En estos últimos años, ha aumentado el consumo de cannabis con fines terapéuticos. Cada día son más los consumidores que emplean esta especie para aliviar las dolencias que sufren a causa de ciertas enfermedades.

Enfermos de cáncer utilizan el cannabis como paliativo para los efectos secundarios de los tratamientos médicos que reciben, como son las quimioterapias y radioterapias; enfermos de migrañas, esclerosis múltiple o SIDA han mejorado sustancialmente su calidad de vida gracias a los efectos de esta planta.

Todo parece muy bonito, pero la realidad es que debido a la legislatura actual que pesa sobre esta especie, es imposible poder acceder a marihuana de “calidad farmacéutica” de forma legal (existen excepciones pero no son aplicable a todas la comunidades españolas).

En consecuencia a esto, los enfermos deben recurrir al autocultivo (los más afortunados) o al mercado negro. El problema que conlleva el uso de cannabis procedente de estos sistemas agrícolas ilegales, reside en la calidad sanitaria del producto final, es decir, la posibilidad de que contenga algún contaminante que pueda resultar poco saludable cuando se consume.

Cuando se habla de cannabis medicinal siempre se hace referencia a la concentración de cannabinoides que tiene la variedad; bajo mi propio juicio no existen “variedades medicinales”, la experiencia nos dice que casi todas las variedades son aptas para su uso terapéutico, y que la selección de la variedad depende un poco del consumidor y sus dolencias.

Lo que realmente debe tener el cannabis medicinal, es una calidad sanitaria extrema, ya que este no debe poner en peligro la salud del consumidor. Hay que saber que los enfermos de SIDA, son más susceptibles a la hora de desarrollar enfermedades asociadas al consumo de cannabis, como la aspergilosis pulmonar.

Este artículo es el manuscrito original de donde se extrajo el tema para la conferencia sobre contaminantes que se impartió el pasado mes de Febrero en La Feria del Cáñamo y Tecnologías Alternativas, Spannabis 2009.

A continuación se estudiaran algunos de los contaminantes del cannabis más frecuentes y peligrosos para nuestra salud.

Contaminantes del cannabis

Los contaminantes del cannabis pueden tener una naturaleza muy variada, por ejemplo, restos de materias orgánicas e inorgánicas, insectos, hongos, y demás microorganismos que deterioran la calidad del producto cosechado, es decir, de las cimas florales femeninas (o cogollos) ricas en principios activos.

Los contaminantes se pueden clasificar de la siguiente manera:

1. Contaminates abióticos: Restos de arenas, polvo, pelos, plumas, excesos de nutrientes (en particular de N), trazas de metales pesados, pesticidas y fungicidas.

2. Contaminates bióticos: insectos, ácaros, hongos, bacterias, virus y otros organismos vivos.

Algunos de estos contaminantes cuando son consumidos, ya sean inalados o ingeridos, pueden causar diversos problemas de salud en personas sanas, por tanto pueden ser altamente peligrosos en personas con un sistema inmunológico más débil.

Contaminantes Abióticos

Los contaminantes abióticos por su naturaleza estan relacionados con la producción de campo, por ejemplo: la Calima, un fenómeno atmosférico típico del sur de la península y en Canarias que trae polvo en suspensión con inóculos infecciosos desde el norte de África. El polvo se deposita permanentemente sobre las hojas y flores del cannabis en estas regiones. Consumir esas flores recubiertas de este fino polvo causa tos e irrita las vías respiratorias.

Las plumas, o pelos además del oler bastante mal, pueden ser portadoras de enfermedades que podrían ser muy peligrosas para nuestra salud.

Los metales pesados son sustancias que se denomina así por que ningún ser vivo precisa de ellos para su metabolismo; aún en pequeñas cantidades son nocivos para nuestra salud. Recuerden un capítulo de la conocida serie “Dr. House” donde un paciente se había intoxicado con cadmio por consumir cannabis cultivado en suelo contaminado. Esto suele ser más probable en los “cultivos de guerrilla”, ya que raramente se hacen análisis del suelo. Además estos cultivos suelen abastecerse de agua no potable pudiendo contener metales pesados y/o peor aún, contener microorganismos (no fitopatógenos) que pueden pasar a las personas y causar graves enfermedades (salmonela, histoplasmosis, hepatitis, etc.).

Otra práctica poco saludable es el cultivo en recipientes empleados para almacenamiento de otros productos químicos como las pinturas.

Otras formas de contaminar no sólo al cultivo, también al suelo y las aguas, es el mal manejo de fertilizantes orgánicos (purines, estiércoles, etc.).

Sobre los pesticidas sólo hay que advertir una cosa: no existen estudios que respalden plazos de seguridad de las materias activa en cannabis (apto para consumo), por tanto debe evitarse su empleo en lo posible. Existen casos, no demostrados clínicamente, de varias personas que después de viajar a Holanda vacaciones y fumar marihuana de coffeeshops se intoxicaron, y no por THC. Durante varios meses las paranoias, entre otros síntomas típicos de intoxicación por pesticidas, les persiguieron. Algunos han vuelto a fumar, otros lo dejaron ese día. Una joven, en particular, precisó tratamiento sicológico durante un año; a día de hoy aún le tiene miedo al cannabis en todas sus formas.

La causa como se ha dicho, no ha sido demostrada, pero los grandes productores de cannabis no siempre cumplen las reglas de oro del buen cultivador de cannabis, y por tanto se sospecha que esa marihuana pudo contener residuos de algún pesticida.

Contaminantes bióticos

Los contaminantes bióticos son los contaminantes vivos del cannabis, organismos vivos que habitan sobre las plantas (microflora del cannabis) y que en determinadas condiciones pueden causar enfermedades. Estos microorganismos también pueden causar enfermedades oportunistas en las personas. La aspergilosis pulmonar es una de las infecciones oportunistas más común entre fumadores de cannabis; ésta, es causada por un hongo que se desarrolla sobre las cimas florales durante el almacenado en condiciones subóptimas; se propaga a las personas por inhalación.

Los contaminantes bióticos se puede dividir en: contaminantes macroscópicos o microscópicos. Los macroscópicos son los insectos, ácaros y otros animales diminutos. Estos contaminantes no suelen ser demasiado perjudiciales para la salud, pero aportan un olor y sabor muy desagradable al quemarse.

Los contaminantes microscópicos más comunes son los hongos, pero también las bacterias, virus y otros microorganismos pueden ser causa de enfermedades en el hombre.

Como se dijo antes, el empleo de aguas o fertilizantes de dudosa procedencia pueden contaminar el cultivo con microorganismos que no forman parte de la microflora del cannabis pero que pueden ser altamente perjudiciales para nuestra salud. Citemos unos ejemplos: en los años 80 se dio en Estados Unidos una epidemia de Hepatitis B; asociaron la enfermedad con una marijuana ilegal que procedía del mercado negro mejicano. Esta había sido fertilizada con excrementos humanos. Otro caso es el de cuatro policías portorriqueños que contrajeron Histoplasmosis después de destruir un campo de cannabis ilegal. Estos organismos no son fitopatógenos del cannabis pero en determinadas condiciones pueden pasar a las plantas y de ahí al consumidor.

En este artículo nos centraremos en los hongos fitopatógenos, que son los contaminantes más comunes del cannabis, y que se pueden clasificar en:

1.  hongos patógenos del cannabis
2. hongos de post cosecha.

Los hongos patógenos del cannabis son aquellos que utilizan el cannabis para realizar su ciclo vital. Los patógenos más comunes que pueden causar diferentes problemas de salud al consumirnos en elevadas concentraciones son los siguientes: Alternaria alternata, Trichotecium roseum, Fusarium sp., Botrytis cinerea, Sclerotinia sclorotiorum, etc.

Los hongos de post cosecha más frecuentes son Apergillus sp., Mucor sp., Penicillium sp. y Rhizophus sp.

(Continuará)