La extradición de un narco provoca disturbios en Kingston. Para unos, un traficante de drogas y armas, asesino y mafioso; para otros, un benefactor que paga el colegio de los niños pobres.

Christopher Dudus Coke es un capo jamaicano cuya posible extradición a EEUU ha hecho que numerosos de sus colaboradores, y también quienes le consideran una especie de Robin Hood que ayuda a los necesitados, salgan a la calle y se enfrenten con la policía a tiros en las calles de Kingston. Tres personas, de las que dos eran policías, han muerto en los disturbios.

La mecha que encendió la violencia la atizó a su pesar el primer ministro, Bruce Golding, al anunciar la semana pasada el comienzo del juicio para extraditar a Coke. La noticia provocó el estallido de violencia, que llegó a su grado máximo cuando los agentes intentaron detener al traficante de 41 años.

Entonces, grupos de hombres armados intentaron evitarlo atacando varias comisarías con bombas incendiarias; una de ellas ardió. Las calles en la zona de Tivoli Gardens en West Kingston, donde se cree que Coke está escondido, fueron incluso cerradas con barricadas, explicaron varios testigos a la agencia Reuters.

La situación degeneró tanto que el Gobierno de la isla decretó el domingo por la noche el estado de emergencia en dos distritos de la ciudad: West Kingston y St. Andrew.

La simpatía popular que despierta Coke se explica porque los líderes de las bandas armadas de Jamaica son también quienes se ocupan tradicionalmente de asistir a los más necesitados, construir escuelas, y pagar la educación de los niños cuyos padres no pueden permitírselo. De ahí que muchos jamaicanos le vean como un benefactor. Una visión idealizada que no comparte la Fiscalía de EEUU, que acusa a este traficante de liderar la banda Shower Posse, que estuvo detrás de los asesinatos de cientos de personas en los enfrentamientos entre bandas por el control del tráfico de la cocaína en los años ochenta.

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