Cualquiera que haya cultivado con sustrato en maceta, ya haya sido tierra o coco, conoce los inconvenientes logísticos que conlleva un jardín mediano para autocultivo. Nos referimos al movimiento de sacos de tierra o ladrillos o slabs de coco, primero a la hora de plantar y después, tras la cosecha, el momento de eliminar todo el sustrato utilizado, esterilizar los contenedores o macetas y vuelta a empezar. Sacos y más sacos, restos delatores, movimientos sospechosos…

 Fotos y Texto: Greenworld

Si la discreción es fundamental en el cultivo de cannabis, sobre todo cuando se cultiva en interior en la propia vivienda en un bloque de pisos con un montón de vecinos, la tierra y/o cualquier otro elemento voluminoso que movamos hacia – desde el piso va a alterar con seguridad esa buscada y trabajada discreción. Quizá los vecinos no asocien directamente el movimiento de material con el cultivo de marihuana, sobre todo si se toma la precaución de llevar todo embalado, incluyendo los sacos de tierra o coco.

Pero si, por ejemplo, el piso es alquilado, corremos el riesgo de recibir una llamada del arrendador al que seguramente algún vecino “de toda la vida” habrá alertado, pensando quizá que se llevan son los muebles de la casa, o simplemente para preguntarle por una mudanza que, como podemos imaginar, no existe. Por lo general no suele suceder nada la primera vez, pero si la cosa se repite y los vecinos más “metomentodo” nos ven de nuevo con cajas para arriba y bolsas para abajo, comenzarán las preguntas capciosas, los comentarios por la espalda y en definitiva, una rotura en la seguridad de nuestro cultivo ya que vamos a estar vigilados por parte del vecindario.

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Burbujas discretas, cultivo sencillo

 Si el tema de la discreción es importante, no lo es menos la cuestión de la higiene en el cultivo y aquí entramos en una cuestión de “eterno” debate: ¿orgánico o químico? A lo largo de estos años hemos explicado repetidas veces cómo “comen” las plantas y no vamos a repetirlo por el momento, si bien podemos resumir todo en pocas líneas: Si los nutrientes se adsorben por una diferencia de carga eléctrica entre la parte interior de la membrana radicular y la exterior, queda claro que dichos nutrientes tendrán que estar disueltos en el agua de riego, o bien al regar se “liberan” los nutrientes contenidos en la tierra. En cualquier caso, lo que se asimila son iones o conjuntos de iones, y eso nos lleva a la siguiente conclusión lógica: La planta desconoce el origen de esos iones, es decir, un ión de hierro es un ión de hierro, independientemente de que ese hierro provenga de una mina, de un clavo, de un extracto mineral o de la sangre de algunos animales y/o sus excrementos.

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Otra cosa también importantísima y que, por el motivo que sea, tendemos a olvidar: La planta produce todas las moléculas complejas que necesita mediante la fotosíntesis, que precisamente sirve para eso. La savia “bruta”, que básicamente es agua con sales (nutrientes), se impulsa desde las raíces hasta las hojas, donde por distintas reacciones entre la luz, la clorofila, los gases (oxígeno y/o dióxido de carbono) y una molécula denominada ATP (Adenosin Trifosfato) que se encarga de aportar energía, se sintetizan todos los compuestos que la planta pudiera necesitar, desde la celulosa para la estructura de tallos y ramas hasta los cannabinoides y agentes aromáticos, pasando por la formación de células altamente especializadas implicadas en tareas muy concretas como la respiración foliar o la defensa contra el ataque de determinados patógenos.

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Conclusión, pues que a las plantas no les importa de donde procede originalmente el nutriente que están asimilando en un momento dado, y sí la cantidad y por supuesto, la calidad, y tras lo visto, podemos asegurar que mayor calidad es igual a mayor pureza y disponibilidad para la planta de ese nutriente concreto, evitando colorantes, conservantes y por supuesto, cualquier posible descomposición por mala conservación o simplemente el paso del tiempo.

Con todo esto, lo que queremos decir es que el uso de fertilizantes no orgánicos no tiene porque dar peor sabor o aroma a la hierba una vez seca, siempre y cuando dichos fertilizantes sean de buena calidad y se haga un uso correcto de ellos, pues los milagros no existen en la cannabicultura y si hemos estado usando líquidos hasta el día de la cosecha al máximo de dosis (e incluso más), no podemos pretender que las propiedades organolépticas de lo que hayamos plantado se puedan considerar ni siquiera agradables, ya que algunos de los fertilizantes estarán fijados en la materia vegetal como los sulfitos o los nitratos y serán quemados en la combustión anulando en la mayoría de los casos a cualquier agente aromático que pudiera estar presente en los tricomas.

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Como en cualquier otro sistema de cultivo, hay que “lavar las raíces” un tiempo antes de la cosecha, que no es otra cosa que eliminar los fertilizantes y/o complementos de la solución nutriente, es decir, se regará sólo y exclusivamente con agua (con el pH ajustado, por supuesto). Algunos cannabicultores optan además por aplicar un tipo de complemento que se suele denominar “limpiador” o “finalizador” (Final Phase de Advanced Nutrients, Ripen de GHE, entre otros) Su función: eliminar del sustrato todo rastro de nutrientes (si cultivamos en tierra) y raíces muertas, restos de celulosa y sales acumuladas en el sustrato o en el sistema de riego, además de aportar elementos que aceleran la maduración.

El objetivo en cualquier caso es que la planta se alimente de sus propias reservas durante los últimos días antes de la cosecha de manera que la materia vegetal se encuentre más o menos limpia cuando llega ésta resaltando así durante la combustión los componentes aromáticos contenidos en los tricomas y produciendo ceniza gris claro y de consistencia ligera en vez de negra y sólida, signo inequívoco de la presencia de residuos en la planta.

Sistema Autogestionado

 Así pues, y en base a todo lo anterior, el uso de fertilizantes no orgánicos es prácticamente imprescindible para cultivar con nuestro “burbujeador”. Los motivos son simples: los fertilizantes orgánicos tienden a ser muy densos o “espesos”, con lo que la energía necesaria para “pulverizar” una solución nutriente a base de orgánicos es mucho mayor que si los líquidos son perfecta y absolutamente solubles y no alteran (o muy poco) la densidad final de la mezcla. Dicha energía se traduce en una necesidad de mayor potencia tanto de la bomba de aire como de la encargada de mover la solución nutriente desde el fondo del tanque hasta las raíces de las plantas.

Pero además, al ser orgánicos, este tipo de fertilizantes se “pudren” o descomponen en muy poco tiempo, incluso en 24 horas, por lo que no se pueden utilizar si no se desecha la solución nutriente en ese plazo de tiempo, y en el burbujeador se cambia UNA vez a la semana, con lo que quedan directamente descartados, pues aunque consiguiéramos mantener en buen estado la solución nutriente del tanque, los residuos que se irán acumulando en tuberías manguitos y goteros acabarán obstruyéndolos, y lo que es peor, se transformarán en un “caldo de cultivo” ideal para el desarrollo de hongos, moho, bacterias y todo tipo de patógenos perjudiciales para el buen desarrollo del Cannabis.

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Por otro lado, hoy en día se pueden encontrar todos los macro y micro elementos solos o en distintas combinaciones a través de internet y de las tiendas especializadas, además de todo tipo de complementos como vitaminas, enzimas, aminoácidos y prácticamente cualquier compuesto que se pueda encontrar en un suelo natural, ya sea de forma inmediatamente disponible, ya sea por reacciones bioquímicas que se producen a lo largo del tiempo, si bien cuanto más “a medida” sea el sistema nutricional que estemos aplicando, más tiempo tendremos que dedicar a preparar y ajustar la solución nutriente y esto, como veremos a continuación, va en contra del principio en el que se basan los sistemas DWC como nuestro burbujeador.

Una vez el sistema en marcha, su uso y mantenimiento debería ser extremadamente sencillo quitándonos muy poco tiempo, alrededor de…media hora a la semana!!! Si organizamos bien las tareas de cultivo, con ese tiempo tendremos de sobra para reajustar el sistema y realizar los chequeos y comprobaciones necesarios para que todo funcione de manera óptima, lo cual sería impensable para un cultivo en tierra o incluso en arlita, cómo ya hemos visto en capítulos anteriores. Para empezar, con el burbujeador todo es más homogéneo pues todas las plantas reciben la misma cantidad de agua y nutrientes, mientras que en tierra o en sistemas de riego automático por goteo cada maceta tiene sus propias características en cuanto a intensidad y frecuencia de riegos, tiempo de secado, densidad de la tierra, etc…

Si bien toda la plantación se trabaja más o menos igual, cualquiera que haya cultivado en tierra o en coco sabe que unas macetas se secan más que otras o que la densidad del sustrato no es la misma para todas las plantas, ya que sin querer prensamos más unas macetas que otras, lo que influye directamente en los tiempos entre riegos así como en otros factores que pueden ser perjudiciales para el buen desarrollo de nuestras plantas.

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Todo esto nos lleva a otra importante conclusión: Si todo funciona bien y le hemos cogido el “trankillo” a la variedad que estemos cultivando en el burbujeador, el tiempo que tendremos que dedicar al control del entorno de cultivo debería ser mínimo, pudiendo invertir más tiempo en la observación de las plantas para, por ejemplo, prevenir mejor las posibles plagas o detectar a tiempo un principio de hongos tipo oídio. Esto que en principio puede parecer que no tiene demasiada importancia es, sin embargo, un factor determinante para conseguir un jardín optimizado, sea cual sea el sistema de cultivo.

El tiempo es algo que a todos nos falta debido al trabajo, a la distancia entre éste y nuestra vivienda, la masificación en distintos tipos de servicios de la administración pública… Aunque es cierto que el tiempo que solemos invertir en nuestro cultivo es bien aprovechado y no ya solo desde el punto de vista de la cannabicultura, sino que suele producir una cierta relajación y quizá un leve “aislamiento” de los problemas y el “mundo exterior” mientras realizamos las tareas propias del cannabicultor, por otra parte no deja de ser un tiempo en el que podríamos estar haciendo otras cosas también gratificantes como jugar con nuestros hijos, dar un paseo por el campo o simplemente tumbarnos al sol con un buen libro entre las manos.

Es por esto que vamos a exponer una metodología de cultivo con el burbujeador que nos llevará menos tiempo a la semana que el que perderíamos yendo a “pillar” al mercado negro, o bien acudiendo y asociándose a alguno de los muchos Clubs Sociales de Cannabis que han surgido y siguen abriendo cada día más y más.

En el próximo número terminaremos este capitulo con un resumen claro y conciso de todos y cada uno de los elementos que hemos utilizado incluyendo variedades o esquejes, y su “forma de uso” óptima para exprimir las posibilidades de nuestro burbujeador DWC. Hasta entonces, un saludo.