Veremos en este artículo el uso terapéutico del cannabis en los últimos años del siglo XIX. A partir de la segunda mitad del siglo XIX el cannabis entra sin ninguna reticencia por parte de las autoridades sanitarias en todas las farmacopeas europeas. Con esto finalizaremos los artículos anteriores dedicados a las propiedades medicinales de nuestra querida planta.

© Íñigo Montoya de Guzmán

Textos a favor y textos en contra

En 1891 el doctor J.B. Mattison instaba a los médicos a continuar utilizando cannabis ya que era un medicamento muy seguro. Analizó sus usos como analgésico e hipnótico. Hizo especial referencia a la dismenorrea, el reumatismo crónico, el asma y la úlcera gástrica, y añadía “ha demostrado ser un eficaz sustituto de la adormidera” en los adictos a la morfina. Uno de sus casos era un cirujano naval que durante nueve años se estuvo poniendo 10 gramos diarios de morfina subcutánea y se recuperó con menos de una docena de dosis de cannabis. Para Mattison el uso más importante del cannabis se encontraba en la curación de las jaquecas y también en su prevención. El informe Mattison afirmaba que los jóvenes médicos preferían utilizar la morfina en inyecciones hipodérmicas ya que estaban deseosos de obtener resultados rápidos pero olvidaban cuan fatales eran las consecuencias de un uso prolongado de opiáceos. Escribía: “Si se desea un efecto rápido, resulta tan fácil usar ese moderno dañador, la morfina hipodérmica, que ellos –los médicos jóvenes– se sienten inclinados a olvidar las consecuencias remotas de la descuidada administración de opiáceos. Querría que la sabiduría que conocieron sus padres en la profesión… les sirviera para mantenerse alejados de los escollos narcóticos, en los cuales ha naufragado más de un paciente. (…) Mi experiencia asevera esta declaración: el cannabis indica es un hipnótico y anodino seguro y exitoso.” (Mattison, 1891:266).

Pero también aparecen textos xenófobos en estas revistas científicas; por ejemplo en la revista “El Psiquiatra y Neurólogo” de 1893 aparece un artículo de Thomas Ireland titulado “La introducción del cannabis en la Guyana Británica” en el que tilda a los inmigrantes coolies de la India de exportadores del vicio de consumir ganja. Afirmaba que el cannabis era una droga muy perjudicial: “En la isla de Trinidad los efectos del cannabis eran tan flagrantes entre los coolíes que su cultivo y la venta fueron completamente prohibidos con multas caras”. Continuaba afirmando que el fumador habitual de cannabis era un mentiroso y, como los borrachines, al principio intentaba ocultar el hábito hasta cierto punto, aunque al final se descubría. Se ponían ociosos y descuidados, desatendiendo sus trabajos del campo, así como sus ganancias disminuían y su dieta era cada vez más escasa. Todo su dinero lo gastaban en ganja. Según Thomas los fumadores de ganja tenían un estado de melancolía crónica agravado con una pérdida de memoria. Afirmaba que el bhang producía un estado mental que correspondía al delirium tremens cuando el paciente era privado de la droga. El paciente consumidor de cannabis hablaba continuamente, atacaba a otras personas, mordía y destruía su ropa. Su piel se ponía caliente y seca. El paciente se volvía muy inquieto. Ireland cuenta el caso de un paciente fumador de ganja y opio que tenía brotes sicóticos y que era un asesino.

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Frente a este artículo podemos poner casos contrarios. En el British Medical Journal de 1883 encontramos el artículo de William Strange de la enfermería de Worcester que utiliza el cannabis contra la ansiedad, la depresión o la locura. Cuenta el caso de una mujer que sufría melancolía aguda y que le dijo al doctor: “Doctor, yo debo matar a mis niños. Envíeme a un manicomio”. Él contestó: “Si usted me promete no matarlos hasta que yo haya probado el efecto de una medicina en usted”. Ella se lo prometió. Utilizó un dracma de bromuro de potasio con la mitad de un dracma de tintura de cannabis, dos o tres veces al día, en quince días. Causó tanta mejoría y alegría que la paciente declaró que podía ver la ventana abierta sin el deseo irresistible de tirar a sus hijos por ella a la calle. La dosis usual de este doctor era de 20 a 30 gotas de tintura.

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Los problemas del cannabis frente a los nuevos medicamentos

Las ventajas del cannabis eran: 1º) El uso prolongado de cannabis no lleva al desarrollo de dependencia física. 2º) Se desarrolla una tolerancia mínima a los productos del cannabis. 3º) Los productos del cannabis tienen una toxicidad sumamente baja. 4º) El cannabis no produce ninguna perturbación en el funcionamiento vegetativo, considerando que los opiáceos inhiben el tracto gastrointestinal, el flujo de bilis y el reflejo de la tos.

El uso de cannabis como medicamento estaba ya en declive desde 1890. La aceptación del cannabis como medicina fue muy restringida por la clase médica británica y su utilización muy escasa. Las causas eran: 1º) Que el cannabis no tenía buenos controles de calidad, no existían lotes estandarizados de esta medicina (el THC de los preparados de cannabis era muy variable, no se controlaba la dosificación). 2º) No se conocían las dosis que se daban a los pacientes (o no les producían efecto o les provocaban una intoxicación no deseada), 3º) Las respuestas individuales al cannabis consumido de forma oral eran desiguales e imprevisibles y 4º) La invención de la jeringuilla hipodérmica hacia 1850 que permitía la inyección de drogas solubles en agua para un rápido alivio del dolor. Los productos del cannabis son insolubles en el agua y a consecuencia de esto no pueden ser fácilmente administrados por inyección. Además los efectos del cannabis ingerido no hacen efecto hasta transcurridos una hora en la digestión.

A finales del siglo XIX y con el desarrollo de drogas sintéticas como la aspirina, el hidrato de cloral y los barbitúricos que son químicamente más estables que el cannabis, y por consiguiente más fiables, aceleró la decadencia del cannabis como producto farmacéutico. Por todo esto el cannabis no fue tan usado por los ingleses como el opio.

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En busca del principio activo del cannabis

En la década de los noventa de este siglo un grupo de químicos de la Universidad de Cambrige (Madera, Spivey y Easterfield) tuvieron un relativo éxito consiguiendo un extracto puro de cannabis llamado “cannabinol”. Dos de los pioneros de este terreno, Easterfield y Spivey, mueren a causa de explosiones ocurridas en su laboratorio. Madera casi perece en las mismas circunstancias, ya que mientras trabajaba en el laboratorio, tomó un poco de cannabinol y perdió la conciencia; un compañero de laboratorio encendió algo y estalló el laboratorio con Madera dentro entre las llamas. Por suerte alguien fue a socorrerle recatándolo con vida.

Como antes señalábamos es a finales del siglo XIX cuando comienza a difundirse el empleo de medicamentos con una fórmula y un nombre comercial estable, obtenidos de modo industrial. También encontramos que el cannabis figuraba en su composición junto a otros agentes farmacológicos, como en algunos jarabes como el Jarabe Antinervioso de Corteza de Naranja amarga, Bromuro potásico y Hastchisch del Dr. Campá, Catedrático y decano de la facultad de Medicina de Valencia, o el Jarabe de Haschish Bromurado del Dr. Jimeno, elaborado por Punsola y Gavaldá, farmacéuticos de Barcelona y el Licor de Cáñamo Indiano de Queralt, también elaborado en la ciudad condal. O el licor Montecristi de haschisch, elaborado por Salvador Costa en Albal (Valencia), fabricado desde 1897 hasta 1976 (Matthews, 2002: 192-193).

Otra procedimiento ampliamente utilizado era en forma de cigarrillos para el tratamiento del asma y otras dolencias respiratorias: los Cigarrillos indios antiasmáticos de Cannabis índica de Grimault y Cía. “farmacéuticos en París de S.A.I. al príncipe Napoleón”, elaborados con “extractos de cáñamo índico de Bengala”, que poseían propiedades para combatir no sólo el “asma”, “la opresión” y la “sofocación”, sino también otras dolencias como “la tos nerviosa, el insomnio, la tisis laríngea, la ronquera, la extinción de la voz y las neuralgias faciales”. O en los Cigarrillos balsámicos antiasmáticos y en los Papeles del Dr. Andreu (realizados en Barcelona) para inhalaciones que, al menos hasta 1914, tuvieron también entre sus componentes el cannabis. Y el jarabe contra la tos Victor, de Victor Remedies Co.

Encontramos también testimonio de su empleo por su presencia en los catálogos españoles de principios activos que algunos laboratorios farmacéuticos internacionales (Burroughs Wellcome y Cia, Parke Davis & Co., Houdé…) durante las primeras décadas del siglo XX iniciaban su distribución comercial en España.

En 1896 nuevos productos hechos con cannabis salieron al mercado como cannabin, cannabindon, cannabine, cannabinon también en otras preparaciones como el Corn Collodium y Chlorodyne (un remedio para el dolor de estómago fabricado por la compañía Squibb que contenía también morfina) o en las Antineuralgic Pills de Brown Sequard. También existía cannabis en los preparados farmacéuticos de Dr. Brown Sedative Tablets (Las pastillas sedantes del Dr. Brown), Syrup Tolú Compound y Syrup Lobelia, “la cura de la tos en un día” (de Ely Lilly); Casadein, Veterinary Colic Mixture y Utroval (de Parker Davis) Ely Lilly y Parke Davis desarrollaron una planta muy potente de cannabis indica, a la que denominaron cannabis americana.

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cigarrillos de cannabis Grimault
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Más pruebas clínicas

Muchos psicólogos estadounidenses estaban interesados en los efectos del cannabis y lo probaron como James Mckeen Cattel (1860-1944) durante sus días de estudiante en la Universidad John Hopkins en Baltimore (1882-1883) otro psicólogo fue Edmund Burke Delabarre (1863-1945) director titular del laboratorio de psicología de la Universidad de Rhode Island que experimentó en 1893 y sus trabajos continuaron hasta 1931, en que el cannabis comenzó a ser la “asesina de la juventud” los estudios sobre el cannabis se cerraron. En 1897 (11 de noviembre) en un análisis realizado al hachís y publicado en el British Medical Journal, el Dr. W. Dixon informaba que:

“A partir de la observación frecuente del cáñamo, tanto objetiva como subjetivamente, puedo asegurar que resulta calmante y estimulante y que cuando se inhala se convierte en un estimulante cerebral muy valioso. Estoy convencido de que se trata de un agente terapéutico extraordinariamente útil, que no es probable que conduzca a abusos y que, en dosis adecuadas, no produce efectos secundarios adversos” (Dixon, 11 nov de 1897:1354-1357). Además leemos:

“Por lo tanto el cáñamo ejerce efectos distintos según los preparados que se utilicen… En los casos en que se desea un efecto inmediato, la droga debe de fumarse y los vapores han de pasar por agua. En cuanto a ataques de depresión, fatiga mental, dolor de cabeza y la fatiga desaparecen y el sujeto está en condiciones de reanudar su labor, pues se siente renovado y aliviado. También estoy convencido de que los resultados son maravillosos porque proporcionan resistencia y alteran la sensación de fatiga muscular que provoca cualquier esfuerzo físico agotador” (Dixon, 1897:1354-1357).

Como apunte mencionaremos que en 1898 la industria química alemana producía por primera vez la heroína; un derivado de la morfina parcialmente sintético. Fue considerado como un analgésico milagroso que se utilizará para curar la adicción a la morfina. En el siglo XX se convertirá por excelencia en “la droga”.

En 1899 Walter Dixon mostró en roedores las conclusiones a las que llegó anteriormente. Escribió además que el consumo de cannabis tomado de forma inhalada estaba en la misma categoría de drogas como el café, té o kola. No era peligroso su consumo y sus efectos no eran alarmantes y que su uso no llevaba a la adicción.

En el British Medical Journal (11 noviembre de 1899: 1354) aparece un artículo sobre la aplicación de cannabis en gatos y perros. La aplicación de tintura de cannabis por vía oral a gatos en la primera fase parece que los felinos se encuentren intranquilos y prefieren la oscuridad. Mientras que en los perros hay una excitación y ladran rabiosamente. En la siguiente fase los gatos parecen apáticos con sus constantes ronroneos, mientras que los perros aparecen en una postura dócil y afectuosa. En el andar son sumamente torpes. Finalmente hay una flaqueza en la contestación a todo tipo de estímulos y de una indiferencia general, incluso se le pueden pinchar con alfileres.

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Ese mismo año la revista Lancet publica las experiencias con el cannabis del Dr. Marshall. Tomó entre 0’1 y 0’5 de sustancia pura de cannabis. La sustancia tenía un sabor picante, aromático y ligeramente amargo y pasado un cierto tiempo tiene un ligero efecto anestésico en las membranas mucosas que recubren la lengua y la boca. Sintió sequedad de boca, aparentemente por viscosidad de la saliva. Le siguió un estado de parestesia y de debilidad en las piernas. Disminución de las facultades mentales y una tendencia a vagar sin rumbo a lo largo de la habitación. Incapacidad para fijar la atención en nada y ganas irresistibles de reírse (dolor de las mejillas a causa de la risa). Estados de tranquilidad y de alegría alternaban durante el tiempo de intoxicación. Ausencia de preocupaciones. Pérdida total del sentido temporal (el tiempo deja de existir, el tiempo parece como si se detuviera). Pérdida de memoria de las cosas que anteriormente ha realizado (Marshall, 1897: 235-238). Los compañeros de Marshall, al verlo llamaron a un médico pero tras tomar un café se fue a casa sin sufrir efectos adversos.

Hacia fines del siglo XIX es el propio desarrollo del capitalismo científico el que trae la aparición de las drogas psicoactivas que nacen en laboratorios químicos para potenciar su efecto, así, en probeta nacieron la morfina (1806), la cocaína (1860), y la heroína (1883). Esto trajo una feroz guerra comercial entre los poderosos laboratorios Merck de Alemania y Parke Davis de Estados Unidos, con el fin de incentivar el consumo de sus nuevos productos que ya se vendía en ampollas, jeringas, vinos y cigarrillos. A principios de siglo XX todas las drogas conocidas se encontraban disponibles en farmacias y la propaganda que acompañaba a estos productos es igualmente libre. Hay, sin duda, adictos al opio, la morfina y la heroína, pero el fenómeno en su conjunto (los usuarios moderados e inmoderados) apenas llaman la atención de periódicos o revistas, y nada la de jueces y policías. No es un asunto jurídico, político o de ética social.

Bibliografía

  • Dixon, W. E. (1897). “The pharmacology of cannabis indica” British Medical Journal, 11 de noviembre.
  • Marín Gutiérrez, I. (2003). Historia conocida o desconocida del cannabis. Megamultimedia. Málaga.
  • Marshall, C. R. (1897). “The active principle of Indian hemp: a preliminary communication” Lancet, Londres. Enero, 23
  • Matthews, P. (2002). La cultura del cannabis. Alianza Editorial, Madrid.
  • Mattison, J.B. (1891). “Cannabis indica as an Anodyne and Hypnotic” en St. Louis Medical Surgical Journal nº 61.