Tras la experiencia anterior en terraza cultivando variedades automáticas de alto rendimiento, vamos a abordar un nuevo cultivo intensivo, pero en este caso en interior y con un objetivo: comprobar si el cultivo de autos es rentable con respecto al de los esquejes de toda la vida. Lo cierto es que, al menos en nuestro país, por su latitud y fotoperiodo es ideal para el cultivo de este tipo de variedades desde primeros de mayo a mediados de junio obteniendo unos resultados más que razonables. Pero para el indoor hacen falta 20 horas de luz continua, lo que hace subir los costes.

Texto y Fotos: Luis Hidalgo

 

En el capítulo anterior hemos visto como se puede obtener una cosecha veraniega en una terraza, con muy poquito tiempo y cuidados, a pesar de que utilizamos unas técnicas poco habituales para la fase de floración que denominamos “terraponía” y que se basaba en utilizar la tierra justa para mantener la planta durante el ciclo vegetativo y después, sin trasplantar, comenzar un programa adaptado de nutrición hidropónica teniendo en cuenta laya a sentadas, r estructura del sustrato completamente colonizado por el sistema radicular.

Producción Real

El caso es que queda claro una de las utilidades claras de las variedades automáticas o autoflorencientes es la cosecha fuera de temporada al sol es perfectamente posible, pero es claro que nunca podrán producir lo mismo que una planta que ha estado dos o tres meses de crecimiento vegetativo antes de entrar en floración. De aquí surge una cuestión muy interesante. Lo que parece que realmente importa de las autos, además de que coloquen, sepan y huelan bien y sus cogollos sean duros y consistentes, en definitiva, que a la hora de cosechar y fumar no se diferencien de las variedades clásicas. Todo se cumple, pero aparentemente fallan en uno de los factores más importantes: el peso final seco.

Lo cierto es que si nos paramos a pensar veremos que no todo es lo que parece y sólo tenemos que hacer una serie de comparaciones para que las dudas nos asalten. Lo que esta claro es que una planta que termina en 60 días desde que se germina la semilla no es moco de pavo, pues si nos ponemos a buscar variedades clásicas que cumplan esa condición, es muy posible que no encontremos ninguna. Hay que tener en cuenta que aquí es raro encargar 25 esquejes y que te los entreguen al día siguiente y que, lo más usual, es que los enraíce uno mismo.

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Siendo así, entre que el esqueje agarra y comienza a crecer también pasa tiempo y mínimo 15 días de crecimiento vegetativo habrá que darle para que forme una buena estructura y los tallos engorden lo suficiente antes de pasar a floración. Si tenemos en cuenta, además, que siempre tendremos paradas a lo largo del cultivo debido a trasplantes, podas y demás, contando con que trabajemos con variedades clásicas de las más rápidas del mercado, no terminaremos una cosecha antes de 90 días.

Por otra parte, quitando excepciones en los que se cultiva con técnicas de alto rendimiento y por profesionales o en grandes instalaciones, en un indoor lo normal es sacar unos 25 – 50 gramos planta, contando con meter unas 10 – 20 plantas por metro cuadrado (recordamos que si el espacio se satura de plantas el rendimiento baja), lo que se asemeja mucho a los rendimientos obtenidos con prácticamente todas las variedades auto de alto rendimiento y bien estabilizadas, con la ventaja de que su ciclo total de luz es realmente de 60 días desde la germinación, y aunque su consumo de luz es mayor, la producción final en seco es igual o mayor que en los clones como veremos más adelante, con lo que al final, echando cuentas, podemos llevarnos al final que otra sorpresa inesperada.

Producción Estimada

 

En base a todo lo que comentábamos más arriba, parece que llega el momento de comparar en vivo y en directo que es lo que sucede cuando ponemos esquejes y autos al mismo tiempo, con la salvedad del ciclo de 20 horas continuas que reciben de luz estas últimas durante todo el vegetativo y el primer tercio de la floración con respecto a las 12 horas necesarias para inducir la floración en las variedades clásicas.

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Para ello, vamos a escoger unas automáticas de las más productivas, como son las Auto Bud, de Autofem Seeds y como variedad clásica, unos esquejes de Big Bud de Sensi Seeds seleccionados que aunque no han intervenido en el desarrollo de la variedad automática si que son de la misma familia que los que se utilizaron en el proceso de crianza para obtener el híbrido final. Se trata de que la producción estimada de la variedad clásica sea más o menos previsible y de esta forma utilizar ese dato como punto de control para saber si todo ha ido correcto en su cultivo y si así ha sido al final, poder realizar una comparación correcta con la producción de las automáticas.

Vamos a realizar el cultivo de comparativa en interior por varios motivos: El primero y más importante es el control total sobre el fotoperiodo e intensidad y tipo de la luz utilizada en cada fase del cultivo tanto de los clones de la línea clásica como en el de las autoflorecientes al objeto de equilibrar en el caso de estas últimas su necesidad de luz. Hemos de remarcar el hecho de que las variedades que vamos a utilizar se encuentra actualmente mejorada y ya es posible ponerla a 12/12 tras unos quince días tras haber comenzado la floración sin merma en la producción final ni en su calidad, lo que supone un avance, al ahorrar casi otros 15 días de luz a 20 horas y además brindando la posibilidad de utilizar el cuarto de floración de las clásicas para meter también autos avanzadas en floración.

Así pues iniciaremos el cultivo de las dos especies, autos y clásicas, en la misma sala de crecimiento vegetativo, y vamos a contabilizar el tiempo de todos los procesos que intervienen en el cultivo para obtener una idea real de cuanto tarda a ciencia cierta cada una de ellas y así poder sacar conclusiones objetivas sobre la utilidad real de las automáticas en interior.

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Punto de Partida

Vamos a trabajar 10 plantas de cada tipo por metro cuadrado en dos mesas de cultivo separadas. Para empezar a contar tiempos, lo haremos desde el momento en que ponemos los 10 clones de Big Bud a enraizar, mientras que simultáneamente colocamos 15 semillas de Auto Bud feminizada en una servilleta húmeda y dentro de una bolsa de plástico. Ponemos cinco de más para estar cubiertos por si hubiera problemas de germinación y obtener al menos diez hembras viables.

Además, vamos a tener otra serie de detalles en cuenta, como son el tamaño de la maceta, un factor imprescindible a la hora de obtener los resultados adecuados con las autos, ya que uno de los factores que disparan la floración es precisamente el contacto de las raíces con el fondo de la maceta, momento en que comienzan a penetrar de nuevo en el sustrato y a formar la segunda o tercera generación de raíz. Por esto es necesario un recipiente de gran tamaño y a ser posible profundidad para que las autos adquieren la mayor y mejor estructura posible antes de entrar en floración.

Al final veremos como no todo el sustrato ha sido colonizado por las raíces y si no fertilazos en demasía, podremos reutilizar la tierra. No sucede así con los clones, que consumen absolutamente los 20 litros de tierra que proporcionamos tanto para estos como para las autos. Los clones también se ven beneficiados de este tamaño de maceta y crecen más rápido desde el primer momento engrosando la base del tallo y ramificando a buena velocidad lo que se reflejará más tarde en unos cogollos más prietos y en una producción mayor.

En definitiva, vamos a intentar en la medida de lo posible que se trate de una comparación en igualdad de condiciones y como decíamos más arriba lo más objetiva posible, de manera que podamos obtener unas conclusiones reales y extrapolables a otros cultivos con condiciones semejantes ya que aunque utilicemos ciertas técnicas de cultivo adaptadas o algunos otros factores sobredimensionados como el tema del tamaño de las macetas o la luz para equilibrar las necesidades de las automáticas con respecto a las variedades clásicas, haciendo hincapié una vez más en que estas características “especiales” no se pueden considerar un desperdicio ya que en cualquier caso también potencian y facilitan el cultivo de estas últimas.

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Sana Competencia

Para terminar este capítulo de introducción, queremos dejar claras algunas ideas sobre el desarrollo de las serie y su objetivo, que no es otro que establecer unas bases comparativas que además de arrojar unos datos ya útiles por si mismos, nos permitan conocer las técnicas de cultivo más óptimas para lo que podemos considerar una nueva subespecie dentro del cannabis saiva L., ya que si bien la rudelaris, independiente del por excelencia ya se encontraba categorizada, estas variedades basadas en ella llegarán con el tiempo a conformar una familia por si mismas, con características propias y ya alejadas del ancestro original, manteniendo de aquel únicamente el carácter recesivo responsable de disparar la floración sin el estímulo de la oscuridad continuada.

De esa forma, si realmente el genotipo de estos híbridos se mantiene en su descendencia y así durante generaciones, muy posiblemente sucederá otro de los milagros del cannabis fruto de su capacidad adaptativa, y es que mientras la mayoría de los criadores de variedades narcóticas comerciales se centran en la maximización de la producción y el acortamiento del tiempo de cosecha, la especie por si misma ha proporcionado la posibilidad a aquellos que han sabido ver y observar de abrir una nueva puerta, descubriendo y corroborando una vez más que nuestra planta amiga es algo más que un simple medio de evasión. Salud, jóvenes.