De unos años a esta parte ha incrementado el uso de algunos medicamentos como droga entre una gran parte de los jóvenes. Son baratos, de fácil acceso y ‘colocan’ como cualquier otra droga por sus componentes como el dextrometorfano , el alprazolam, la benzodiacepina, el metilfenidato o la codeína.

Los jóvenes buscan sustancias que tengan efectos euforizantes, alucinatorios o relajantes, y las encuentran en el botiquín de casa o en la farmacia por un módico precio y sin receta. En los últimos años el consumo de jarabe para la tos ha aumentado entre los adolescentes. Estados Unidos fue el primer país en darse cuenta de un fenómeno que se ha extendido a otros países desarrollados.

Si en otros  lugares del planeta el pegamento o el tipex es la salida más fácil que tienen niños y jóvenes para evadirse de la realidad, en el llamado primer mundo los medicamentos más usuales, paradójicamente,  son los que cumplen con esta función.

Ya en los años setenta, y antes de que la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) reemplazara la codeína por el dextrometorfano como supresor de la tos, los jóvenes ingerían jarabe para el resfriado para lograr un efecto estimulante.

Pero el dextrometorfano cumple la misma función y los adolescentes siguen ingiriendo este tipo de medicamentos. Se consiguen con facilidad, son baratos y totalmente legales. Los expertos encuentra en internet una de las causas del aumento del consumo del de estas sustancias, así como su libre acceso en las farmacias.

Pero internet no es sólo un medio para acceder al medicamento, también se puede acceder a través de la red al dextrometorfano en polvo extraído del jarabe para la tos. Además en el ciberespacio hay páginas en las que enseñan a prepararlo o aconsejan cómo tomarlo.

En España, un fenómeno en auge

En España el fenómeno está en auge y desde el Observatorio de Medicamentos de Abuso y Uso Recreativo (OMA), creado por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, lo que más les llamó la atención y les impulsó a crear el Observatorio fue el hecho de que la gente fuera a las farmacias a pedir medicamentos con recetas falsas o muy interesados en determinados medicamentos, sin saber nada sobre su uso terapéutico.

Entre las que han denominado sustancias festivas y que los farmacéuticos más han notificado su abuso están la codeína, el metilfenidato y la benzodiacepina. La codeína es un antitusivo que en dosis elevadas se emplea como alucinógeno. El metilfenidato, empleado en niños hiperactivos, se utiliza como estimulante para aguantar horas de diversión. La benzodiacepina posee propiedades anti ansiedad y se utiliza en muchos casos para combatir el síndrome de abstinencia o para compensar la estimulación (en el caso de los consumidores de cocaína).

El dextrometorfano, un antitusígeno presente en algunos jarabes, el cual en posologías entre los 800 mg y 1200 mg, resulta alucinógeno. Según el OMA existen además compuestos que permiten a los jóvenes alargar el rendimiento, la euforia y el estado de vigilia, como el modafinilo o el metilfelinato. Según comenta desde el Observatorio, el consumo de estas sustancias podría estar dándose entre los jóvenes con problemas de drogodependencia y que quieren experimentar con nuevas sustancias que podrían estar más fácilmente a su alcance. De hecho, el dextrometorfano o la ketamina son sustancias calificadas como drogas de abuso.  La ketamina, un anestésico de veterinaria en desuso, puede producir, en dosis elevadas,  sensaciones alucinatorias, en las cuales el cuerpo se disocia de la mente, lo que se conoce como viaje con túnel luminoso al fondo.

Pero hay más. El cloruro de etilo, el spray anestésico usado por deportistas, que inhalado en altas dosis es estimulante; o el salbutamol, un broncodilatador, es utilizado como euforizante y desinhibitorio, buscando un efecto parecido al del tetrahidrocannabinol, es el componente activo principal del cannabis.

Según los datos arrojados por el OMA el 64,29% de los consumidores son hombres, mientras que un 35,71% son mujeres. El 66,67 % son españoles y el 46,10 % tiene entre 25 y 35 años. Y normalmente, en un 72% de los casos, se intenta obtener el fármaco sin prescripción.

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