Durante la Primera Guerra Mundial, varios grandes almacenes de Londres, incluido Harrod’s, vendían un kit de drogas para hacer más llevadero el combate a “nuestros amigos del frente”El “útil regalo” contenía heroína, cocaína y una jeringuilla, ingredientes y herramienta con los que los jóvenes soldados podían aliviarse del espanto de la llamada “Gran Guerra”.

Las novias de los soldados a menudo acudían a la estación de tren para despedir a sus parejas y les ofrendaban unos cuantos gramos de cocaína para amenizar su estancia en las trincheras. La venta y el consumo de estas drogas era habitual en aquella época en muchos países de Europa, donde se despachaba libremente en las farmacias. Uno de los medicamentos más populares en EE.UU. era el llamado Ryno’s Hay Fever, que contenía nada menos que un 99,9% de cocaína. Pura alita de mosca para tratar “el dolor o enrojecimiento de las fosas nasales”, según relata Volteface.

La Heroína -con letra mayúscula, pues era una marca registrada– se vendía en forma de gel. La droga había sido inventada por Heinrich Dreser, el químico jefe de Bayer, acreditado también por inventar la aspirina, y patentada en 1898.

A pesar de anunciar cocaína en sus páginas, el venerable diario ‘Times’, como la mayoría de los periódicos de la época, creó alarma al sugerir que el suministro de cocaína a los soldados inevitablemente socavaría la eficacia de combate del Ejército Británico:

«Para el, soldado sometido a una gran tensión y a un duro trabajo, la cocaína, una vez consumida, debe resultar una terrible tentación. Durante una hora, le aliviará su cansancio y su ansiedad, y le dará fuerza y vigor ficticios. Pero, finalmente, le hará inútil como soldado y como hombre».

El Daily Chronicle también contribuyó a fomentar la histeria en torno a la cocaína al informar, por ejemplo, que los soldados se arrastraban literalmente a las farmacias para conseguir la droga. Se informó a los lectores que el hábito «está volviendo locas a cientos de mujeres. Y lo que es peor, enloquecerá, a menos que se controle el tráfico de la misma, a cientos de soldados». Asimismo, informaba que las consecuencias del consumo de cocaína eran aterradoras, ya que los soldados enloquecidos se volvían agresivos, insubordinados y a veces incluso cometían asesinatos. Se sugería, en esencia, que las fuerzas armadas se sumirían en la confusión y la anarquía.

Te puede Interesar
La "guerra contra las drogas" de las Naciones Unidas es un fracaso

En los primeros meses de 1916 la policía confirmó que existía un mercado clandestino de cocaína bien organizado en Londres. Los traficantes de drogas del West End utilizaban prostitutas del Soho, conocidas popularmente como “chicas de la cocaína” para distribuir cocaína al personal militar. La prensa y la opinión pública relacionaron inmediatamente la cocaína con el sexo, el hedonismo, la decadencia moral y la subversión enemiga. Dado que en la imaginación popular las drogas eran clichés y se asociaban comúnmente con influencias extranjeras hostiles, se las describía fácilmente como un instrumento de guerra empleado por el enemigo intrigante para socavar el espíritu de Bretaña.

Con información de BBCVolteface y Quite Interesting.

Fuente