Comenzamos otra aventura cannábica, una prueba más, una nueva iniciativa que nos lleve a descubrir lo que se encuentra detrás de un cogollo seco y manicurado. En este caso, y como comentábamos en el capítulo anterior, vamos a tratar de comprobar si realmente las variedades automáticas rinden más o menos que unos buenos esquejes de toda la vida en interior. La evidencia, como siempre acaba mostrándose de manera inevitable.

Texto y Fotos: Luis Hidalgo

Así pues, vamos a establecer las bases para la comparativa. Si recordamos, se trata de ver si unas plantas automáticas de última generación son capaces de producir lo mismo por metro cuadrado que unos clones seleccionados, por ejemplo, por su especial producción. Hoy en día existe la creencia generalizada de que las plantas automáticas o autoflorecientes rinden muy poco en comparación con las clásicas que necesitan cambio de fotoperiodo para florecer.

Montaje vegetativo

Como decíamos en el número anterior, vamos a iniciar el cultivo con un vegetativo común para los dos tipos de variedades que vamos a probar, ya que en principio la cuestión del fotoperiodo es favorable para las autos, y en cualquier caso, es totalmente aplicable a las variedades clásicas. Un fotoperiodo con 20 horas de luz continua acelera considerablemente el desarrollo vegetativo, tanto de clones como de plantas desde semilla, por lo que, en definitiva, resulta más conveniente en general que otros ciclos día/noche.

Si bien la comparativa final se realizará en base al resultado obtenido en un metro cuadrado, para el análisis cultivaremos dos metros cuadrados por cada tipo de cannabis. El hecho de trabajar con el doble de espacio y de plantas nos proporciona un mejor criterio al poder comparar también autos entre si, al igual que con los esquejes. En cualquier caso, siempre resulta necesario como mínimo duplicar los elementos intervinientes en este tipo de comparativas para evitar resultados sesgados a causa de errores o problemas imprevistos en el cultivo, ya que al disponer sólo de uno, no podremos saber si a ciencia cierta el resultado no ha sido influenciado por elementos o parámetros directamente relacionados con el cultivo y no con las características especiales de cada tipo de cannabis.

Siendo así, vamos a montar cuatro mesas de cultivo de un metro cuadrado cada uno y un foco de 400W de halogenuros metálicos encima de cada mesa como iluminación. Para evitar efectos indeseados, utilizamos un espacio de cultivo en el que cada mesa se ajusta a una esquina, dejando una “cruz” de espacio entre ellas como pasillos para poder acceder a las plantas con toda comodidad. Hacemos esto así a causa de la reflexión de la luz que en las esquinas siempre es mayor y en definitiva todo el reparto ambiental, es decir, luz, humedad y temperatura, pues de esta manera la homogeneidad de las condiciones nos asegura que no habrá variabilidad puntual en una determinada zona debido a una bolsa de aire caliente o a un “hot-spot” o punto de concentración excesiva de luz a causa de una mala distribución de la misma.

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El número mágico

La cuestión del número de macetas/plantas por mesa plantea algunos problemas. Por un lado nos encontramos con que no caben las mismas plantas si son de hoja ancha o estrecha, o si por ejemplo la variedad ramifica más o menos. En definitiva, a igualdad de número de plantas no todas las variedades ocupan el mismo espacio, y por supuesto, no producen igual dependiendo de su dominancia índica o sativa. Por esto es que la elección de variedades para esta comparativa ha sido una tarea difícil pero que finalmente fue resuelta quizá por la lógica más sencilla

En definitiva, si vamos a poner una variedad automática que es un híbrido de una variedad clásica, ¿por qué no utilizar esa misma variedad para la prueba? Es decir, en nuestro caso concreto, como comentábamos en el número anterior, como automáticas usaremos semillas Autofem Seeds y en concreto la variedad Auto Bud, cuyo principal componente clásico es precisamente la Big Bud de Sensi Seeds.

Si bien es cierto que a causa de la variabilidad genética no podemos asegurar similitud entre los dos híbridos (automático y clásico), en la práctica observamos que sí se establece una clara relación fenotípica entre ellos, además de mostrar patrones de crecimiento y floración muy similares. La elección fue acertada, como podremos comprobar por los datos que se irán publicando a lo largo de la serie. Al final se decidió colocar 17 plantas por mesa en disposición de 6 filas de 3 y restando una, justo la que cae encima del espacio de desagüe de la mesa de cultivo.

Como explicábamos en el número anterior, el tipo de maceta o contenedor es indiferente para las variedades clásicas, por lo que al final se utilizaron bolsas de cultivo por su economía y eficiencia. Sin embargo, para las variedades automáticas, y tras los estudios realizados por los componentes del banco durante los últimos tiempos, la elección de decantó hacia macetas de 15 litros pero con un formato poco usual, ya que dentro de los distintos modelos se escogieron las del tipo más alto y estrecho.

El motivo para ello es que según se ha determinado, en las variedades automáticas, uno de los factores decisivos para comenzar la floración es el momento en que la raíz toca el fondo de la maceta. A partir de este momento, las raíz principal inicia su desarrollo de nuevo hacia arriba, al interior del sustrato disparándose la producción de capilares, raíz secundaria y terciaria. Este hecho unido a otros más relacionados con el sistema hormonal es lo que hace que las autos comiencen a florecer.

Con este pequeño truco de las macetas altas ganaremos en producción ya que dentro del ciclo total de las autos la parte de crecimiento vegetativo puede ser ligeramente alargada con esta y otras técnicas como la aplicación masiva de nitrógeno. Aunque no lo parezca, diez días más de vegetativo pueden significar diez gramos más por planta al final, lo que multiplicado por 17 plantas nos vamos casi a 200 gramos más por metro cuadrado, lo que puede inclinar la balanza a su favor en el balance final en cuanto al factor producción.

 

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La Ventilación

Una de las cuestiones que suele preguntarse el cultivador novel de interior a la hora de montar el habitáculo de cultivo es qué hacer con la ventilación. En la mayoría de los manuales de cultivo se suele especificar que a la maría le gusta el aire limpio, con altos contenidos de Co2 y con un cierto movimiento y fuerza. Lo primero y básico son los ventiladores giratorios, que realizan la función de mover el aire, homegeneizando o igualando la atmósfera en cuanto a reparto de gases y creando un ligero viento que mueve nuestras plantas fortaleciendo sus tallos. Como efecto colateral, la humedad y la temperatura se verán modificadas por este viento artificial, igualándose más o menos en todo el espacio, dependiendo de si este es más o menos cerrado.

Si tenemos la suerte de cultivar en una habitación con ventana y tenemos la posibilidad de abrirla sin llamar la atención, sólo el o los ventiladores pueden ser suficientes durante la mayoría del año dependiendo de la temperatura ambiente en el exterior. Sin embargo cuando va llegando el calor, o si en invierno tenemos calefacción central, se hace necesaria algo más de ayuda para mantener una temperatura razonable dentro. También en algunas zonas de nuestra geografía, los bruscos cambios climáticos provocan que haya que aislar la habitación y por lo tanto, aplicar algún sistema para renovar el aire. Por supuesto, en entornos más cerrados como armarios medias habitaciones, despensas, etc… la renovación de aire se hace imprescindible. En nuestro caso, por supuesto, lo es.

Una de las preguntas habituales que incluso los cannabicultores experimentados suelen hacer es qué es mejor poner, un extractor o un intractor, es decir, meter o sacar aire. La respuesta que al principio parece obvia, no lo es tanto. Realmente, depende de un solo factor: Si tenemos acceso a cualquier l

ugar de donde podamos aspirar aire más frío que la temperatura ambiente del entorno de cultivo, aunque sea un solo grado, la respuesta es clara, meter aire es la mejor opción. Sin embargo, si la temperatura del aire del exterior de la habitación o armario es superior a la del interior, habrá que sacar.

En cuanto a la renovación de aire, vamos a poner un ejemplo bastante clarificador. Imaginemos un bar o pub atestado de gente fumando y lleno de humo. Incluso con una potente extracción se hace casi imposible mantener la atmósfera limpia. Por el contrario, cuando se abre la puerta entra una bocanada de aire limpio que vacía completamente la estancia de humo. En un instante se ha ventilado todo el espacio.