Los integrantes de los clubes o asociaciones de usuarios de cannabis de Euskadi han mostrado su hartazgo por lo que consideran una situación “insostenible”. Por un lado, los jueces avalan con sentencias la legalidad de sus actividades y, por otro, sufren continuos controles por parte de cuerpos policiales que practican decomisos en sus instalaciones.

Por esta razón, su portavoz, Martín Barriuso ha reclamado al Parlamento Vasco un censo de las asociaciones cannabicas correctamente establecidas en la CAV y que se articule un protocolo para evitar intervenciones policiales inútiles.

Algo similar a lo ocurrido con Ganjazz ha sucedido en Vitoria con la asociación Cáñamo. Se incautaron plantas y se practicaron detenciones aunque la agrupación está legalmente establecida. ¿En qué situación se encuentra este proceso?

Pues no lo sabemos. Después del gran barullo mediático que se montó y de que nadie les tomara declaración ni en dependencias policiales ni ante el juez porque nadie les llevó a declarar a sede judicial, no se les ha imputado, no se sabe qué va a pasar con ellos y se encuentran en una especie de limbo legal. Ni están libres de sospecha ni están imputados. La sensación que tenemos es que las instituciones se miran de reojo unas a otras porque no saben qué hacer con todo esto.

¿Considera que lo ocurrido en Vitoria fue una maniobra de cara a los medios?

Sí, desde luego. Está clarísimo.

¿Sabían los agentes que estaban desmantelando un cultivo legal?

Lo supieron desde luego en el momento en el que llegaron a la nave en la que estaban las plantas. Los responsables de la asociación les explicaron que aquello pertenecía a una agrupación legalmente constituida y que estaba destinado al consumo de sus socios. Además, estamos hablando de una asociación cuya sede había sido visitada por invitación expresa de sus miembros por los responsables de la Policía Municipal de Vitoria.

¿La Policía Municipal conocía su existencia?

Sí. Les habían informado de su existencia y luego llegó otro cuerpo policial a intervenir. Metieron las cámaras en el cultivo omitiendo el detalle de que las plantas pertenecían a una asociación y luego ni siquiera se imputó a nadie ni se tomaron declaraciones. La conclusión a la que uno tiene que llegar es que se trata de una actuación meramente propagandística hecha a costa del derecho de la asociación y del derecho a la seguridad jurídica de un grupo de personas que estaban llevando a cabo acciones legales.

¿Cabría algún tipo de respuesta legal por parte de Cáñamo cuando se aclare todo este asunto?

Se podría pensar en emprender acciones legales para reclamar responsabilidad patrimonial de la Administración. En el caso de Ganjazz no prosperó, pero en el de Pannagh acabamos recuperando el cannabis, aunque a esas alturas ya no servía ni para encender la estufa. Estamos hablando de una marihuana que vale miles de euros y que es muy apreciada por los médicos de Osakidetza que todos los meses nos derivan pacientes.

¿Todos los meses os llegan pacientes derivados desde Osakidetza? ¿Legalmente derivados?

No, legalmente no. Siempre extraoficialmente porque no existe un protocolo ni nada. Los médicos son conscientes de que hay pacientes a los que el cannabis les va bien para tratar sus dolencias, pero no pueden prescribirlo, salvo a través de un mecanismo, que se llama uso compasivo, y que en la práctica nunca funciona porque todo son cortapisas.

¿De qué dolencias hablamos?

Dentro del uso compasivo, sólo se puede recetar para el caso de la esclerosis múltiple y como última alternativa terapéutica. Pero es que hay un montón de gente con cáncer en quimioterapia, con esclerosis múltiple que aún no ha pasado por todo el proceso, con fibromialgia y dolores de origen neuropático que encuentra alivio en la marihuana y que recibe, en muchos casos hasta por escrito, una recomendación de su médico que no puede hacer nada legalmente para ayudarle.

¿Llegan los pacientes con recomendaciones escritas a las asociaciones?

Escritas y firmadas por los médicos que antes se resistían a emplear marihuana. Ahora lo recomiendan, pero como no hay nada estipulado en este sentido, el enfermo se busca la vida en el mercado negro o, si tiene suerte, encuentra sitio dentro de una asociación. Nosotros creemos que esto no debe de ser así, pensamos que debe de haber una comunicación entre la asociación y los médicos y un control y un seguimiento por parte de esos médicos. Lo que no puede ser es que se quiten a pacientes de encima, nos los deriven y los tengamos que atender sin ninguna ayuda. Así como otras cosas que te receta el médico están subvencionadas, ésta se la paga el enfermo y da igual que sea pensionista o que no tenga recursos.

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