Obtén varias cosechas y psicoactividades muy diferentes de la misma planta

Por Jim ContainerHunter

La mayor parte de cannabicultores, tanto de interior como de exterior, propende a utilizar variedades de recolección temprana, y en bastantes casos lo más temprana posible. Dicho planteamiento es muy lógico y muy práctico, pero las cosechas tardías y extra-tardías, si te las puedes permitir, pueden dar lugar a resultados tan inusuales como interesantes. Por no hablar de cosechar en varias tandas, una de ellas temprana.

Si eres cultivador de exterior (y más aún si realizas tan noble actividad en condiciones de guerrilla), lo más normal será que quieras recoger tu cosecha lo antes posible por una larga lista de razones que no voy a negar: no tener que esperar hasta fin de año para poder fumarte un porro producto de tu autocultivo, salvar tus cogollos de los ladrones -que pueden ser simples domingueros- o Guardias Civiles rurales -a ver si nuestros parlamentarios cambian ya las leyes de una puñetera vez y las adecúan a la realidad, narices. Vamos a tener que darles algún empujoncito-, escaparte de los mohos y las heladas… Si cultivas en interior querrás sacar cuatro, cinco o hasta seis cosechas al año y no sólo tres, ya que en el segundo caso la hierba te estará saliendo más cara al tener que pagar más horas de electricidad y más nutrientes por cada gramo.

(Recordamos que si cultivar marihuana es ilegal porque la legislación al respecto está mal hecha y necesitada de actualización y adecuación a la realidad, trucar el contador de la luz es ilegal y delictivo lo mires como lo mires y te pongas como te pongas, por no hablar de abusar cual vil macarra de los recursos de la sociedad).

Por esas evidentes razones hay tanto fumeta que cultiva modalidades con gran componente índico, pese a preferir el efecto activo y eléctrico de las sativas. Y a eso hay que añadir -por regla general, aunque no taxativa- la mayor producción de las índicas, así como su mayor discreción gracias a su porte más compacto y menor talla en caso de cultivar en exterior, y que no te crezcan hasta el techo en caso de cultivar en interior.

Los cultivadores outdoor de sativas (y, sobre todo, de sativas puras) suelen ser los que ya llevan años de experiencia y/o se lo pueden permitir porque viven en zonas de clima cálido y carente de heladas; los sativeros indoor son los que tienen mucha paciencia, fuman poco, buscan más cierto concepto de calidad que de cantidad o están tan irrenunciablemente enamorados del vuelo sativo que afrontan los inconvenientes de su cultivo (se ven obligados muchas veces a poner las semillas o esquejes en régimen 12/12 nada más nacer/ser trasplantadas para que les quepan en el indoor al final de la floración, lo cual también compensa sus largos plazos de cogollado).

No lo voy a negar, por supuesto.

Pero sí voy a decir que recoger parte de tu cosecha de exterior en diciembre, enero o incluso febrero aporta un montón de probabilidades que puedes ni haber imaginado (se puede decir lo mismo de dejar una o dos plantas de tu indoor cogollando un par de meses más. La principal es que pensarás que estás fumando una hierba totalmente diferente, con un colocón que puede resultarte maravilloso. Y otra puede ser que, en la práctica, estés obteniendo dos cosechas de la misma planta.

LOS COGOLLOS DE RECOLECCIÓN MUY TARDÍA COLOCAN DE OTRA MANERA

Hay razones científicas al efecto, relacionadas con los porcentajes de cannabinoides y la formación de éstos. La más importante está relacionada con el THC (pero no es la única) y su “evolución” a CBD, y de CBD a CBN.

Sobre el CBD (Cannabidiol), cómo no, hay mucho que contar. Recordad que las marihuanas consideradas “medicinales” suelen ser las que presentan un alto porcentaje de CBD. En principio (aunque no me queda más remedio que ponerme demasiado simplista, pero…), el CDB es uno de los principales cannabinoides (y, muy posiblemente, el que más) causantes de un efecto relajante, o incluso planchante-apalancatorio. Las marihuanas muy, muy subidas a la parra en CBD suelen ser lo que los angloparlantes denominan couchlockers, es decir, no te dejan ni levantarte del sofá.

Simplificando muy mucho, podríamos decir que “el THC es lo hace que el cannabis te suba, y el CBD lo que hace que te baje”. Por esa razón, el colocón de las marías muy altas en THC y muy bajas en CBD (casi siempre sativísimas; en caso de landraces lo más normal es que sean asiáticas, suramericanas o africanas… aunque hay de todo) suele ser no sólo eufórico y energizante, sino también de muy larga duración (y con otros posibles efectos añadidos, como sensación de “mente clara” y un hambre lobuna durante la bajada, de las de devorarte enteritas la despensa, la nevera y a tu padre por los pies).

Hay autores que dicen que el THC, sobre todo por efecto de la luz solar, “evoluciona a CBD”, los hay que consideran que “se degrada, convirtiéndose en CBD”. Si nos ponemos finos y en plan estudiantes de Químicas, podemos decir que el THC se descarboliza por la acción de los elementos, dando lugar a moléculas diferentes. A fin de cuentas, los palabrejos nos vienen a dar lo mismo, si estamos hablando de efecto producido por fumarse un trócolo (mejor si son varios) nos vale con saber que el cuelgue de una marihuana cambia según el tiempo que hemos tardado en recolectarla, partiendo de los cannabinoides que ésta produce inicialmente, relacionados (inevitablemente) con su patrón genético ¿Cuántos miles de veces hemos citado en esta revista lo de mirar los tricomas con el minimicroscopio para ver si se están poniendo de color ámbar para cosechar en nuestro momento favorito?

Una de las razones de que el hachís marroquí sea más relajante que energizante, además de la genética eminentemente índica de las razas autóctonas de la zona (cada vez menos puras, por cierto) es el método tradicional de secado que allí se realiza, ya que dejan las plantas cortadas en los techos de las casas para que las “tueste” el sol, lo cual pone el CBD de éstas por las nubes, a expensas del THC. Hay cultivadores marroquíes (pocos, tristemente) que se han aprendido el truco y secan su cosecha no sólo a la sombra, sino dentro de una habitación oscura y bien ventilada, con lo que obtienen un hachís que se considera (con razón) de mejor calidad, al producir un efecto más marchoso y tener un sabor más fresco y herbal (aunque en algunos casos resulte menos marcado que el tradicional).

Pero es que el CBD, a su vez, suele evolucionar/degradarse hacia CBN (Cannabinol), cannabinoide aún más raro y sobre el que se sabe mucho menos. Yo, personalmente, tengo la teoría (avalada por la dura experimentación, es decir, por los enormes globos que me he agarrado tras fumar según qué) de que el CBN produce efectos más fliposo-pastilleriles, con un coloconazo marcadísimo y bien gordo, en algunos casos de no creerte lo requeteciego que vas… ¡que es lo que a casi todos vosotros os gusta, panda de viciosos!

Ítem más, hay un cannabinoide más bien inusual, el THCV (Tetrahidrocannaverina), que sólo aparece en algunas sativas puras asiáticas y, en menor medida, africanas, todas muy cotizadas. Por citar alguna hierba asequible al público español que lo contenga, la Royale Haze del magnífico Banco vasco Dinafem es un caso claro. Pues bien, a dicha Royale Haze la conozco personalmente por haberla cultivado en exterior y doy fe de que suelta un cebollazo de aquellos, ideal para juerga, concierto o sexo con pibón por su glorioso efecto, combinación de derretirte el cerebro, darte una caña de lo más energizante y durar mogollón (eso sí, cuando al final se te pasa el subidón lo más normal es que te tengas que meter en la cama a dormirla). Pues sobre la evolución/degradación/descarbolización del THCV apenas existen estudios y casi nadie sabe a ciencia cierta qué cannabinoides salen de ahí ni qué resultados producen en el ser humano (no tengo muy claro que todos mis lectores puedan englobarse en dicha categoría, hay cada mala mutación descerebrante por ahí…).

Porque, y aquí viene lo mejor de todo, de momento se sabe de la existencia de unos ¡66 CANNABINOIDES DISTINTOS!, por lo menos, que incluyen algunos tan curiosos como el ácido cannabidiólico o las muy crípticas anadamidas. Y son el paso del tiempo y el efecto del oxígeno del aire y la luz del sol los factores que hacen que la planta los produzca en los tricomas de sus cogollos, partiendo de otros cannabinoides más “usuales” (las bajas temperaturas invernales también pueden influir en algún caso).

Así que ya sabes. Si quieres obtener psicoactividades muy diferentes, un buen sistema es no cosechar la planta entera y dejarla producir unos cuantos cogollos dos o tres meses más. Partir de ciertas genéticas específicas también puede resultarte muy útil, como es lógico ¡Pero se supone que leéis mi serie “Surfeando por Internet” para enteraos de modalidades que se salen de los caminos trillados y plantarlas, diantre!

SABER EN QUÉ ORDEN Y MOMENTO FUMAR LAS DISTINTAS MARIHUANAS: GALARDÓN DEL PORRERO PROFESIONAL

Y, además, a los cogollos muy pasados de rosca en materia de CBD y CBN hay que saber fumarlos si lo quieres es pillarte un mocazo monumental, de los de no tener nada que envidiar a las drogas químicas.

Si te clavas dos o tres porros de marihuana alta en CBD y CBN y no tan alta en THC te cogerás un pedo más relajante que otra cosa y de duración más breve que si lo hubieras hecho con maría alta en THC y baja en CBD, dada la combinación de éstos en tu metabolismo. Pero si primero te fumas dos de yerba alta en CBD y luego te atizas uno de maría fortachona y alta en THC, es muy posible que éste último te suba a lo bestia, más aún que si te hubieras atizado tres de esa “segunda” maría presuntamente más fuerte.

Lo que acabáis de leer es algo que yo descubrí por las malas y me costó alguna llegada a casa en condiciones realmente lamentables. Y tiene una razón científica: ya tienes el CBD y el CBN danzando por tu metabolismo produciendo su efecto específico y entonces llega un aporte tirando a masivo de THC, con lo cual el CBD y el CBN “combaten” contra él dentro de tu cuerpo, que se convierte en un campo de batalla sembradito de daños colaterales. Es decir, te agarras un ciego gordísimo, que es lo que ibas buscando porque eres un degenerado (lo cual no sólo sabías tú, sino también toda tu panda de colegas… que además son igual de tipejos que tú o incluso peores -aunque parezca difícil-).

ANÍMATE Y ELIGE MODALIDADES QUE TE PERMITAN COSECHAR BIEN TARDE

Si no tienes que recoger tu cosecha de exterior a toda velocidad por culpa de los ladrones, los picoletos o el SEPRONA, puedes permitirte unas cuantas chuladas que te acabarán compensando sobremanera.

Para empezar, el peligro son los hongos, los mohos y la botrytis, no las heladas. ¡No os echéis las manos a la cabeza, joder, que estoy hablando en serio!

Porque, sabiendo elegirlas, hay modalidades de marihuana que resisten hasta cinco grados bajo cero sin ningún problema. Lo único que hace falta es saber elegirlas (y para eso me tenéis a mí).

Así, por ejemplo, entre la muy amplia gama de razas autóctonas puras (landraces, si te gustan los anglicismos) hay casos de lo más interesante, e incluso bancos especializados en ellas. Piensa que las hay que las hay que en su lugar de procedencia crecen a 2.000, 3.000 metros de altura o más ¡No me fastidies diciéndome que una modalidad de marihuana que crece a tres mil metros de altura en el Himalaya -como las Nepalese White Mountain, Parvati o Malana Cream-, o se tira medio ciclo vital a bajo cero en plena estepa centroasiática -como la Mazar-i-Sharif-, no va a aguantar un par de heladas en tu Comunidad Autónoma! Recuerda que hay un Banco británico, The Real Seed Company, líder en materia de genéticas asiáticas puras, que tiene en catálogo las cuatro que acabo de citar y unas cuantas más.

Más aún, hay Bancos suizos, austriacos y daneses que tienen en catálogo modalidades específicas para exterior (y estamos hablando de los Alpes, por ejemplo). Y que hay holandeses que plantan sativas en exterior, y el clima en su país es atroz. Por lo tanto, si vas a plantar al aire libre para cosechar en pleno invierno, deberías ir investigando los catálogos de bancos como Swiss Seeds, Zen Seeds o 55ºN Hybrider, por citar alguno, y a pensar en genéticas como las Double Dutch o Double Lock, o la celebérrima Purpurea Ticinensis –tiradísima de precio, encima-

Y en el caso del cultivo indoor, aparte de tirarte al sativerío más radical o a según qué índicas, deberías plantearte hacer experimentos con modalidades muy requetepolihíbridas -mi ejemplo favorito es la CPD Foundation de los citados Zen Seeds, daneses ellos, que demás es baratísima-. He comprobado que su condición de tales les produce una variedad de cannabinoides en la misma planta tremenda, culpable de curiosísimos ciegos, y si encima las dejas ultra-madurar puede que obtengas tremendas virguerías.

Con esta serie que comienzo en este número, no sé cómo me va a acabar saliendo de larga pero os vais a enterar de cada truco…