Llega el verano con su sol intenso, la temperatura nocturna comienza a subir y las horas de luz se alargan. La gente de exterior ya plantó hace un mes o dos y sus plantas van creciendo de manera saludable. Sin embargo, no todo el mundo dispone de un terreno en el campo o un espacio discreto donde poner a las niñas. En cambio…. ¿Quién no tiene una terraza?

Lo cierto es que ya desde hace tiempo, al llegar el verano, cuando caminamos por las calles de nuestras ciudades, si nos fijamos bien, es usual ver alguna que otra mata verde en las terrazas y ventanas de los edificios. Además, llama la atención la poca o nula discreción que suele acompañar a estas plantadas caseras, debido quizá a un espíritu activista radical o simplemente al desconocimiento de la ley, pensando que existe un cierto número de plantas permitido o algo similar. Nada más lejos de la realidad.

Por otra parte, en muchos casos la inexperiencia del cannabicultor también produce efectos indeseados, como plantas gigantescas que convierten la terraza en una jungla por haber plantado demasiado pronto, no haber podado o haber elegido una variedad sativa salvaje. Y además está el factor tiempo, ya que hasta la aparición de las nuevas variedades automáticas de alto rendimiento las plantas tenían que estar un mínimo de cuatro meses, pudiendo pasar de seis si plantamos en abril. Todo ese tiempo en nuestra terraza, a expensas de visitas y miradas indiscretas puede llegar a crearnos un importante nivel de estrés.

¿Rápido o intensivo?

Antes de entrar en profundidad sobre cada uno de los aspectos que trataremos, hemos de aclarar un concepto no siempre bien entendido: Cuando hablamos de intensivo queremos decir que vamos a intentar obtener el máximo rendimiento en el mínimo tiempo posible optimizando el espacio. Como podemos entender, el tiempo hasta la cosecha es sólo un factor más dentro de este tipo de cultivo, ya que por muy rápida que sea la variedad que tengamos pensado trabajar, no podremos calificar el cultivo de “intensivo” si al final, después de varios meses de espera, cosechamos 25 gramos secos.

Así pues, podemos ya definir una lista de “condiciones” para llevar a cabo con éxito un cultivo intensivo en terraza: discreción, espacio, condiciones lumínicas, condiciones ambientales y variedad a plantar, por este orden, determinarán el éxito o el fracaso del proyecto, siendo óptimo cuando estos requisitos se cumplen de manera correcta.

Seguramente el lector se preguntará por qué la discreción se encuentra en primer lugar: El motivo es sencillo, la mayoría de los cultivos en terraza fracasan a causa de este factor. O bien un vecino prohibidor ve las plantas y denuncia, o incluso las mata mediante lejía o sal, o bien las ve directamente algún agente del orden… También las conversaciones cannábicas en el bar o en el trabajo nos pueden traer amargas sorpresas ya que hay oídos en todas partes.

Con esto no queremos inducir a la paranoia a los “terraceros”, estas precauciones en cuanto a discreción son comunes a todos los cultivos, pero en la terraza hay que poner especial cuidado, además, en el “aspecto visual” del cultivo. Así pues, este será el primer tema a tratar.

Camuflaje

Lo cierto es que si seguimos unas mínimas normas, eso sí, a rajatabla, debería ser relativamente sencillo mantener la discreción en un nivel alto que nos proteja de los indeseables problemas que podríamos llegar a tener si somos denunciados.

La primera acción a tomar es el control de la ubicación de la terraza. Para ello, nos colocaremos en la terraza a distintas horas del día y de la noche al objeto de controlar tanto la posición de otras terrazas desde las cuales nos pueden ver como los horarios y costumbres del vecindario terrajero cercano. Cuanto mas altos nos encontremos mas seguros estaremos, y por el contrario, si nuestro piso es bajo tendremos mas riesgos de que algún vecino ocioso que sale a la terracita en verano a echarse su cigarrito acabe descubriendo nuestro pequeño secreto.

De ahí la importancia de saber cuando y quien se asoma a las terrazas desde las cuales se nos ve, pues así podremos adaptar los horarios de las distintas tareas de mantenimiento que tendremos que realizar a lo largo del cultivo, como riegos, podas, reorientaciones, y demás. Podemos aprovechar además para controlar una posible contaminación lumínica nocturna, como una farola o un cartel de un comercio que permanezca encendido. Este factor es realmente perjudicial a la hora de la floración y puede malograr completamente el cultivo al interrumpir las horas de oscuridad, produciendo una floración parcial e interminable así como altos índices de flores masculinas que para colmo autofecundarán la planta llenándola de semillas.

También es interesante observar nuestra terraza desde la calle, mirando bien desde la acera de enfrente y caminando arriba y abajo para ver desde que ángulos y posiciones se observa el interior de la terraza. Este paso lo podemos repetir tras colocar en la barandilla una malla de sombreo que oculte lo que hay detrás. Existen unas que son rígidas de color verde con un cuadrado de alrededor de un centímetro que son ideales al dejar pasar toda la luz y sin embargo, desde cierta distancia, hace difícil distinguir lo que hay detrás.

En el próximo número entraremos en profundidad en la selección de variedades, ya que este es el otro factor clave a la hora de conseguir los resultados esperados. Hasta entonces, un saludo.