Experimentos farma-psiconáuticos

Con este artículo comienzo una serie de entregas escritas con el propósito de ayudar a los farmacófilos a disfrutar de sus experiencias y a que no sufran efectos adversos, dependencias indeseadas, síndromes de abstinencias y otros posibles problemas derivados del uso de sustancias.

Por J.C. Ruiz Franco

En realidad, es el deseo de ayudar a mi buen amigo Franzicuro lo que me impulsa a escribir estos artículos de investigación, pero ya que los hago públicos espero que sean también de utilidad a todos los lectores amigos de experimentar con drogas.

Mi amigo Franzicuro es un curioso personaje; tan raro que no sé si ese es su nombre real, un apodo que alguien le puso y con el que se ha quedado, o simplemente un seudónimo que él mismo se ha inventado. Además de estudioso y aspirante a erudito, es una de las personas más racionales que he conocido; seguramente la que más. No hace nada que no haya meditado y sopesado antes. Intenta no dar ni un solo paso en falso, pero a veces se le olvida que es imposible controlar todas las variables de este extraño ensayo que llamamos vida, sobre todo cuando está implicada la biología y la personalidad humana. La primera es más o menos predecible con un poco de estudio y observación; la segunda, en cambio, está sujeta a demasiados factores. Y no hablemos ya de su relación con el consumo de sustancias psicoactivas, de eso que la gente llama en general, y peyorativamente, “drogas”. Es relativamente fácil conocer los efectos de un fármaco, las dosis ideales, los posibles efectos adversos, etc., pero es muy difícil prever de qué forma el consumo de esa droga en particular se entrelazará con la idiosincrasia de una persona en particular y podrá generar un hábito, una dependencia psicológica o física, o incluso una adicción, si aceptamos el término con el que los drogabusólogos se refieren al consumo compulsivo y autodestructivo de una sustancia. Pero bien, no quiero adelantar acontecimientos y, como ya he dicho, quiero que estos escritos sean útiles tanto a Franzicuro como a todos los interesados en un feliz consumo, libre de problemas en la medida de lo posible. En mutua correspondencia con el favor que le hago, él nos aportará testimonios y reflexiones personales que iré incluyendo en los artículos, que gracias a ello incluirán información farmacológica objetiva, pero también valoraciones subjetivas que serán del agrado de los lectores.

Caja de Tramadol
Caja de Tramadol que parece que si te la tomas vas a ser “Superman”.

Empezamos…

He querido empezar con un fármaco legal, no con una droga ilícita. No crean que lo hago por evitar problemas, ya que en sucesivas entregas abordaremos algunas de las drogas de peor fama, sino porque es uno de los favoritos de mi amigo. Su consumo extraterapéutico —otra forma de llamar al consumo recreativo— se puso de moda en Estados Unidos hace ya bastante tiempo, y en España se está introduciendo lentamente. Por eso, todo lo que digamos en vistas a un consumo responsable seguramente será bien recibido por los usuarios. En todos los casos comenzaremos con información histórica, seguiremos con la farmacología y terminaremos con los datos más “sensibles”, es decir, su uso lúdico, la posible caída en la dependencia y la forma de evitarla en la medida de lo posible. Allá vamos.

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El Tramadol, un fármaco a todas luces atípico

La compañía farmacéutica alemana Grünenthal, en sus esfuerzos por obtener nuevos analgésicos opioides sin el potencial de dependencia que éstos suelen tener y sin el efecto secundario de la depresión respiratoria, obtuvo la molécula del Tramadol en 1962 (denominación IUPAC: (±)-cis-2-[(dimethylamino)methyl]-1-(3-methoxyphenyl) cyclohexanol-hidrocloruro), y después de 15 años de investigación lo lanzó al mercado en 1977 bajo el nombre comercial de Tramal®. El propósito inicial era obtener un analgésico opioide, y lo cierto es que consiguieron un buen analgésico de acción central; pero de opioide no tiene demasiado, como ya veremos. Grünenthal sigue ostentando la patente, pero la han cedido a varios laboratorios de distintos países, con lo que el Tramadol se vende por todo el mundo con numerosos nombres de marca, más de cincuenta.

La dosis más habitual por cápsula o comprimido es de 50 miligramos, pero hay presentaciones con más cantidad, que llegan incluso a 300 miligramos cuando lo que contienen es el principio activo en forma de liberación prolongada, no inmediata. Esto se consigue mediante microcápsulas de liberación sostenida (cuando el producto viene en cápsulas) o añadiendo al comprimido algún componente que hace que la sustancia se libere poco a poco; es el caso de los productos con 100, 200 y 300 miligramos.

dolor de cabeza

Algunas presentaciones lo combinan con paracetamol para que éste actúe como analgésico de acción periférica y más rápida, y para que después se una la analgesia a nivel central del Tramadol; por ejemplo, varias conocidas marcas llevan 37,5 miligramos de Tramadol y 325 miligramos de paracetamol. En otros países se asocia también al ácido acetilsalicílico.

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Hasta donde llega mi información, en España existe en cápsulas, en comprimidos, en gotas (para administración oral) y en solución inyectable (intramuscular o intravenosa), pero en otros países también lo hay en supositorios (de aplicación rectal), en tabletas efervescentes, en solución para inyectarlo en la espina dorsal (epidural, por ejemplo) y en líquido para absorción sublingual.

Información farmacológica

Terapéuticamente, el Tramadol está indicado en el tratamiento del dolor agudo o crónico de intensidad moderada a severa. Su disponibilidad, tomado por vía oral, es del 68 al 72 por ciento. Su vida media está entre 5,5 y 7 horas. Estructuralmente, el Tramadol se parece a la codeína. Ambos fármacos se metabolizan por la misma vía hepática y ambos se convierten en el organismo en otra sustancia más potente; en el caso de la codeína se trata de la morfina, en el del Tramadol es el O-desmetilltramadol. Esto justifica su efecto opioide, que describiremos a continuación. Por otro lado, el Tramadol es también molecularmente similar a la venlafaxina, un inhibidor de la recaptación de la noradrenalina y la serotonina, y precisamente esos son sus otros dos efectos notables sobre el organismo.

 El Tramadol tiene un efecto agonista sobre los receptores opioides μ, con una actividad muy débil, irrelevante, sobre los receptores κ and δ. De todas formas, como ya hemos dicho —en opinión de un humilde servidor—, el Tramadol en sí tiene poco de opioide, ya que su afinidad por los receptores μ es diez veces menor que la de la codeína, que ya de por sí es un opiáceo débil, sin comparación posible con opiáceos potentes como la morfina o la heroína; tanto es así que el Tramadol tienen una afinidad por el receptor μ 6.000 veces menor que la morfina. Quien sí muestra una mayor actividad opioide es su metabolito, el O-desmethyltramadol, producto de la acción de la enzima hepática CYP2D6 sobre el compuesto original; esa es la razón por la que los efectos analgésicos del Tramadol no sean tan rápidos como los de otros fármacos del mismo grupo terapéutico.

No obstante, es un fármaco de acciones muy complejas, ya que también produce liberación de serotonina, inhibe la recaptación de noradrenalina, es antagonista NMDA, antagonista de los receptores serotoninérgicos 5-HT2C, antagonista del receptor nicotínico de acetilcolina (α7)5  y antagonista de los receptores muscarínicos de acetilcolina M1 y M3.

Con tanta complejidad de acciones, el mecanismo exacto de su efecto analgésico no se entiende bien, pero se cree que se debe a la sinergia de su acción relativamente débil sobre los receptores opiodes μ junto a su modulación de la serotonina y la noradrenalina. Que su acción analgésica no se deba a su efecto opioide queda demostrado por el hecho de que no se elimina mediante la administración de naloxona, un antagonista opiáceo.

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Cajas de Tramadol de 50mg

Por su parte, el O-desmethyltramadol, su metabolito, aparte de la acción sobre los receptores opioides μ que hemos mencionado, también es inhibidor de la recaptación de la noradrenalina, antagonista del receptor 5-HT2C y antagonista de los receptores muscarínicos de acetilcolina M1 y M3.

Por lo que llevamos dicho hasta el momento, el lector ya se habrá hecho una idea de la base del uso lúdico del Tramadol: por un lado, cierta acción opioide, y por otro una liberación de serotonina (tal como produce la MDMA, pero en menor medida), junto a una inhibición de la recaptación de la noradrenalina que genera un mayor nivel de este neurotransmisor, uno de los efectos propios de los estimulantes.

Las propiedades serotoninérgicas del Tramadol hacen que interaccione con otras drogas y fármacos relacionados con la serotonina, un aspecto con el que hay que tener mucho cuidado. Tomarlo junto con cualquier fármaco inhibidor de la recaptación de este neurotransmisor (por ejemplo, cualquiera de los muchos antidepresivos de esa categoría, los ISRS: fluoxetina, paroxetina, fluvoxamina, sertralina, etc.) puede causar problemas que podrían llegar al síndrome serotoninérgico, ya que no sólo habrá una mayor liberación, sino se dificultaría la metabolización del Tramadol y por tanto se potenciaría aún más su acción serotoninérgica.

Otro posible efecto adverso es la reducción del umbral convulsivo, es decir, aumenta la probabilidad de sufrir convulsiones similares a las epilépticas. Su acción de bloqueo de los receptores 5-HT2C es la causa más posible, y puede ocurrir sobre todo en presencia de otro estimulante que se haya tomado simultáneamente. Esta reducción del umbral convulsivo la atribuyen algunos autores a que, a altas dosis, el Tramadol tiene una acción inhibidora sobre los receptores GABA-A. De ahí que todos los prospectos digan que nunca debe superarse la dosis de 400 miligramos diarios.

Como hemos dicho, antes de dedicarnos a exponer su posible uso recreacional vamos a incidir en los posibles problemas que puede acarrear su uso, así que vamos a resumir lo que dicen los prospectos.

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Contraindicaciones y posibles efectos secundarios

Este fármaco, como cualquier otro, está contraindicado en cualquier persona con sensibilidad individual hacia él. Como es evidente que esto no se puede saber hasta que se toma, la primera vez sería prudente ingerir un solo comprimido, y cuando estemos seguros de no tener ninguna reacción alérgica, sólo entonces nos plantearemos seguir experimentando con él.

Los prospectos mencionan que no debe tomarse en caso de intoxicación por alcohol, hipnóticos, opioides o psicotrópicos. Evidentemente, los complejos mecanismos del Tramadol sólo servirían para aumentar el riesgo que de por sí tendría esa intoxicación.

No debe tomarse en caso de consumir algún medicamento ISRS, antidepresivo tricíclico, IMAO o cualquier medicamento o droga que actúe sobre la serotonina (MDMA, por ejemplo), por la razón que hemos expuesto.

No deben tomarlo personas epilépticas que no tengan controlados sus síntomas, ya que podría desencadenar una crisis.

No debe tomarse concomitantemente con otros fármacos que reduzcan el umbral convulsivo, como por ejemplo estimulantes.

No deben tomarlo personas con insuficiencia renal o hepática, por la sobrecarga impuesta sobre estos órganos.

Puede producir somnolencia y visión borrosa, por lo que se desaconseja la conducción y el manejo de maquinaria. Puede causar vómitos en algunas personas, si bien este efecto puede desaparecer con el tiempo.

El tramadol tiene estos posibles efectos adversos:

– Alteraciones cardiovasculares:

Infrecuentes, relacionadas con la regulación cardiovascular: palpitaciones, taquicardia, hipotensión postural o colapso cardiovascular.

Raras: bradicardia, aumento de la presión arterial.

– Alteraciones del sistema nervioso:

Muy frecuentes, en más de 1 persona de cada 10: mareo.

Frecuentes, entre 1 de cada 10 y 1 de cada 100: cefaleas y somnolencia.

Raras, menos de 1 de cada 1.000 personas: alteraciones del apetito, parestesia, temblor, depresión respiratoria, convulsiones epileptiformes, contracciones musculares involuntarias, coordinación anormal, síncope.

– Alteraciones psiquiátricas:

Raras, menos de 1 de cada 1.000 personas: alucinaciones, confusión, alteraciones del sueño, ansiedad y pesadillas.

– Alteraciones gastrointestinales:

Muy frecuentes, más de 1 de cada 10 personas: náuseas.

Frecuentes, entre 1 de cada 10 y 1 de cada 100: vómitos, estreñimiento y sequedad bucal.

(Continuará)

Advertencia: el propósito de este artículo es informar sobre sustancias existentes, no recomendar ninguna de ellas. El médico es el profesional de la salud y sólo él puede prescribir medicamentos. Sólo citamos principios activos, no marcas concretas, para evitar hacer publicidad de medicamentos con receta. No fomentamos el uso de sustancias dopantes y estamos en contra del consumo no responsable.