En el número anterior de esta serie describimos el fenómeno de las drogas de violación tal como es presentado por instituciones oficiales y medios de comunicación. La administración involuntaria de sustancias para cometer abusos sexuales parece, de entrada, un problema importante a nivel social. En este capítulo analizaremos la consistencia de esta hipótesis.

“Cuando despiertan sólo recuerdan que estaban en una discoteca y se sentían mareadas. No saben dónde se encuentran pero están desnudas y con marcas de golpes. En los últimos años ha aumentado drásticamente el número de violaciones de chicas que han sido drogadas.” (Jóvenes y Drogas. Tele5 24/01/2008)

“En algunos países se lo están tomando en serio como un fenómeno asociado cada vez más a abusos sexuales entre gente muy joven. La muchacha (en el 95,5% de los casos en este estudio eran mujeres las agredidas) no detecta la droga, apenas recuerda nada de lo ocurrido, no puede identificar a su víctima, sus fuerzas para resistirse están muy mermadas y, ante una muñeca indolente, no habrá desgarros físicos considerables.” (La violación que cuesta recordar El País ,20/2/08)

“El agresor suele ser un varón conocido en mayor o menor medida por la víctima (…) La víctima suele ser una mujer joven —no necesariamente adolescente; sino más bien en torno a la treintena— que acude a un lugar de ocio que, aparentemente, no encierra ningún peligro (una fiesta, una discoteca, un pub, una reunión lúdica…) y acaba despertando en un lugar desconocido con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente“ Alcohol, éxtasis líquido y sedantes, las drogas más comunes para manipular la voluntad (El Mundo, 13/12/2008)

drogas disueltas en un vaso

Señalábamos en el número anterior cómo las noticias sobre drogas de violación están presentes de forma habitual en medios de comunicación, ofreciendo la sensación de que constituye uno de los peligros habituales de la noche. La administración involuntaria de drogas con propiedades depresoras del Sistema Nervioso Central, fundamentalmente GHB, ketamina y flunitrazepam (Rohypnol) constituye un fenómeno que, de forma periódica, crea alarma social. Por ejemplo, la página web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de EE.UU, en su información relativa a España (http://travel.state.gov/travel/cis_pa_tw/cis/cis_1024.html#safety) “recomienda a los americanos estar atentos en todo momento a su alrededor, debido a la elevada disponibilidad de las llamadas drogas de violación, incluyendo el GHB”

En Octubre de 2007, la Audiencia de Tarragona condenó a un ciudadano por intentar atracar una tienda armado de dos patas de pollo (Condenado por intentar atracar una tienda en Tarragona con dos patas de pollo El País, 11/10/2007). El hecho noticiable es el arma del crimen, pero todos sabemos que los atracadores suelen utilizar pistolas o cuchillos para cometer los delitos. De forma análoga, cabría preguntarse si las noticias sobre drogas de violación constituyen una circunstancia desgraciada y real, pero anecdótica o suponen una grave amenaza a nivel social. Tal como suelen presentarse este tipo de noticias, estas agresiones no ocurren ante circunstancias poco frecuentes que faciliten la comisión del delito (como puede ser, por ejemplo, una mujer que acude sola y sin conocimiento de nadie a una cita con un desconocido en un lugar cerrado o de difícil acceso) sino que se extenderían a fiestas, clubs y discotecas, transmitiendo la sensación de que se trata de uno más de los riesgos asociado al ocio nocturno, como las peleas o los accidentes de tráfico.

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Paremos un minuto a pensar en este tipo de escenarios (discotecas o bares) y considerando las circunstancias más habituales, repasemos la mecánica de este tipo de agresiones. En primer lugar el criminal debe entablar contacto con la víctima en el caso de que no la conozca, desplegando sus habilidades sociales de forma suficiente para entablar una conversación que facilite poder acercarse a ella. Éste se trata de un primer factor limitante, ya que no todos los delincuentes serán suficientemente atractivos, habladores o simpáticos como para ganarse la confianza de la víctima. Si agresor y víctima se conocen previamente este paso será mucho más sencillo, pero las posibilidades de localizar y detener al delincuente si algo sale mal serán mucho más elevadas y no parece una estrategia muy lógica desde un punto de vista criminal.

ketamina

 Seguidamente el agresor deberá suministrar a la víctima la dosis exacta de una droga sin color, olor ni sabor, que permita conseguir el efecto exactamente deseado (tanto de sueño como de amnesia). Para calcularla deberá considerar factores como el peso de la víctima o la cantidad de alcohol que haya bebido ésta previamente, ya que una dosis baja no conseguirá efectos y una dosis muy elevada podría matarla. Sus conocimientos de farmacología tienen que ser tan avanzados como para calcular exactamente el tiempo en el que la droga comenzará a hacer sus efectos y su duración total. Éste es el periodo del que dispone para deshacerse de los acompañantes de la víctima sin levantar sospechas, convencerla de que le acompañe sólo a un lugar seguro y apartado en el que no haya testigos y consumar la agresión. Cualquier error de cálculo tanto en la dosis como en el tiempo podría dar al traste con sus planes o, aún peor, dar lugar a una situación en la que podría ser descubierto. Finalmente, durante la violación debe de estar seguro del efecto amnésico y aunque la víctima no oponga resistencia, deberá ser extremadamente cuidadoso y diligente para no dejar ni una sola huella o restos biológicos que pudiera incriminarle, También desaparecer sin dejar rastro antes de que los efectos amnésicos de la droga desaparezcan y la víctima recobre el sentido.

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Así, los escenarios y las circunstancias más frecuentes no parecen los más adecuados para perpetrar estos crímenes. Por supuesto existen casos en los que el entorno pueda ser particularmente favorable para el delincuente o en los que la hipotética víctima peque de una imprudencia excesiva. Pero las historias de drogas de violación en lugares de ocio como algo sistemático parecen difíciles teniendo en cuenta estas circunstancias.

Otro factor fundamental a analizar son las drogas que, según toxicólogos y periodistas, se emplean en estos crímenes de forma habitual. Todas las fuentes hacen referencia al GHB (y su precursor inmediato el GBL), el flunitrazepam y la ketamina como las sustancias que se usan con más frecuencia, ya que supuestamente cumplen las condiciones para facilitar las violaciones: son difícilmente detectables y tienen tanto propiedades sedantes como productores de amnesia. Consideraremos cada una de ellas por separado, analizando sus ventajas e inconvenientes al ser empleadas con este tipo de fines.

Con respecto al GHB (o su precursor, el GBL) como droga de violación, podemos afirmar que su capacidad para dormir a una víctima es real y por tanto es susceptible de ser empleada con este fin. Éste parece ser el único argumento a favor, pero todo el resto son inconvenientes. El olor y sabor nauseabundo del GBL hacen que su uso inadvertido sin que la víctima se dé cuenta sea imposible incluso para el paladar menos refinado. En el caso del GHB este inconveniente es menor, pero aún así posee un sabor salado característico. Las dosis necesarias para dormir a una persona (a partir de 3-4 gramos) levantarían las sospechas de muchas víctimas, que probablemente noten que el sabor de su bebida favorita es claramente distinto al habitual.

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Otro inconveniente a tener en cuenta es la amnesia. En las series de casos de pacientes intoxicados publicadas en la literatura científica (305 personas en total) llama la atención el hecho de que este síntoma no aparece en ninguno de los pacientes. De hecho, se han llevado a cabo experimentos en voluntarios sanos a los que se administra GHB en laboratorios para verificar este efecto y los resultados en lo que se refiere a su capacidad para alterar la memoria se manifiestan de forma distinta en cada persona. Algunos voluntarios cometen pequeños errores a la hora de recordar listas de datos que se les han presentado después de tomar GHB y en otros aparecen lagunas de memoria importantes. Pero, según los resultados de estas investigaciones, no se puede concluir desde un punto de vista científico que el GHB produzca una amnesia completa en todas, ni siquiera en la mayoría de las personas que han tomado esta sustancia. La amnesia, además, se produciría durante el tiempo que la sustancia produce sus efectos, pero en ningún caso afecta al periodo de tiempo previo a la administración de la droga. Así, en el escenario más típico, es posible que la víctima recuerde todo o parte de lo que sucedió después de beber, pero en ningún caso olvidará a la persona que le suministró la bebida.

ghb

El flunitrazepam (Rohipnol) y la ketamina son otros dos fármacos que suelen aparecer en las historias sobre drogas de violación. Con respecto al flunitrazepam, su potencial para producir sedación y amnesia son bien conocidos. Pero desde hace diez años se presenta en una forma difícilmente soluble en agua y la pastilla contiene un colorante que teñiría cualquier líquido en la que fuera administrada. Y la ketamina es un fármaco poco eficaz por vía oral que puede producir una gran gama de efectos psicodélicos además de amnesia y sedación, por lo que su uso con estos fines es posible, pero muy poco práctico.

Podemos revisar la literatura científica para intentar arrojar algo más de luz sobre el asunto. Hasta el momento, el estudio científico más importante publicado al respecto analizó los resultados toxicológicos en sangre, orina y cabello de 1014 casos de supuestas víctimas de agresiones sexuales inducidas por drogas en el Servicio Científico Forense de Londres entre los años 2000-2003. El alcohol fue la droga más frecuentemente detectada (48%) y tan sólo en 21 casos (2%) se detectó alguna droga sedativa o desinhibidora presumiblemente ingerida de forma involuntaria. La única revisión sistemática (un resumen de las evidencias disponibles aplicando métodos científicos y estadísticos) , publicada en el año 2008 considera este estudio como el más relevante en relación con esta materia y señala en sus conclusiones que “el estereotipo de las agresiones sexuales facilitadas por drogas se ha constituido fundamentalmente a través de la histeria de los medios de comunicación , obviando los informes científicos (…) lo que añade a los miedos populares la idea de que estas agresiones son muy frecuentes”. Otro informe americano diseñado para conocer la prevalencia de este tipo de agresiones, considera que sólo un 4.8% de los casos de agresión sexual inducida por drogas presentan datos toxicológicos para ser considerados como tales

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Así, el resumen de los estudios científicos al respecto nos señala que este tipo de agresiones existen pero su frecuencia real es muy escasa. En la literatura científica sólo existen unos cuantos casos anecdóticos documentados de este tipo de agresiones. También existen suficientes datos científicos como para afirmar que el alcohol es la droga que con más frecuencia está implicada en delitos de agresión sexual o en circunstancias en las que la voluntad o la capacidad de decisión de la víctima se ve afectada como consecuencia del uso de esta sustancia.

En resumen, existen un número reducido de casos en los que algún tipo de droga puede ser administrado contra la voluntad de las personas para someterlas a abusos sexuales. Pero los datos no parecen justificar el terror mediático desatado en muchas ocasiones ni indican que se trata de un problema generalizado. Volviendo a las metáforas e imágenes sociales con las que abríamos el capítulo anterior, podría parecer que, en el fondo, se trata de una fábula sobre lo que les puede suceder a las jovencitas demasiado aficionadas a salir por la noche. Una revisión del cuento de Caperucita Roja en versión hardcore .