Mediado el verano, entre los meses de julio y agosto y como cada año por estas fechas, se acerca el comienzo de la floración de nuestras queridas plantas. Por ello, aprovecharemos estas páginas para repasar algunos de los conceptos básicos sobre la fase reproductiva del cannabis.

En el exterior, el cannabis comienza a florecer cuando los días empiezan a acortarse y se reduce el fotoperiodo de luz que reciben las plantas, aunque esto puede variar según la variedad y los diversos estímulos endógenos y ambientales. Cada variedad tiene un tiempo de floración determinado, por regla general, las variedades índicas, junto con las ruderalis y algunos híbridos, son más tempranas y tardan menos tiempo en florece que las variedades más sativas. Por norma general, en el hemisferio norte, el cannabis florecen entre los meses de agosto, septiembre y octubre, pudiendo alargarse en algunos casos hasta los meses de noviembre y diciembre si cultivamos sativas puras.

El cannabis medicinal o “sinsemilla” es muy apreciado por su alto rendimiento y peso floral, así como por su elevada producción de resina y principios activos. Para cultivar cogollos de marihuana “sin semilla” deberemos asegurarnos de que nuestras plantas no son polinizadas eliminando del cultivo todos los ejemplares macho. A lo largo del siguiente artículo trataremos también, a modo de repaso, la fase previa a la floración o prefloración y todos los aspectos relacionados con el sexado de nuestras plantas.

LA PREFLORACIÓN

La prefloración es el tiempo que trascurre entre la fase vegetativa (crecimiento) y el comienzo de la producción de flores. Este corto estadio del desarrollo de las plantas se caracteriza por la aparición de los primordios o preflores, coincidiendo en exterior con la reducción progresiva de las horas de sol (hacia la mitad del verano), alrededor de la sexta u octava semana de vida de la planta. En la Península Ibérica la floración de las plantas suele iniciarse entre la última semana de julio y las primeras de agosto, dependiendo de la variedad cultivada. Aunque, como hemos dicho antes, puede variar según la variedad y los diversos estímulos endógenos y ambientales.

Las preflores pueden observarse a simple vista o con la ayuda de una pequeña lupa de mano y son el primer indicio de que nuestras plantas están preparadas para florecer. Crecen en los entrenudos de las ramas, justo detrás de las espítulas, tienen forma de pequeños apéndices laminares formados en la base del pecíolo de las hojas y tallos, y nos permiten conocer el sexo de cada individuo con gran precisión. Aprender a diferenciar las preflores masculinas de las femeninas nos  ahorrará tiempo, dinero y cuidados innecesarios en plantas macho que acabaremos desechando.

Las preflores masculinas o preflores estaminadas brotan cuando las plantas alcanzan las seis u ocho semanas de vida, surgiendo detrás de las espítulas o brácteas, en el cuarto o quinto entrenudo del tallo central de estas, y no suelen llegar a ser flores completas. No obstante, algunas variedades (especialmente las sativas y algunas ruderalis) no precisan necesariamente de un fotoperiodo corto (12/12 horas) para producir flores masculinas y liberar su polen. Además, por lo general, las plantas macho comienzan a florecer antes que las hembras, así que conviene que prestemos atención y nos fijemos bien en todas las plantas y su morfología a fin de poder descartar las plantas machos lo antes posible.

Las preflores femeninas aparecen, al igual que las masculinas, detrás de las espítulas o brácteas, en el cuarto o quinto entrenudo del tallo central de las plantas. Estas preflores femeninas están formadas por una pequeña vaina color verde claro que recibe el nombre de cáliz y dos pequeños pelillos vellosos en forma de “V” y de color blanco, amarillo verdoso, rosados o color violeta llamados pistilo. Ver imágenes III y IV.

Para acelerar la entrada de nuestras plantas en la floración conviene que cambiemos su nutrición aportándoles un abono rico en fósforo y potasio, con baja concentración en nitrógeno. También podemos encontrar en el mercado diferentes preparados y estimuladores  a base de vitaminas, enzimas y aminoácidos de origen vegetal para esta fase del cultivo muy recomendables a la hora de maximizar la producción de cogollos y resina.

EL SEXADO

Para poder cultivar marihuana “sinsemilla” es imprescindible que desechemos de nuestro cultivo aquellas plantas productoras de polen (machos y hermafroditas) para evitar así que nuestras plantas se polinicen. Como mucho lectores sabrán ya, el cannabis es una planta dioica anual (monocárpica), es decir, que existen plantas masculinas (productoras de flores estaminadas y polen) y plantas femeninas (productoras de flores pistiladas y óvulos), y tanto las plantas masculinas como las femeninas florecen sólo una vez en su ciclo vital, produciendo de modo gradual flores hasta agotar su capacidad productiva. En algunas ocasiones también pueden dar ejemplares productores de flores de ambos sexos, hermafroditas, con capacidad tanto de polinizar a otros individuos como de autopolinizarse a sí mismas, pero esto no es lo habitual.

En ocasiones, al cultivar “sinsemilla” (sólo hembras e incluso desde esquejes), hay plantas que producen algunas flores masculinas para intentar captar polen y poder reproducirse. Esa es la causa de que a veces encontremos semillas al fumar en algunos cogollos sin que haya habido ningún macho de por medio. Si descubrimos alguna de estas plantas en nuestro cultivo y sus flores masculinas son escasas, podemos retirarlas con ayuda de unas pinzas. Si son numerosas y la planta es realmente ambigua es aconsejable desecharla para evitar que polinice al resto de plantas hembra. 

Las flores masculinas o estaminadas se forman en los ápices de las plantas, miden alrededor de 6mm de largo y su color va del verde pastel al amarillo. Crecen en pequeños racimos (racimo floral estaminífero) y cuelgan de los entrenudos de las ramas de las plantas esperando a abrirse para liberar su carga de polen amarillento. Resultan bastante sencillas de localizar y desde su aparición hasta que comienzan a liberar el polen pueden pasar diez o doce días. Además, la morfología de las plantas masculinas cambia al llegar la floración. Se alargan o espigan para quedar por encima de los ejemplares femeninos y poder así polinizar el mayor espacio posible.

Las flores femeninas o flores pistiladas se forman detrás de las espítulas o brácteas, la intersección de las ramas con el tallo central de las plantas. Surgen a partir de las preflores femeninas, y estas son morfológicamente muy similares. La mayoría miden de 6-12mm, y están formadas por una pequeña vaina color verde claro que recibe el nombre de cáliz y dos pequeños pelillos vellosos en forma de “V” y de color blanco llamados pistilos (en algunas variedades estos pistilos pueden ser color violeta). La floración de las plantas hembra altera también la morfología aumentando la distancia entre los nudos de las ramas para hacer sitio a los cogollos. Las plantas hembras forman tallos más gruesos, fuertes y cortos. A medida que avancen los días y nos adentremos en la fase de floración el crecimiento de las plantas se detendrá y aparecerán las primeras inflorescencias. La floración habrá dado comienzo.

(Continuará)