Cada día son más las voces que están pidiendo incesantemente conversaciones a nivel mundial para reconsiderar la actual política de drogas, entre estas voces son las de economistas del prestigio de Milton Friedman, Gary Becker, George Schultz, Thomas Sowell y William Niskanen, y los ex presidentes Felipe González, César Gaviria, Henrique Cardoso y Ernesto Zedillo, escritores como Mario Vargas Llosa Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Carlos Fuentes, Antonio Escohotado, Fernando Savater, Rosa Montero, Manuel Vázquez Montalbán y el cantoautor Juan Manuel Serrat entre muchos otros.

Es un hecho, también denunciado por numerosas personalidades, que la actual política de “guerra contra las drogas” ha sido y es un completo fracaso. Se han demostrado que las aprehensiones de alijos y las detenciones de los narcotraficantes no son, ni de lejos, suficientes y que los daños a la seguridad y a la sociedad que inflingen los delincuentes son cada vez mayores. Las cifras más optimistas de aprensiones no sobrepasan el 20% de la producción, a pesar de la inmensa cantidad de dinero gastado en represión del narcotráfico en heroína se ha decomisado un 13 %, en cocaína un 28% y en cannabis un 25% del total de la producción.

En Méjico la situación se ha vuelto alarmante son ya casi 24.000 muertos desde 2006 los que ha ocasionado la guerra que sostiene el gobierno con los traficantes y también la que sostienen entre ellos. Son 10 los alcaldes asesinados en este año, cuatro en este mes de setiembre. Del pequeño delito se ha pasado a los grandes atentados, a mantener combates a tiro limpio con la fuerza pública y el ejército, a poner en jaque al Estado, condicionar la política democrática y a la muerte de numerosas personas inocentes y ajenas a este triste negocio. Todo ello sin tener en cuenta el enorme costo que para el Estado significa seguir manteniendo esta situación.

Otra cuestión a tener en cuenta es la cada vez más importante relación que existe entre el narcotráfico y los terroristas, el tráfico de armas y el tráfico de personas. Está totalmente demostrado que los talibanes en Afganistán y las FARC en Colombia se financian con el narcotráfico.

Con los paraísos fiscales y la globalización el narcotráfico está aumentando peligrosamente su poder económico y político día a día. Los beneficios en dinero negro que genera el narcotráfico son blanqueados totalmente gracias a los paraísos fiscales. En 2005 eran 73 paraísos fiscales, y casi todas ellos son países pequeños, micro estados. Las últimas investigaciones señalan que el tráfico de drogas genera aproximadamente unos 500.000 millones de dólares en todo el planeta, lo cual representa más de un 8% del comercio mundial convirtiéndolo en la segunda o tercera actividad económica mundial, detrás de la industria armamentista. Gracias a la globalización el narcotráfico se ha convertido en una autentica industria mundial. Este negocio no conoce fronteras ni nacionalidades y se gestionan actualmente como verdaderas multinacionales. El narcotráfico se ha convertido en un comercio que pone en circulación enormes cantidades de capitales, utiliza una fuerza de trabajo importante, medios de transporte, la corrupción y todas las formas de presión y de influencia. La globalización ha internacionalizado el narcotráfico poniendo en contacto a todas las mafias y organizaciones criminales de todo el mundo y los paraísos fiscales aseguran la impunidad y el blanqueo de dinero negro del crimen organizado, del narcotráfico, del terrorismo, del tráfico de armas, del tráfico de personas y de la corrupción en general.
La globalización contribuye a aumentar el consumo y el narcotráfico, el fenómeno de las drogas se mundializa y la globalización depende cada vez más de las drogas y todo lo que ésta última conlleva, produciendo una narcotización de la globalización.

Como consecuencia si el narcotráfico esta en la bolsa, en la deuda publica, en las multinacionales y, para más colmo, con la crisis ha entrado en la banca, es muy difícil que los países se decidan a sustituir la actual política de prohibición y castigo, a pesar de su fracaso, por otra más humana y efectiva y no parece una utopía que con el tiempo el narcotráfico sea el que dirija la economía internacional y consecuentemente la política si nadie le pone remedio.

Otro aspecto a considerar es la superpoblación de las cárceles. Según las últimas estadísticas que he encontrado, año 2007, de los 172.518 presos de las cárceles españolas el 5% lo eran por consumo es el 4’4 %. El mantenimiento en prisión de un preso cuesta 60 € diarios (total día 459 mil euros) con lo que el total año es de 185 millones de euros. Si a los detenidos por consumo les añadimos el número de presos, detenidos por otros delitos, que son usuarios del servicio de metadona las cifras anteriores las tendríamos que multiplicar por 200. Realmente deberíamos de añadirlas ya que aunque están presos por la comisión de otros delitos son habituales del PMM (programa de mantenimiento de metadona), o sea enfermos, en total serían unos 22 mil (482 millones) y si tomáramos como muestra el total de presos consumidores esta cifra volvería a multiplicarse. También los robos y asesinatos por el hecho de querer obtener droga disminuirían drásticamente o simplemente no se producirían lo cual también contribuiría a disminuir la población penal y consecuentemente los gastos que significan.

En Holanda El ministro de justicia Nebahat Albayrak anunció que se cerraran ocho prisiones debido a que no llena la capacidad de 14 mil personas que tiene su sistema penitenciario. Actualmente existen 12 mil presos en ese país que en los noventas tenía sobre ocupación. Si los adictos fueran realmente tratados como enfermos y no entraran en prisión podrían ser atendidos a la perfección, para que abandonaran el consumo, con los millones ahorrados en prisiones y sobrarían para dedicar a otros muchos fines sociales. Una de las razones de la disminución en el índice criminal parece tener que ver con la legalización de facto de algunas drogas, acompañado de una política educativa de prevención con respecto a sus usos y efectos.

Legalizar las drogas haría que la fabricación de dichas sustancias esté dentro de las regulaciones de un mercado legal. Bajo la prohibición, no existen controles de calidad ni venta de dosis estandarizadas y se producen muchas muertes por sobredosis o adulteración según un estudio del Cato Institute realizado por James Ostrowski, el 80% de las muertes relacionadas con drogas se deben a la falta de acceso a dosis estandarizadas. Con un control de calidad como tienen los productos legales se evitarían estas muertes.

Ante lo expuesto y la real evidencia del fracaso de la “guerra contra las drogas” y las innumerables demandas de reconducir la actual política se hace necesario y urgente a nivel mundial, de otra forma no funcionaria, una decisión de repensar esta política en busca de otra más efectiva. La legalización de las drogas no debe estar amparada por una política de libre venta y consumo sino que debería de ejercerse una de control y vigilancia de la producción, distribución, venta y consumo de todas las drogas adecuándose a cada una de ellas en función de su poder de adicción, efectos secundarios y peligrosidad, y una potenciación de las campañas de prevención, atención a los drogodependientes, disminución de riesgos y reducción de daños. Prevención dirigida principalmente a la juventud, los padres y educadores.

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