En ese momento el material genético del padre se está uniendo al material genético de la madre. De esta manera se da paso a la formación de una semilla dentro del cáliz de la flor, cuyo tiempo de maduración dependerá del estado de nuestra madre.

Como habremos lavado las raíces previamente para poder consumir la parte alta de la planta, es muy importante recordar que en el momento de polinizar la parte restante, hay que aplicar un abono de floración un poco alto en nitrógeno.

Cuando la flor haya madurado completamente, verás que algunas de las semillas sobresalen un poco de algunos cálices. En ese momento ya puedes pasar a recolectar las semillas.

Una vez hayas recolectado las semillas deberás guardarlas en un ambiente seco y fresco, intentando que tengan la menor variación de condiciones ambientales posible. Este proceso de curado debe durar alrededor de unos dos meses, ya que de otra forma las semillas no germinarán correctamente (o no germinarán en absoluto).

Si has realizado tu cruce a partir de dos variedades puras, obtendrás un híbrido F1. Como expliqué en la primera parte de esta serie de artículos, esta generación tiene la propiedad de ser muy homogénea, y todas tendrán vigor híbrido. El vigor híbrido o Heterosis es la forma en que se denomina la propiedad de un híbrido para obtener características potenciadas. Es decir, los individuos de esta generación habrán heredado las mejores virtudes de sus parentales ascendentes.

De dicha descendencia, vamos a poder observar que su fenotipo es homogéneo. Lo que significa que si todos los individuos se someten a una condición ambiental determinada y homogénea, expresarán su genotipo de la misma manera. Pero, si por el contrario, tomamos varios individuos y los sometemos a distintas condiciones ambientales y de estrés, veremos que cada una puede expresar el genotipo de una forma distinta, o lo que es lo mismo, serán distintos fenotipos.

El fenotipo es la expresión del genotipo según las condiciones ambientales. Es muy importante no confundirlos entre sí.

 Como decía, este es solamente el primer paso para obtener nuestro híbrido. ¿Recuerdas las leyes de Mendel de las que hablaba en la primera parte de esta serie? Pues bien, en la segunda generación la cosa se complicará un poco. Recuerda que en la segunda descendencia comenzarán a mostrarse genotipos alternados, obteniendo así 4 genotipos distintos. Cada uno habrá heredado distintos rasgos de los progenitores y solamente el cultivador puede seleccionar los mejores para su posterior reproducción. Recuerda que para poder ver correctamente los distintos genotipos deberás someter todas las plantas a las mismas condiciones climáticas y de luz, para que se manifiesten el menor número de fenotipos.

Seleccionar una planta hembra es muy sencillo, ya que simplemente se debe observar las características deseadas de cada ejemplar, que normalmente son perceptibles con nuestros sentidos. En el caso de la selección de los ejemplares masculinos la cosa se complica un poco, y es ahí donde solamente el tiempo nos puede ayudar.

 En los ejemplares masculinos, la calidad de su genética será definida por su descendencia, ya que solamente podemos observar cuatro rasgos de importancia a simple vista: su resistencia al hermafroditismo, el vigor, la estatura que tiene durante su desarrollo y el tiempo de maduración de los racimos de flores.

Obviamente, a simple vista se puede notar diferencias de producción y estructura de los racimos entre los distintos individuos, sin embargo la potencia, el sabor, el olor de la resina y su producción solamente serán realmente observables a través de su descendencia.

Así que seleccionar un macho que cumpla tus expectativas correctamente dependerá del esfuerzo que hagas en realizar el mismo cruce con distintos machos. En mi caso, antes de avanzar a seleccionar la segunda descendencia, prefiero realizar bastantes pruebas con la primera, a fin de encontrar aquellos ejemplares macho que den la descendencia más acorde a mis exigencias, pero esto ya depende del tiempo que cada cultivador quiera invertir en la selección de sus ejemplares.

Cuando hayan pasado cuatro generaciones o más, si los procesos de selección se han realizado correctamente, la variedad comenzará a ser bastante estable, y el genotipo elegido debería manifestarse en el mayor número de ejemplares. Cuantas más generaciones realicemos, más estable será nuestra variedad.

Quizás te estés preguntando qué ocurre si quieres obtener semillas feminizadas. En este caso mi consejo es que primero trabajes con una variedad regular y la estabilices lo máximo posible. Una vez notes que el fenotipo marca un solo genotipo ya es momento de pasar al proceso de feminizado, cruzando a una planta hembra de tu propia variedad con ella misma. De esta forma estamos asegurando una descendencia S1 (cuando una planta es auto polinizada hablamos de híbridos sintéticos) muy homogénea. Si se han seleccionado correctamente los ejemplares, y se ha sometido a algo de estrés lumínico a las plantas, se habrán eliminado casi por completo aquellos ejemplares que pudieran ser débiles frente al hermafroditismo, logrando que la descendencia feminizada S1 no contenga síntomas de hermafroditismo.

Todo el proceso de feminizado (y lo que ocurre en la planta) lo explicaré más adelante en un artículo donde hablaremos de ello concretamente, ya que hay muchos factores a tener en cuenta cuando se empieza a crear descendencias feminizadas.

Por el momento es mejor que comiences con una crianza cannábica tradicional a partir de ejemplares macho y hembra.

Hasta aquí la serie de artículos sobre la crianza cannábica casera. Con esta información ya tienes las bases para adentrarte en este apasionante mundo con la creación de tu propia variedad. No dejes de informarte acerca de la crianza cannábica, ya que siempre se realizan nuevos descubrimientos en el campo. Esta guía que te brindo es solamente un mero índice a seguir a la hora de realizar un cruce, pero puedes ampliar toda esta información a través de Internet.

Si tienes dudas, también puedes plantearlas a nuestro consultorio escribiendo a consultorio@cannabismagazine.es y Neal C. Barroughs estará encantado de responder a tus consultas. Recuerda adjuntar toda la información posible y ser lo más preciso que puedas en la descripción y formulación de las preguntas.

Gracias a los que me habéis dejado mencionar vuestros estudios. Buenos humos.