El problema no está en el barrio rojo de Ámsterdam o en las grandes ciudades como Rotterdam o Utrecht, sino en las pequeñas localidades fronterizas como Maastricht. Aparcar y circular por esta ciudad es muy complicado. Sus habitantes se quejan de los extranjeros que cada día visitan la ciudad solo en busca de cannabis, y el Tribunal de la UE apoya la restricción del acceso a los ‘coffee shops’.

El concepto coffee-shop nos traslada directos a Holanda, el país europeo por excelencia para el consumo legal de cannabis. Pero la sociedad holandesa parece no estar del todo de acuerdo con esta idea, la cuestión de la que se habla ahora es: ¿deben entrar los turistas en los coffee-shops?

“Se trata de un tipo de discriminación”, explica Nicole Maalste. Esta socióloga trabaja en la Universidad de Tilburg (Holanda) y lleva más de veinte años estudiando los efectos sociales del cannabis. Maalste duda sobre la legalidad de la norma que plantea el nuevo Gobierno holandés.

Pero el Tribunal de Justicia de la UE ha emitido hoy una sentencia en la que respalda la iniciativa del municipio holandés de Maastricht de prohibir el acceso a los coffee shops a los no residentes en Holanda, con el fin de luchar contra el “turismo de la droga”. La corte de Luxemburgo considera que los principios comunitarios de libre circulación y no discriminación no se pueden aplicar a comercios especializados en la venta de sustancias estupefacientes, según ha explicado el Tribunal en un comunicado.

En julio de 2010, este órgano europeo ya tomó una decisión prejudicial. “La medida no está comprendida en el ámbito de la libre prestación de servicios a la que se refiere el artículo 56 del TFUE [Tratado de Funcionamiento de la UE]”, detalló el abogado general Yves Bot.

Maastricht es una población fronteriza con Bélgica y está también muy cerca del límite con Alemania. Muchas de las ciudades que se establecen al sur del país tienen numerosos coffee-shops destinados a turistas, explica Maalste, “y a muchos no les gusta”.

“El problema es el aparacamiento”

No parece que se trate de un tema de imagen internacional. En Ámsterdam hay más de 200 coffee-shops, y muchos son para turistas. Sin embargo, el problema no está en la capital, “allí los turistas también van al Museo Van Gogh”, dice Maalste.

Nada que ver con Maastricht, donde todo los coffee-shops se encuentran en el centro “y no tienen una infraestructura adecuada”. En 2008, más de dos millones de turistas gastaron 140 millones de euros en la ciudad, detalla Marc Josemans, director de la Asociación Oficial de Coffee-shops de Maastricht (VOCM).

“El sector también mantiene 1.600 empleos fijos en la ciudad, así que económicamente es muy bueno”, dice Josemans. “La prohibición no nos ayudaría, pero sí a las organizaciones criminales”, opina el director y portavoz de la VOCM.

Maalste coincide en la idea, si se prohíben “se creará un mercado ilegal mayor o habrá gente que salga de los bares para venderlo en la calle”.

Dos tipos de turismo en Holanda

En Holanda “podemos diferenciar entre los turistas que hacen todo tipo de actividades y los que solo van a Holanda a comprar o consumir cannabis”, desarrolla la socióloga. Maalste apunta a otro problema: los drugrunners, un tipo de relaciones públicas clandestinos.

Estas personas atraen a los turistas para que entren en los coffee-shops ilegales, en los que también se dispensan otras drogas. “La gente cree que estos drugrunners son turistas, y habría que diferenciar bien”, explica Maalste.

La VOCM publica un folleto en el que se detallan los riesgos que a los que se exponen los turistas en Maastricht. En él puedes encontrar información sobre cómo esquivar a estos drugrunners, el tratamiento que se debe hacer de los residuos o avisos sobre los posibles efectos adversos del cannabis.

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