Tras el estudio publicado por la revista The Lancet, el catedrático de Farmacología en la Universidad Pompeu Fabra, Rafael Maldonado, analiza las adicciones en “A vivir que son dos días”.

Cuando se inicia una adicción se accionan en el cerebro unos “circuitos de recompensa”. Son circuitos que están preparados para ser activados por estímulos naturales. Sin embargo, cuando una droga incide directamente en estos circuitos, éstos se adaptan a la presencia de la droga y cambian su estabilidad. Éste es el comienzo del proceso adictivo. Y para que se activen los circuitos de recompensa se precisa la liberación de dopamina. Lo que hacen las drogas, apunta Rafael Maldonado, es “enseñar a su consumidor a tomarlas una y otra vez, adaptan el sistema de recompensa, así hablamos de una alteración en los niveles de dopamina en determinadas áreas cerebrales como factor de inicio y consolidación del proceso adictivo”.

Y como apunta Maldonado, “la causa del inicio de una adicción es la búsqueda del placer que genera la droga”. Hay tres pilares en los que se basa la adicción: la propia droga, la vulnerabilidad del individuo -genética y de personalidad- y los factores ambientales. Según Maldonado, “el riesgo reconvertirse en adicto es totalmente inherente e impredecible”, pues desconocemos nuestra vulnerabilidad individual y si vamos a desarrollar o no la enfermedad de la adicción.

Olvidar los recuerdos

Hay 23 millones de consumidores de cannabis en la Unión Europea, tantos, según el profesor, por dos factores importantísimos, porque es facilismo conseguirlo y porque su percepción del riesgo es mínima. Los jóvenes lo identifican como sustancia natural, usada con fines terapéuticos, pero su consumo recreativo da lugar a efectos perjudiciales como la alteración cognitiva. “El cannabis se encarga de que nos olvidemos de todos los recuerdos negativos que afectan a nuestras emociones…

El estudio de The Lancet

El estudio titulado “Drug harms in the UK: a multicriteria decision analysis”, elaborado para el Independent Scientific Committee on Drugs y publicado por la revista arbitrada The Lancet evalúa la peligrosidad de drogas legales e ilegales, teniendo en cuenta los daños que ocasionan a su consumidor y a terceras personas. Cada droga recibe una puntuación en una escala de 0 a 100. Así, mientras el alcohol recibe un 72, o la heroína un 55, las de menos puntos son el LSD, con un 7 o los hongos, con un 6.

Pero en esta clasificación ¿qué se supone que son los daños a terceros? Pues aspectos como accidentes de tráfico, episodios de violencia doméstica, tensiones familiares, malformaciones fetales, costes para el sistema sanitario o absentismo laboral.

El alcohol destaca como la droga que más accidentes causa; la que más deteriora la convivencia familiar; la que más daños provoca en la salud; y la que mayor coste económico tiene para la sociedad. También obtiene puntuaciones altas en otras categorías en que no ocupa el primer puesto, como el deterioro de relaciones personales o la merma de funciones cognitivas.

Fuente