Está claro que el uso medicinal del cannabis nada tiene que ver con su utilización como divertimento o como herramienta para el conocimiento interior o de manera ritual en ceremonias religiosas. Hasta hace muy poco no se reconocía esta diferencia, y si bien es verdad que los usuarios de cannabis por motivos de salud suelen tener muchos elementos en común independientemente de su enfermedad, hasta el día de hoy nunca se había establecido un protocolo de cultivo y posterior proceso del cannabis específico para uso medicinal que cumpla con unos estándares susceptibles de ser aceptados como “medicina oficial”.  Lo presentamos aquí, en Cannabis Magazine

 Texto y Fotos: Luis Hidalgo

 La cultura de la “medicina popular” ha existido desde el principio de los tiempos, llevada siempre de la mano de chamanes, sacerdotes, iluminados o simplemente “sanadores”. En cualquier grupo de mas de cinco individuos, desde que la evolución dio inteligencia a lo que hoy denominamos “ser humano”,  siempre ha habido algún integrante que ha probado plantas y otros tipos de productos naturales más o menos procesados en busca de “medicina” para curar el cuerpo, el alma, o los dos a la vez, de las distintas dolencias conocidas o desconocidas.

Sin embargo, el concepto actual de “medicina” o “medicamento” en el mundo occidental difiere mucho del que siempre ha existido a nivel tribal fuera de lo que se define como “civilización postindustrial”. Para empezar, el cambio radical llegó cuando se diferenció entre medicamento y “droga” en sentido peyorativo, o sustancia de abuso. Ciertamente, hasta la segunda mitad del siglo XX. existía un acceso libre a todo tipo de medicamentos, ya fueran “naturales”, “procesados”, o sintetizados por la entonces incipiente industria farmacéutica europea y sobre todo, norteamericana.

Variedades medicinales de cannabis

Medicamento + Placer = Droga

Así pues, lamentablemente en la actualidad existen varios organismos internacionales que determinan, categorizan y regulan lo que conocemos como medicamentos, variando ligeramente las leyes de país en país en cuanto a su uso y distribución. Y no estamos hablando sólo de productos desarrollados en un laboratorio, sino de plantas y animales que contienen de por si principios activos y/u otros compuestos con efecto medicinal para muchas dolencias, y de los que de hecho se extraen y combinan para obtener una presentación comercial adecuada.

Aquí se presenta un problema ético muy importante, y es el hecho de que si la madre tierra a través de la naturaleza nos lleva proporcionando de manera gratuita innumerables remedios y medicinas desde hace tiempo inmemorial, ¿Por qué el hombre “civilizado” del siglo XXI se empeña en prohibir su uso fuera de los canales establecidos por la medicina “oficial” y sus órganos reguladores? En la actualidad es permanente un extraño fenómeno y es el hecho de que un medicamento debe curar o paliar una serie de síntomas considerados como enfermedad, pero no proporcionar placer ni efectos psicoactivos. En el momento en que se detecta que un determinado medicamento se utiliza fuera de dicho circuito “oficial” bajo prescripción médica, o bien se complica su adquisición o bien directamente se retira del mercado pasando a considerarse como “droga”, narcótico, estupefaciente o sustancia de abuso, siendo penada su síntesis o producción, uso, tenencia compra y venta.

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Pero por otra parte, la medicina occidental actual también ha realizado mejoras en la diagnosis y tratamiento de enfermedades, como se puede apreciar por el aumento de la esperanza media de vida, que en algunos países ya se acerca a los 90 años. Esto se debe a varios factores, la tecnología que permite realizar cada vez más y mejores investigaciones, la financiación necesaria para realizarlas y continuar manteniendo el ritmo de avance tecnológico, y el uso de este para optimizar el control de calidad de los medicamentos una vez que se presentan en el mercado. Tengamos en cuenta que un nuevo medicamento “oficial” para uso humano puede llegar a tardar 5 ó 10 años, o incluso más, desde que se descubre hasta que se aprueba su puesta en el mercado, después de innumerables pruebas primero con animales y más tarde en ensayos clínicos controlados con humanos.

Aún así, muchos de los medicamentos “farmacéuticos” que se utilizan hoy producen multitud de efectos secundarios indeseables, algunos realmente preocupantes e incluso la muerte. De hecho, se da el caso de que un paciente se niegue a tomar un medicamento tras leer la información sobre efectos secundarios e interacciones con otros medicamentos, pues parece que la supuesta medicina va a perjudicar aún más la salud dañando sistemas más o menos sanos del enfermo.

Variedades medicinales de cannabis

La ventaja del estándar

Pero no todo va a ser negativo: La medicina occidental “oficial” actual se basa en dos principios fundamentales: el primero, el médico que prescribe un medicamento debería conocer tanto sus efectos sobre la patología de cada paciente concreto como el peso de su acción curativa o paliativa con respecto al perjuicio causado por los efectos secundarios de su uso una vez realizado y asegurado el diagnóstico del paciente. El segundo, que los medicamentos que se utilizan en un determinado tratamiento son siempre lo que deben ser y su composición y concentración de principios activos no varía con el tiempo, de manera que aunque éste factor no  resulte cien por cien determinante, al menos minimice los ensayos de prueba y error con el paciente hasta dar con el tratamiento adecuado para una persona concreta, esto es, los compuestos a utilizar, su dosis y posología.

Imaginemos por un momento, como comentábamos en el número anterior, que un medicamento analgésico muy generalizado actualmente como es el paracetamol, viniera con una presentación en las que cada comprimido tuviera de 200 a 500 mg de principio activo, pero mezclados y sin saber con seguridad cual tiene 300mg y cual 475mg… Sería realmente complicado su uso sin que algunas personas sufrieran repentinas crisis hepáticas, por ejemplo, aunque mejoraran ss dolores de cabeza.

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De todo lo anterior deducimos que la estandarización de los sedimentos y su presentación en un formato que mantiene inalterables sus principios activos durante un periodo de tiempo razonable si se conservan adecuadamente representa una gran ventaja y un avance fundamental en la medicina occidental moderna, aunque ello conlleve que la medicina “tradicional” basada en el uso de plantas y ciertos elementos animales como insectos, glándulas de animales superiores o sus venenos, etc, se vea en cierto modo relegada a un segundo plano, aunque en muchos casos sea aceptada por los distintos cuerpos médicos y especialistas como tratamientos complementarios o alternativos, aunque nunca se implicarán directamente en su uso a nivel estándar, pues raramente cumplen unas normas mínimas para poder ser aplicado con seguridad en un determinado tratamiento.

Cannabis estandarizado como medicina

Queda claro pues que el uso de cannabis con fines exclusivamente medicinales difiere de cualquier otro, y es por esto que vamos a establecer las bases para que lo que vamos a producir de manera completamente natural pueda ser considerado como medicamento, por lo que en realidad estamos hablando de dos temas relacionados pero diferentes: Una metodología  de cultivo que nos proporcione un producto base de alta calidad y relación entre cannabinoides dentro de un rango controlado, y un protocolo claro y sencillo para su proceso y estandarización como medicamento, susceptible de ser recetado por un médico “oficial” con todas las garantías tanto para él como para el paciente.

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Para empezar, si recordamos el capítulo anterior, veremos que lo ideal sería cultivar al menos tres cepas o variedades diferentes, con las proporciones entre cannabinoides estándar determinadas por la IACM, más tarde veremos por qué. Para localizar estas cepas, aparte de las vías expuestas (ver numero 110 y 111), deberemos tener acceso a algunas muestras ya secas y listas para su consumo con el fin de analizarlas. Para ello, por suerte en la actualidad esto se puede hacer por un coste más que razonable a través de distintos laboratorios y asociaciones. En concreto, la Fundación Canna realiza este tipo de análisis de manera rápida y eficiente y en algunos casos hasta de manera gratuita, dependiendo del caso concreto.

Para el análisis deberemos homogeneizar la muestra, esto es, reducirla a polvo, para lo que debe contener no más de un 15% de humedad. En este paso prescindiremos de otro tipo de análisis como de pesticidas o de metales pesados, ya que lo que nos interesa es que la cepa analizada contenga una relación adecuada entre sus cannabinoides principales. Si realizamos unos 10 análisis, el coste debería estar por debajo de los 500€. Lo ideal es ponerse en contacto con la Fundación Canna u otra asociación o laboratorio, exponer el caso y llegar a un acuerdo económico por los análisis iniciales y los que posteriormente habrá que realizar con periodicidad para el control de calidad a lo largo del tiempo.

Una vez tenemos localizadas las cepas iniciaremos su cultivo desde esqueje, teniendo en cuenta que tendremos que mantener al menos tres madres, una por cada cepa, que serán las donantes de esquejes para los posteriores cultivos, asegurando así un mismo material de partida. Durante la fase de crecimiento vegetativo deberemos observar una serie de tareas de control de manera periódica y frecuente. Damos por sentado que estamos hablando de cultivos pequeños de no más de un metro cuadrado y 400W de potencia lumínica como máximo, teniendo en cuenta que el uso medicinal requiere de relativamente poca cantidad de cannabis en la mayoría de los casos. Por ejemplo, un paciente que llegue a consumir cinco gramos al día, que ya es una cantidad muy alta, tendría que producir unos 100 gramos de cada cepa, con lo que tendría aproximadamente para dos meses de tratamiento, justo el tiempo que tardan en acabar la mayoría de variedades, con lo que si inicia un nuevo cultivo justo tras la cosecha, volverá a disponer de medicina cuando se le termine el stock. Dentro de algunos capítulos abordaremos este tema en profundidad.

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Variedades medicinales de cannabis

Como lo que queremos es no utilizar pesticidas químicos ni elementos nutrientes que puedan dejar restos perjudiciales en nuestras plantas, lo primero será asegurar que el espacio de cultivo se encuentra perfectamente desinfectado y a ser posible esterilizado. Es importantísimo que tenga la mínima o ninguna comunicación con el exterior por la cuestión de las plagas y posibles contaminaciones por distintos tipos de hongos. Se trata de cegar o sellar las posibles ventanas y cualquier punto por donde pudiera entrar un insecto, y pensemos que estos son muy muy pequeños… De igual manera hay que intentar hacerlo con  la puerta o acceso a la habitación donde se encuentre el cultivo, y en cualquier caso mantenerla abierta siempre el menor tiempo posible.

Una vez asegurado el entorno de cultivo, hay que hacerlo con los esquejes que vamos a plantar, examinándolos exhaustivamente para detectar huevos o cualquier síntoma o señal de estar contaminados, desechándolos a la mínima sospecha. También es muy recomendable hacer lo mismo con la tierra o el medio en el que vengan enraizados pues también puede ser un foco de infección potencial. Si no tenemos acceso a más esquejes y los que tenemos no están 100% asegurados, siempre podemos dar un primer y ÚNICO tratamiento agresivo con un agente químico vía foliar, siempre con la seguridad de que sea biodegradable, esté indicado para plantas o frutos destinados al consumo humano  y desaparezca completamente en un plazo de tiempo no mayor  de 30 días.

En el próximo capítulo continuaremos con la metodología de cultivo para uso medicinal y seguiremos comentando el protocolo de estandarización que permita que el cannabis que vamos a consumir es el justo y adecuado para la enfermedad que intentamos aliviar. Hasta entonces, un saludo.