En esta nueva serie de tres capítulos abordaremos en profundidad el delicado tema de las drogas de violación que, supuestamente, se utilizan para anular la voluntad de las personas y cometer actividades delictivas. En este número y el próximo nos centraremos en las llamadas “drogas de violación”, sustancias administradas de forma inadvertida a víctimas para ser sometidas a abusos sexuales. En la tercera parte abordaremos de forma específica el fenómeno de la burundanga

Por Dr. Fernando Caudevilla

“Cuidado con lo que bebéis por la noche, no os vayan a echar algo en la copa” es uno de los consejos con los que las madres advierten a sus hijos adolescentes antes de las salidas nocturnas desde hace décadas. Las historias sobre personas que han sido víctimas de delitos tras haber bebido de una copa a la que se había añadido alguna droga con oscuros motivos son una constante desde hace décadas y son motivo de preocupación para muchos padres de familia. Con relativa frecuencia aparecen en medios de comunicación noticias sobre este tipo de situaciones, creando importante alarma social.

violación

Este tipo de situaciones incluyen dos fenómenos distintos. Por un lado está el de las llamadas “drogas de violación”, en el que la administración involuntaria tiene como objetivo someter a la víctima a abusos sexuales. Por otra parte existe un grupo de sustancias llamadas “de sumisión química” que supuestamente producen que la víctima pierda su voluntad y obedezca ciegamente las órdenes de quien la ha suministrado y a las que dedicaremos el tercer número de esta serie. De momento, nos centraremos en las “drogas de violación”.

La primera idea que queremos dejar clara es que una agresión sexual es una de las circunstancias más traumáticas con las que se puede enfrentar cualquier persona y el objetivo de este análisis no es minusvalorar su importancia, ni mucho menos frivolizar sobre este tipo de delitos. Pero esto no es un impedimento para analizar la magnitud de este fenómeno y valorar si se trata de un riesgo frecuente que motiva alarma social de forma razonada o simplemente hablamos de casos aislados por muy graves que puedan resultar cuando estos se presentan. En el caso de que la histeria colectiva no esté justificada, convendrá reflexionar sobre los motivos que producen que las drogas de violación resulten una historia tan atractiva, algunos de sus posibles significados simbólicos y sociales, así como algunas consecuencias no deseables que pueden derivarse de la propagación excesiva de este tipo de historias.

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La lógica elemental señala que la inmensa mayoría de las personas que compran y utilizan drogas lo hacen para disfrutar ellos mismos de sus efectos y no para deslizarlas en copas ajenas. Pero también es cierto que el uso de las drogas con este tipo de fines es, al menos teóricamente posible, como lo demuestra el hecho de que esté presente en distintas manifestaciones de tipo cultural. Por ejemplo, la envidiosa madrastra de Blancanieves, disfrazada de bruja, le ofreció una manzana envenenada con el claro objetivo de fulminarla, aunque sólo consiguió sumirla en un sopor persistente cuyo antídoto específico se encontraba en los labios del Príncipe Azul. En la Odisea de Homero, otra bruja, Circe, convierte en cerdos a todos los hombres de Ulises agregando sustancias mágicas al vino. Y en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, Pepa, interpretada por Carmen Maura, prepara un gazpacho aderezado con Valium para dormir a su marido y evitar que éste la abandone, aunque finalmente sean sus amigos, su familia y una pareja de la Policía Nacional quienes terminan durmiendo en el sofá. Como puede verse en estos ejemplos, las motivaciones y consecuencias de adulterar una comida o una bebida con una droga pueden ser muy variadas.

En los tres ejemplos de ficción que hemos señalado, el sexo femenino es quien administra droga en la bebida o en la comida de forma inadvertida, sean brujas, hechiceras o mujeres desesperadas. Pero en el inconsciente colectivo, la situación más temida es aquella en la que el uso de un psicoactivo tiene como objetivo disminuir en nivel de conciencia para someter a la víctima a abusos de tipo sexual. En el mundo real el agresor es percibido como mayoritariamente de sexo masculino y las víctimas son mujeres. De hecho, la advertencia sobre la bebida y las drogas en discotecas va dirigida fundamentalmente hacia las chicas más que a los chicos, ante la amenaza de este tipo de agresiones.

La historia, en resumen, es más o menos la siguiente. El escenario típico suele ser un lugar de ocio (bar, club, discoteca…) y la droga, cualquier sustancia que tenga la capacidad de deprimir del Sistema Nervioso Central , disminuir el nivel de consciencia para atontar o dormir a la víctima. . El agresor escoge a la víctima, a quien invita a tomar una bebida que ha sido previamente adulterada, o bien la droga se añade a la copa de la víctima sin su conocimiento aprovechando cualquier descuido. Al cabo de un rato, la sustancia hace su efecto dejando a la víctima inconsciente, circunstancia que es aprovechada el agresor para perpetrar los abusos sexuales sin dificultades ni resistencias. Muchas de las sustancias utilizadas como drogas de violación son capaces de inducir amnesia en distintos grados, por lo que la víctima será incapaz de recordar nada de lo ocurrido durante el tiempo en el que estuvo bajo sus efectos. La detección en sangre o en orina de estas drogas puede ser complicada, lo que dificulta la resolución del caso y la condena del agresor en el caso de que se haya producido una denuncia.

Si atendemos a las noticias aparecidas en medios de comunicación, Internet y a la percepción general, efectivamente las drogas de violación parecen constituir un problema creciente e importante. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), órgano de fiscalización sobre drogas asociado a la ONU, alertaba en su Informe Anual correspondiente al año 2009 sobre el “el nuevo problema de la utilización de sustancias para facilitar las agresiones sexuales”. En su Informe, la Junta “alienta a los gobiernos a sensibilizar al público en general de que los alimentos y bebidas que se dejan desatendidos pueden ser adulterados agregándoles ciertas sustancias que facilitan la agresión sexual” y señala al gamma-hidroxibutirato (GHB, también conocido como éxtasis líquido), a la gamma-butirolactona (GBL, precursor inmediato del GHB), al flunitrazemam (fármaco hipnótico de nombre comercial Rohipnol®) y a la ketamina como las sustancias más frecuentemente implicadas en este tipo de agresiones. Aunque el Informe no aporta ninguna justificación, dato objetivo, estadístico o científico en el que se basen sus recomendaciones, su repercusión en titulares de prensa y noticias de TV y radio durante los días siguientes en España fue muy significativa, con titulares como “La ONU alerta del auge de las “drogas de violación”” (El País 24/2/2010), “Alerta por el consumo en España de la ketamina, la droga de los violadores” (La Razón 24/2/2010), “La ONU detecta más ketamina y drogas de la violación en España”, (El Periódico de Cataluña, 25/2/2010), “La ONU alerta de la utilización de drogas que facilitan las violaciones” (El Periódico de Catalunya 24/2/2010), “Vuelven los violadores de la droga en la bebida” (Antena 3 25/2/10)…

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Pero las referencias en los medios de comunicación a las violaciones inducidas por drogas no es un fenómeno puntual en el tiempo relacionado con el informe de la JIFE. Las historias sobre mujeres agredidas sexualmente tras haber sido drogadas de forma involuntaria pueden encontrarse en la prensa española de forma sencilla desde aproximadamente el año 2005 y se han venido repitiendo hasta la actualidad.

De hecho en Estados Unidos, existe una legislación específica desde 1996 ( la “Ley de Castigo y Prevención de la Violación Inducida por Drogas”) que permite incrementar hasta en 20 años las penas de cárcel si una agresión sexual se ha producido administrando una droga a la víctima sin su conocimiento con el objetivo de disminuir su nivel de conciencia. Esta ley se refería inicialmente a drogas como los barbitúricos o el hidrato de cloral. Pero tras el fallecimiento de dos adolescentes (Hillory J. Farias en 1996 y Samantha Reid en 1999) por sobredosis de GHB, Bill Clinton firmó en el año 2000 la “Ley de Prohibición de Drogas de Violación Hillory J. Farias y Samantha Reid”, por la que se ilegalizaba tanto el GHB como su precursor inmediato (GBL, gamma-butirolactona), condenando a penas de cárcel su elaboración, tráfico y posesión. Llama la atención el hecho de que, a pesar de que esta ley contra “Drogas de Violación” lleva el nombre de las dos adolescentes, en ninguno de estos dos casos se produjeron abusos sexuales sino que el fallecimiento de las víctimas se produjo por una sobredosis involuntaria de la sustancia.

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Así, según los medios de comunicación y muchos expertos en el tema, nos encontraríamos ante un problema grave y, por lo que parece, relativamente frecuente. Las declaraciones de muchos profesionales entendidos en la materia, tal como aparecen reflejadas en los medios de comunicación, nos informan de un problema importante y creciente. “Existe la sensación generalizada, entre los profesionales sanitarios, de que el fenómeno va en aumento” afirma el Subdirector Médico de la Unidad de Urgencias del Hospital Universitario de Canarias. (El Mundo 13/12/2008) Una investigadora del Laboratorio de Toxicología de la Universidad de Santiago de Compostela advierte sobre “el porcentaje creciente de violaciones a jóvenes con una edad media de 30 años como resultado de una sumisión química” y además “advierte a las chicas jóvenes del peligro de consumir alcohol para que, por ejemplo no suelten la copa “(ABC 27/4/08). Según otros expertos, las drogas de violación podrían “estar presentes en alrededor de un 15% de las agresiones sexuales (El País 1/3/2010)”, “afectan a una de cada seis violaciones en Barcelona” (El periódico 25/2/10) o “El 20% de las violaciones se produce tras drogar a la víctima” (La Razón 30/01/2009, Diario Sur 31/01/2009, La Vanguardia 23/5/2008).

Así, no es de extrañar que existan campañas específicas (sobre todo en Inglaterra, Francia y EE.UU) en forma de posters en revistas de música, clubs y discotecas para advertir sobre estos peligros. En Reino Unido, supuestamente una de cada cuatro mujeres cree que su bebida ha sido adulterada en alguna ocasión (The Guardian 4/7/2004) . Y por si el consejo de “no perder de vista la copa” no es suficiente, Internet ofrece productos como Drink Detective, un kit de reactivos químicos que permite detectar la presencia de drogas de violación añadiendo unas gotas de cualquier bebida. Este producto ganó el premio a la innovación de la revista Popular Science y fue distribuido de forma masiva en bares y discotecas de Inglaterra en colaboración con la Policía de Gales del Sur durante 2006. Pero llevar un kit de reactivos químicos en el bolso es una actitud carente de glamour, así que existen alternativas para las muchachas precavidas a la par que presumidas. La marca de cosméticos “2 love my lips” desarrolló en 2009 una línea de barras de labios, con tonos entre el “Cereza Carismático” y el “Café Sofisticado” que incluyen los propios reactivos para detectar sustancias estupefacientes. La empresa tiene planes para distribuir el lápiz de labios en bares y discotecas, y en palabras de Tracy Whittaker, su directora general “además de atentas habrá que lucir hermosas”. Otros dispositivos como Spikey, permiten ajustar una pajita al cuello de cualquier botella, para evitar que nadie pueda introducir ninguna sustancia en ella.

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Advertirá el lector que, en este último párrafo, hemos empezado a utilizar la ironía para señalar que, quizás, exista algo de exageración en el terror colectivo producido por las drogas de la violación. Insistimos en que no pretendemos negar la veracidad de repugnantes sucesos. Pero es posible que, como suele suceder con las drogas, se estén sacando las cosas de quicio presentando hechos puntuales como un peligro frecuente y habitual. En el próximo número analizaremos esta hipótesis y presentaremos datos objetivos al respecto.