© Isidro Marín Gutiérrez

Existe un auge del cultivo de cáñamo en naciones que son grandes potencias marineras: Gran Bretaña, Holanda, Francia, Italia y España. Siendo en alguno de estos países, en ciertas épocas, el primer cultivo nacional por delante de los agro-alimenticios. El cannabis se volvió una materia prima estratégica. Los estados más importantes necesitaban un suministro regular de cáñamo. Gran Bretaña, Holanda y Francia crecieron como potencias marítimas ya que tenían acceso a las rutas comerciales bálticas y un suministro más seguro de cáñamo. Los holandeses se adelantaron en la producción de fibra de cáñamo ya que tenían mejor tecnología. Los molinos de viento impulsados por velas de cáñamo, proporcionaban la fuerza para aplastar los tallos de las plantas de cáñamo. Lo que permitió a los holandeses producir grandes cantidades de cañamazo y de cuerda para su flota. En 1756 los holandeses agregaron ácido sulfúrico diluido al proceso de enriado, lavado, calentado y remojado; así recortaron a la mitad este proceso, que antes tardaba 6 meses. Pero Holanda tenía un problema, no podía cultivar en sus tierras todo el cáñamo que necesitaba. Así que comerciaban con los países escandinavos y con los del Báltico, sobre todo con Rusia y con Italia.

Durante el siglo XVI las telas para pintura comienzan a fabricarse tejidas a mano. En el siglo XVII aparece, además, un tejido formando rombos o hexágonos para reforzar las telas y así trabajar superficies mayores, llamada tela de mantel utilizada mucho por Zurbarán o los pintores venecianos. Todos estos lienzos están formados por lino y cáñamo, consiguiendo hilos más largos. El entramado es más cerrado que el del siglo anterior por lo que la preparación es menor. Se hacen piezas grandes pero con costuras, sobre todo a lo ancho. Hasta el siglo XIX estas telas fueron preferentemente de lino y cáñamo, apareciendo en este siglo las de algodón, yute y otras con fibras sintéticas; se teje ya todo a máquina y aparecen las primeras telas con imprimación comercial.

La España Imperial

En 1510 León el Africano, un convertido marroquí a la cristiandad, hablaba de compuestos llamados “Lhasis” usados por los habitantes de Túnez que les hacía reírse y actuaban como si estuvieran borrachos y también les provocaba la lujuria.

El emperador Carlos V, al encargar su flota de guerra en los arsenales barceloneses, impuso como condición precisa, en su pragmática, obligando que las jarcias, velámenes y corderajes de los navíos para su Marina que tenían que construirse fueran fabricadas con cáñamo de Tarragona, Lleida y Balaguer, reconocido por su especial resistencia al agua salada. A fin de proteger a los cultivadores de importaciones a menor precio y de paso alabar la supuesta mejor calidad del cáñamo hispano. También en tiempos de Carlos V los arcabuceros utilizaban mechas que se confeccionaban con cuerda de lino o de cáñamo empapada en una solución de salitre y puesta a secar.

En 1545 Felipe II (1527-1598) ordenó hacer plantaciones de cáñamo a lo largo de su reino para alimentos, realizar velas, cordelería, ropa y fármacos. Es durante el reinado de Felipe II, en los territorios de América, justamente en 1569 en el que se atribuyen los efectos de la coca a “la voluntad del maligno” pero cuatro años más tarde por ordenanza del virrey Francisco de Toledo se legaliza la producción de coca y se le asigna a la iglesia católica el 10% de la compraventa. La coca se convirtió en el principal ingreso para los canónigos y obispos de Lima y de Cuzco.

A mediados de este siglo, el médico Miguel Juan Pascual plasmó en un estudio sobre la planta y sus posibles efectos nocivos, llegó a la conclusión que no se podía atribuir el origen de las fiebres que habían asolado la ciudad de Valencia. Pascual publicó un breve opúsculo titulado Medicina disputatio. An cannabis et agua in qua mollitur possint aerem inficere, que aparece ya en la edición de 1555. Se trata de un texto sobre un problema concreto de higiene pública, que examina si la fetidez resultante de la maceración del cáñamo en balsas puede “inficionar” el aire y ser causa de epidemias. Fue redactado a petición de la Santa Inquisición, con motivo de haber opinado alguno de sus colegas que la causa de las “numerosas y graves fiebres” padecidas durante el otoño anterior en Valencia y su comarca era la fetidez de las balsas en las que se maceraba cáñamo. Aduce las opiniones de Galeno y otros autores clásicos y contradice, como buen seguidor del galenismo “hipocratista”, las de Avicena. Sin embargo, se basa ante todo en la experiencia, “en la cual hay que confiar principalmente”. Su dictamen es que “la causa de estas afecciones no puede ser atribuida a las balsas en las que se macera el cáñamo” y que, en su opinión, “no hay que preocuparse por ellas, sino de otras aguas que rodean la comarca; la zona cercana al mar es la más insalubre, como la ocupada por el palacio real y por todas las casas entre el camino de Sagunto y el mar… si se considera desagradable el olor del cáñamo, mucho más lo es el de las bestias y gusanos de que está llena Valencia; si es ingrato el olor del cáñamo, peor es el de los excrementos humanos, de cuya evacuación no podemos prescindir y que es más abundante por las innumerables cloacas que exhalan un pésimo olor y siempre están abiertas”.

Santa Teresa de Jesús y otros escritores

Se afirma que Santa Teresa de Jesús (1515-1582) consumía ciertas hierbas (entre ellas podría estar el cannabis) y tenía alucinaciones. Su padre en 1531 la internó en un convento de agustinas, ya que su familia era de ascendencia judía, ella no quería ser monja pero comenzó la única aventura permitida a las mujeres de entonces: la aventura espiritual. Se reveló contra los poderes religiosos de su momento (la Santa Inquisición), pero siguió al regazo del dogma de la Iglesia y adecuó sus experiencias interiores vividas a las enseñanzas eclesiásticas. Emprendió el camino de la pobreza, gustaba de la soledad y rechazaba constantemente la violencia, se empeñó en el conocimiento de sí misma y consiguió reunir la acción y la reflexión sin dejar de llamar a las cosas por su nombre. Fundó 17 conventos de monjas y otros tantos de monjes a los que iba a visitar. Escribió más de diez libros.

Rostro en éxtasis de Santa Teresa

En 1546 el médico y naturista francés P. Belon verifica en Capadocia, la Paflagonia y la Cicilia el cultivo de cáñamo, afirmando: “Tienen también un polvo de que, tomándose una cucharada llena, hace reír incontrolablemente a quien lo ingiere, el cual cree ver cosas maravillosas. Cuando se les pregunta qué es muchos responden que cañamones molidos”

El médico Prospere Alpini publicó un libro titulado De Medicina Aegyptiorum (De las medicinas de los egipcios) (1591). Escribió que al ingerir un preparado de las hojas pulverizadas, las personas se embriagaban y permanecían durante mucho tiempo en un estado estático “acompañado de las visiones que deseaban tener”. Declaró que el hachís es igual al alcohol en sus primeras fases y además daba visiones que dependían de la inteligencia y el estado psicológico de éstos en el momento de tomar el hachís. Alpini había sido nombrado médico del cónsul veneciano en Egipto. Su situación le permitió realizar amplias investigaciones entre los egipcios, a quienes interrogaba en busca de información botánica. Reunió un listado detallado de unas 57 plantas y árboles desconocidos en Europa. Cuando volvió a Venecia ocupó cargos importantes y fue considerado un médico muy importante.

A lo largo del siglo XVII se pensaba que el cannabis podía causar la locura, aquellos que utilizaban y comercializaban con cannabis (como boticarios o comerciantes) se volvían epilépticos. Un efecto atribuido a las semillas. Por ejemplo William Turner (1508-1568) cita a un autor anterior, Simeon Sethy que escribió: “Las semillas del cáñamo, si se toman en exceso, eliminan el juicio de los hombres”. Turner afirma que es el polvo seco de las hojas es lo que emborracha a los hombres.

René Descartes (1596-1650) fue un filósofo francés que enriqueció las matemáticas, la física, la metafísica, la medicina, la tecnología y creó la geometría analítica. Buscaba un método común de investigación científica. Descartes buscaba encontrar verdades, llegó a la conclusión de que son sólo ciertas aquellas proposiciones que puedan ser perfectamente comunicadas de una mente a otra, es decir, cosas demostrables por deducción matemática o por la evidencia inmediata de la repetición experimental. Viajero infatigable y de vida aventurera. Solía escribir al calor de una estufa a cuyo fuego añadía de vez en cuando un puñado de “ciertas hiervas traídas del norte de África”. Descartes tuvo además un interés pasajero por la orden de los rosacruces. También hizo disecciones anatómicas e investigó la anatomía del ojo y el mecanismo de la visión, mantuvo que el funcionamiento del cuerpo era como una máquina.

La Historia Societatis Iesu, del jesuita Niccola Orlandino, publicada en Roma en 1614 y pronto traducida al castellano. En su primera parte se narra un extendido rumor sobre una hierba a la que recurrían los miembros de la Compañía de Jesús cuando se veían atormentados por el demonio de la carne. El Santo Oficio tomó cartas en el asunto, e incluso el futuro Felipe II pidió al gran tesorero de Castilla Juan de Zúñiga que averiguara el nombre de la planta. Pero el padre Antonio Aráoz respondió a sus inquisiciones que la tal hierba no era sino “el temor de Dios”.

Robert Burton en The anatomy of melancholy (1621) sugería el uso de cannabis en el tratamiento de la depresión. Y Nicolás Culpeper resumía en su Herbario (1654) todos los motivos por las que el cannabis era considerado útil desde el punto de vista médico. Culpeper listó una variedad de usos médicos con el cannabis (cannabis sativa) como antiinflamatorio, analgésico y antiparasitario. Afirmó que las semillas hervidas en leche eran buenas para la tos seca, también para el cólico, las lombrices, las picaduras de tijeretas y los dolores intestinales. La decocción de la raíz alivia la inflamación de cabeza, dolores de gota, dolores de caderas y junturas, etc… Culpepper también lo recomendó como un aditivo a los ungüentos en el tratamiento de las quemaduras. Culpepper no hizo ninguna mención a sus propiedades psicotrópicas. Su trabajo se debía en parte al uso tradicional de cannabis de brujas británicas o sabias que habían conocido su secreto a través de generaciones anteriores y a los sanadores monacales que las reemplazaron.

La medicina del doctor Kaempfer

En 1692 se publicó el tratado médico del doctor Englebert Kaempfer (1651-1716), médico alemán, historiador, científico, político, diplomático y botánico. Su título fue Amoenitatum Exoticarum Politico-Physico-Medicarum. Kaempher consiguió una buena reputación, como científico impresionó al rey de Suecia que lo envió como embajador a Persia. Pero no consiguió lo que buscaba (comerciar con dicho país). Así que se enroló en la Compañía Holandesa de las Indias Orientales como cirujano naval. Estando en la India descubrió el bangue. En los sacrificios al dios Visnú, las chicas consumían una preparación de cannabis con datura, las devadassy (nombre que se les da a estas chicas que significa “esclavas de los dioses”) comienzan a bailar, gritar, echar espumarajos por la boca y dejar los ojos estáticos. Los sacerdotes finalmente las llevan a las muchachas exhaustas al santuario y les dan otra sustancia para que despertaran del trance y como si los diablos que las poseían se hubieran marchado. Kaempfer sabía de los efectos del cannabis ya que en sus días como estudiante en la Universidad de Cracovia había probado el cannabis. También estaba familiarizado con los escritos de Plinio y sus propiedades soporíferas y antipasmódicas.

El 1686, Jean Chardim publicó sus viajes a Persia y otras partes de Oriente, un libro que fue ampliamente leído y que se reeditó varias veces. Chardim no experimentó los efectos del cannabis de primera mano, pero el había visto y escuchado muchas historias. Los persas usaban el bueng (bhang) que era una mezcla de cannabis, opio y nuez moscada.

En 1651 los agricultores londinenses y jornaleros que preparaban el cáñamo recurrieron al rey Carlos I solicitando que “se prohibiera, restringiera y vedara” la importación de cáñamo ya preparado. La competencia con los holandeses iba a dejarlos “totalmente arruinados y reducidos a pedir limosna”.

Cronograma

1544- El botánico italiano Pietro Andrea Gregorio Mattioli descubrió las características del cannabis macho y hembra y registró las propiedades terapéuticas que tenían sus semillas, raíces, hojas y savia.

1545- Se publica en Basilea por Leonardo Fuchs un libro en donde aparecen 516 plantas, entre ellas el cannabis.

1564- El botánico italiano, Dioscobas Tabernaemontanus, escribió que del cannabis hembra se usan las raíces como agentes medicinales y se prescriben la aplicación de un ungüento de cannabis seco que se unta con mantequilla para las quemaduras.

1627- Se creó un arancel especial para poder vender el cáñamo aragonés a otros reinos de la Península, por un importe del 10%, igual que el aceite; además el rey podía llegar a prohibir su salida del reino.

1665- Laurent D’Arvieux visitó Oriente medio y escribió sus aventuras en el Viaje a Palestina, al Gran Emir, jefe de los príncipes árabes del desierto, conocidos como beduinos. Tomó una poción llamada “berge”.

Entre 1678 y 1692- Hendrik Adriaan van Reede tot Drakenstein, gobernador de los territorios holandeses en Malabar publica su obra en doce volúmenes, Hortus Malabararicus en donde describe 780 especies de plantas, acompañadas de 794 ilustraciones (entre ellas las del cannabis; en sus comentarios se incluye la observación de que los nativos de Malabar se embriagaban fumando sus hojas).

1681- Parque Ange, un viajero francés, recorrió Persia para estudiar sus plantas. Los persas usaban una mezcla de hachís y opio que producía efectos similares a los que Heródoto describía con los escitas.

1682- El Nuevo Dispensatorio de Londres afirmaba que las semillas de cannabis se usaban para las toses e ictericia.

1693- El escritor Salmon, afirma que las semillas de cannabis, hojas, jugo, esencia e infusiones se encontraban en las droguerías inglesas en su época.

1696- Se permitió a Irlanda que exportara a Inglaterra hilo, cañamazo y tela de lino libre de impuestos.