Parece que los defensores del relativismo moral tienen razón, al menos en lo que se refiere a la realidad social, siempre llena de intereses personales y corporativos. Cada uno defiende lo que le interesa. En este caso, quienes viven de “ayudar” a los considerados adictos no están de acuerdo con que se despenalice la marihuana. Dejamos al lector la tarea de completar el razonamiento.

Punto uno: la sociedad no está preparada para una legalización de la marihuana. Punto dos: esta medida podría asestarle un fuerte golpe al narcotráfico, pero eso no solucionaría otros problemas. Punto tres: sería incongruente cambiar la ley cuando se está persiguiendo el tabaco con más ahínco que nunca. Punto cuatro: dar vía libre al cannabis incrementaría el consumo y, con él, se dispararían los males de miles de personas y los costes sanitarios.

Aunque tienen más razones, estos son los cuatro pilares en los que se basan varias asociaciones de ayuda a drogadictos a las que este diario preguntó ayer si habría que legalizar la maría. «Las sustancias legales [alcohol y tabaco] son las más consumidas, por lo que legalizar la marihuana haría que más jóvenes accedieran a ella», afirmó Oriol Esculies, director de Proyecto Hombre en Catalunya. «Ante el riesgo, decimos no. Por ejemplo, no hay suficiente educación sobre los peligros. Hay mucha gente que no sabía que el cannabis puede causar problemas de atención, trastornos psicóticos, dañar las relaciones familiares…».

«No hemos hecho suficiente prevención ni formación», insistió la presidenta de la Federació Catalana d’Entitats d’Ajuda al Drogodependent, Felisa Pérez. En su opinión, la legalización de la marihuana sería ahora negativa. «En todo caso, se podría debatir una regulación [permitir el consumo con requisitos estrictos y no al libre albedrío del ciudadano], pero siempre que apostaran por ella todos los países; no sea que pase como en Holanda, que se plantea dejar entrar en los coffee shops solo a los holandeses porque muchos extranjeros van al país solo a fumar hachís».

UNA INCOHERENCIA / También la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción considera que «legalizar es potenciar el consumo», a la vez que juzga «incoherente» perseguir las drogas legales mientras se piensa en «dar cancha» al cannabis.

Menos quórum hay en los partidos políticos catalanes. Elecciones autonómicas a la vista, CiU evitó ayer pronunciarse, mientras que la diputada del PSC Caterina Mieras recordó que la marihuana ya es legal para uso terapéutico (en forma de pastillas y con receta médica) tras una proposición del Govern de Pasqual Maragall «firmada por todos los grupos», y aseguró que su partido «está abierto a hablar» de la legalización para uso lúdico, «aunque incluyéndola en un marco más amplio que englobe a todas las drogas y replanteándose el debate para tener en cuenta la nueva ley del tabaco».

Por su parte, Joan Ridao, portavoz de ERC en el Congreso, afirmó que «la marihuana se ha de legalizar. De hecho, el grupo parlamentario [IU-ICV-ERC] ha estado trabajando sobre este tema y es inminente que lleve al Congreso una iniciativa por la legalización». No es de extrañar, por tanto, lo que afirmó Joan Ramon Laporte, doctor experto en temas de salud adscrito como independiente a ICV: «Desde el punto de vista sanitario, se han demostrado propiedades terapéuticas del cannabis. Por otra parte, es necesaria una revisión de la legislación para que no se penalice al consumidor y para facilitar el autocultivo, lo que evitaría tener que recurrir al tráfico. Todo esto sin hacer apología del consumo de cannabis, aunque reconociendo que hay un consumo recreativo, como lo demuestra la realidad social».

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