Estamos en el siglo XXI. La raza humana pronto llegará a Marte y tenemos sondas que ya están más allá de los límites de nuestro sistema solar. La tecnología avanza a una velocidad endiablada permitiendo increíbles descubrimientos en el campo de la biotecnología animal y vegetal, entre otras muchas áreas de investigación. Sin embargo, aunque algunos de estos avances se reflejan en la agricultura general, raramente alcanzan al cultivo de cannabis, que al día de hoy se sigue cultivando mayormente en una maceta con tierra.

Fotos y Texto: Luis Hidalgo

El cultivo de cannabis como lo conocemos hoy en día es relativamente reciente, pues si bien es verdad que este vegetal se lleva utilizando desde hace miles de años, siempre a sido de una manera tradicional, es decir, directamente en el suelo (tierra madre) sin ningún tipo de suplemento nutricional o abono ni fertilización, como mucho enriqueciendo la tierra con productos naturales como excrementos de animales, huesos, y otros restos.

Cuando llegó la Revolución Industrial, se inició un proceso de mejora agrícola en el que aparecieron lo que conocemos como abonos y fertilizantes industriales, tanto en su formato orgánico como mineral o químico. De la misma manera los avances y descubrimientos que se fueron realizando sobre la biología vegetal en general permitieron establecer las bases de lo que después desembocó en los sistemas hidropónicos de cultivo en los que ya no se utiliza la tierra, sino que se aportan los nutrientes artificialmente

Sistemas Giratorios

Los tiempos modernos

A lo largo de esta serie hemos podido ver como se cultiva la marihuana en distintos medios y sistemas, desde la sencilla plantada en tierra hasta sistemas hidropónicos caseros y profesionales, pero como decíamos en la introducción, ¿es que la tecnología no ha llegado a los sistemas de cultivo? Y no nos referimos a sistemas de riego con aporte automático de nutrientes y control de ph, a control de clima e iluminación y demás cuestiones relacionadas con la agricultura en general, donde los avances tecnológicos si van más acordes con los tiempos que vivimos. Hablamos de sistemas integrados de cultivo en interior que realmente aprovechen el espacio y nos liberen de prácticamente todo el trabajo relacionado con el cultivo, proporcionándonos la máxima calidad y rendimiento.

La respuesta es SI, estos sistemas existen y no son de antes de ayer, algunos de ellos ya llevan más de diez años en el mercado funcionando con éxito por todo el mundo. Hablamos de los sistemas de cultivo vertical y los sistemas orbitales o giratorios que posiblemente más de un Lector haya podido ver en algunas de las ferias cannábicas que se celebran en el país, como Spannabis. Se trata de sistemas integrados de cultivo completamente autónomos y que aprovechan el espacio vertical y la luz artificial al máximo proporcionando cosechas de hasta tres veces más cantidad utilizando muy poca superficie horizontal, y de la máxima calidad al conseguir que todo sean cogollos principales.

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Por desgracia, este tipo de sistemas no son nada baratos y pocos bolsillos pueden permitírselos para cubrir un consumo medio, pero si disponemos de unos 3.000 euros, ya podemos iniciarnos en el cultivo de alta tecnología, y por supuesto, alto rendimiento. A lo largo de este capítulo nos acercaremos a los principales y los que más se usan en la actualidad, explicando ciertas características de cada uno de ellos que resultarán ser la clave para su correcto funcionamiento, pues de él depende que se alcancen los pesos finales estimados por los fabricantes.

En cualquier caso podemos decir que por nuestra experiencia, estos sistemas representan el “estado del arte” en cultivo urbano de interior, y no solo de cannabis, pues algunos de ellos fueron diseñados inicialmente para el cultivo casero de hortalizas y aromáticas, incluso algunos tipos de plantas de flor. Como comentábamos, existen dos categorías: Los de cultivo vertical cerrado y los giratorios u orbitales. Vamos a continuación a describir cada uno de ellos.

Sistemas Giratorios

Vamos a comenzar por los sistemas orbitales horizontales con movimiento giratorio, de los que nos encontramos con dos: el Gi Grow y el Omega Garden. Este último sistema también existe en vertical y lo analizaremos más adelante, de momento vamos con el Gi Grow.

El sistema está basado en un cilindro horizontal al que se le pueden ir añadiendo módulos (anillos). En estos anillos se insertan cubos grandes de lana de roca, que son donde irán colocadas las plantas. Este anillo gira lentamente al rededor de la fuente de luz que se encuentra sujeta en el centro del cilindro como si de un sol se tratara. La o las bombilla se encuentran dentro de un tubo de cristal pyrex al estilo cooltube, preparado para incorporarle extracción activa, indispensable para el funcionamiento correcto del sistema, ya que las plantas llegan a aproximarse mucho a la luz y es necesario eliminar todo el calor producido por las bombillas.

Los cubos de lana de roca con las plantas se riegan por inyección cuando éstas se encuentran en la parte superior, esto es, bocabajo. Se pueden cultivar entre 48 y 336 plantas en cubos de lana de roca de 10cm x 10 cm, todo ello en una superficie no mayor de 2 x 1,75 metros y 2 metros de altura, algo realmente excepcional. En la actualidad se comercializa con dos anchos del cilindro principal que dejan un espacio real de 40 cm para las plantas el pequeño y 60 cm el grande.

En base a lo anterior, hacer unos cálculos de producción aproximados: Con el pequeño, estimaremos unos 10 gramos por planta, lo que nos daría 480 gr con el mínimo de 48 plantas y unos tres kilos con el máximo de 335 plantas. Esto subiría a 15 gr / planta con el modelo más ancho, con producción final entre 700 gr y cinco kilos, y cada gramo de máxima calidad. Como es obvio, no podemos cultivar cualquier genética con este sistema y requiere unas características bastantes específicas para lograr conseguir los resultados esperados.

Lo cierto es que se necesitan un par de cosechas hasta afinar correctamente el sistema precisamente por tener un espacio en altura limitado e inamovible, ya que aquí no podemos alejar los focos de las plantas y si estas crecen en exceso antes de completar la floración, se quemarán sus puntas. Solo hay dos formas de saber la altura exacta a la que tenemos que poner las plantas a florecer si no las hemos cultivado antes: O probando en el mismo Gi Grow o realizando previamente un cultivo de control para saber como se desarrollan las plantas y que altura alcanzan desde que se ponen a 12/12 (luz/oscuridad) hasta que están listas para la cosecha, sin embargo este último sistema, aunque nos asegura al menos una primera cosecha (la del cultivo de control) no es el más adecuado, pues las condiciones de cultivo dentro del GI Grow son distintas a las de un cultivo convencional en lana de roca, empezando por la cuestión de la rotación, que aprovecha la fuerza de la gravedad para distintos fines.

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La fuerza de la Gravedad

Está demostrado que la fuerza de la gravedad influye sobre el desarrollo de los vegetales, y de hecho, la tierra en su rotación y traslación al rededor del sol hace, aunque nosotros no lo percibamos, que la vertical de nuestras plantas en realidad no es fija, sino que su posición va variando con respecto al Sol dependiendo de en que momento orbital se encuentre la Tierra. Ni que decir tiene que también el Sol rota a su vez alrededor del centro de la galaxia, con lo que en realidad resulta que si tuviéramos visión cósmica, podríamos apreciar como las plantas (y el planeta entero) giran sobre si mismas y alrededor del sol. Como el eje de la Tierra está ligeramente inclinado, resulta que al final veríamos como en ciertos momentos las plantas (y nosotros mismos) estamos boca abajo con respecto a la fuente de luz que ilumina nuestro planeta.

El caso es que el cilindro que contiene nuestras plantas gira alrededor de la fuente de luz, que como vimos es un cooltube sin reflector en horizontal, con potencias de 400W, 600W o 1.000W, pudiendo poner halogenuros metálicos o vapor de sodio, aunque más adelante veremos que por el tamaño máximo que pueden alcanzar las plantas, en muchos casos no les daremos crecimiento en el GI Grow, que funcionará exclusivamente a 12 horas de luz y 12 de oscuridad, por lo que en la gran mayoría de los casos solo usaremos sodio de alta presión. Si se va a realizar un cultivo “pequeño”, teniendo en cuenta que por ejemplo en el módulo de 144 plantas también se pueden cultivar 48, 72, 96, 120 o 144 plantas, podemos colocar menos del máximo consiguiendo plantas algo más grandes a lo ancho o cultivar genéticas algo ramificadas y conseguir más autonomía en caso de fallo eléctrico, pues el sistema admites cubos de lana de roca de hasta 16cm x 16cm que pueden aguantar más de 24 horas sin riego con la luz apagada.

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Así pues, el sistema utiliza de alguna manera la fuerza de la gravedad y el riego se realiza por inyección en el cubo de lana de roca que porta la planta cuando éste se encuentra en la parte superior, o sea que la planta está boca abajo, y al llegar a la parte inferior justo girando 180º , en la vertical, pasa por una bandeja que recoge el posible exceso de agua de los cubos. Hacemos notar que el sistema es a solución perdida, que quiere decir que el agua con nutrientes no se “recicla” y en este caso procede de un depósito perfectamente hermético que mantiene prácticamente inalterable el pH y la Ec y por supuesto impide la aparición de ningún tipo de alga o bacteria potencialmente perjudicial.

La lana de roca tiene una retención ideal del agua si se sabe manejar, ya que el sustrato drena muy bien, por lo que siempre estará aireado. El principal inconveniente: el sistema es muy dependiente de la alimentación externa. Si las plantas se quedan sin regar, se secan y mueren. Un fallo de la bomba puede arruinar un cultivo hidropónico en lana de roca. Para prevenir esto, el Gi Grow trabaja con tacos de lana de roca grandes, de forma que si la bomba falla, el cultivador tenga un margen de tiempo para reaccionar, ya que el cultivo puede aguantar perfectamente más de un día sin regar. En cualquier caso, el efecto real es que al estar girando lentamente alrededor de un eje donde se encuentra la fuente de luz, por un lado las plantas reciben siempre la luz en perpendicular independientemente de su posición y por otro los cubos de lana de roca se humedecen de manera totalmente uniforme y manteniendo un alto nivel de oxigenación, pues en ningún caso se encharcan o sobrerriegan.

Alimentando al Monstruo

Quizá el mayor inconveniente a la hora de utilizar el GI Grow o cualquiera de los sistemas de alto rendimiento que vamos a analizar es precisamente ese: que usan un gran número de plantas que tendremos que sacar de alguna parte. Y aquí hay que olvidarse de las semillas, el sistema soló funcionará de manera óptima con esquejes y que además estos sean homogéneos en estructura, tamaño y desarrollo radicular. Debemos considerar el GI Grow como un sistema de producción en cadena o una granja automatizada, donde todo debe estar controlado y sin imprevistos. Es por esto que, por ejemplo, debemos hacer toda la plantada de una vez, siendo muy desaconsejable añadir plantas a lo largo del tiempo, mezclar genéticas con distintos patrones de crecimiento y tiempos de floración ni sustituir plantas que por lo que sea no mantengan el ritmo general de crecimiento y floración. O sea que como si de un reloj se tratara, todos los elementos deben funcionar a la perfección incluyendo el material vivo, es decir, las plantas.

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Lo ideal es escoger variedades productivas, rápidas y que estiren muy poco en floración, teniendo en cuenta que por el tamaño máximo de las plantas viene a ser como un cultivo SOG, con miniplantas de un solo cogollo principal y un par de satélites y poco más. Así que nuestra primera misión antes de montar las niñas en la noria es conseguirlas, que solo se puede hacer de dos maneras: o teniendo madres previamente o que algún productor de esquejes nos los proporcione ya bien enraizados y creciendo con al menos dos brotes nuevos. Si tenemos en cuenta el precio del invento, que va de los 3.000 euros del modelo pequeño a más de 6.000 euros el “full equipment”, seguramente no nos importe en invertir otros 500 o 1.000 euros en 300 o 400 esquejes garantizados, sin plagas, bien enraizados y de un tamaño regular y homogéneo.

Debemos tener en cuenta que el sistema está completamente automatizado y resulta imposible alterar la alimentación de unas plantas a otras, por lo que hacemos hincapié en todo lo dicho anteriormente. Además es fundamental que estén bien desarrollados, pues cuando se riega el cubo de lana de roca la planta se encuentra boca abajo por lo que el posible exceso de agua caerá por el tallo, lo que no es problema hasta que se forman los cogollos. Para ese momento los cubos tendrían que estar lo suficientemente colonizados de raíz como para que no se produzca dicho exceso, y si se produjera, las gotas de solución nutriente no lleguen al cogollo ya que quedarían retenidas en él manteniéndolos húmedos y aumentando la posibilidad de aparición de moho y degradándolos en cualquier caso.

Así pues, lo primero que debemos preparar antes de poner en marcha el invento son unos 250 esquejes bien enraizados y creciendo si vamos a montar el de 144 plantas por ejemplo, y en esa proporción. Si llegado el momento de pasarlos a la noria nos sobra alguno, podremos elegir los mejores y más parecidos y con mejor desarrollo radicular. Una buena variedad para empezar a tomar contacto con el sistema sería la Crítical Mass en cualquiera de sus variantes pues es robusta, rápida, productiva y muy fácil de cultivar.

En la próxima entrega podremos en funcionamiento la noria y veremos como nuestras niñas giran alrededor de un Sol artificial mientras sus flores van apareciendo hasta formar unos cogollos de primera calidad. Hasta entonces, un saludo.