Retomando la primera parte de esta serie de tres artículos os recordamos que adquirimos diez semillas regulares de Northern Lights de Sensi Seeds Bank, para elegir nuestro parental masculino y una semilla feminizada de BlueBerry de Dutch Passion Seed Company, una de Brasil Amazonia de World of Seeds (que nos ofrece lo más cercano a variedades puras, provenientes de diferentes lugares del planeta y de crianza verdadera) y una de BubbleGum de Serious Seeds (la única variedad de la casa que está declaradamente mejorada sobre sí misma y no es un híbrido), para ser polinizadas.

Por Neal C. Borroughs

El espacio y las circunstancias elegidas para realizar estos cruces fueron un armario específicamente fabricado para el cultivo de 60x60x140 cm, una bombilla de 125 w CFL de bajo consumo, específica para crecimiento, y una de 150 w CFL de bajo consumo para floración, un extractor de unos 180 m3/h y un pequeño ventilador dentro del armario.

En relación al procedimiento y la planificación del cultivo existen diversas teorías, aunque nuestra experiencia nos dice que es mejor germinar las semillas feminizadas dos semanas antes que los ejemplares potencialmente masculinos.

Nosotros germinamos las diez semillas de Northern Lights cuando las tres variedades feminizadas ya llevaban unos 15 días bajo la bombilla de 125 w de crecimiento, dentro de tiestos de unos 7 litros, con un fotoperiodo de 18/6 y la bombilla bien cerca de ellas. Debemos aprovechar lo que nos ofrecen estas, hasta cierto punto, limitadas bombillas de bajo consumo: la proximidad a la pueden ser situadas. Esto es importante, principalmente, durante las primeras semanas de crecimiento.

Las Northern Lights, una vez germinadas y pasadas a tiestos más pequeños que los de sus acompañantes feminizadas (todas deben caber en el armario y las hembras, por ahora, necesitarán mucho más espacio que los más jóvenes y pequeños machos potenciales), son calzadas para alcanzar alturas similares a sus compañeras feminizadas y las dejábamos entre 15 y 20 días de crecimiento junto a “sus hembras” que cumplirían, a estas alturas, entre 35 y 40 días.

Durante los treinta y tantos días de crecimiento de nuestras hembras debemos realizar, al menos, una poda apical en ellas, a partir del cuarto o del quinto nudo, para que la mayoría de ramas de las plantas alcancen alturas similares y aprovechen los 150 w de bajo consumo que usaremos durante la floración. También debemos eliminar las ramas raquíticas que apenas reciban luz.

Alcanzado el final de esta etapa de crecimiento vegetativo, debiéramos tener unas hembras bien formadas y preparadas para la floración. Por lo que podemos cambiar la bombilla por la de 150 w, también de bajo consumo pero específica para floración, y el fotoperiodo por 12/12 (para los esmerados y los que buscan los mejores resultados, nosotros recomendaríamos 14 o 15/11).

Posteriormente, nos percatamos de que sería recomendable mantener los posibles machos fuera del armario de floración durante una o dos semanas más, continuando con su periodo vegetativo mientras le dan un margen de floración óptimo a las hembras, aunque si no podemos habilitar otro espacio donde poner la bombilla de 125 w que hemos quitado, no debemos preocuparnos si alguno de nuestros potenciales machos parece no estar preparado, aún, para la floración, puesto que pequeñas cantidades de polen pueden polinizar la práctica totalidad de una planta de las dimensiones que adquirirán nuestras hembras, además de existir la relativa probabilidad de que alguna de las plantas más desarrolladas sea un macho.

Algo a tener muy en cuenta es que la alimentación de las plantas, para una buena gestación de las semillas, difiere de la alimentación adecuada para plantas sinsemilla. Cuando buscamos potenciar el tamaño de nuestras flores en el proceso sinsemilla utilizamos un fertilizante específico para el periodo de crecimiento y otro para el de floración, además de potenciadores de floración, estimulantes, enzimas, etc. En el caso de la gestación, la planta demandará mayores cantidades de nitrógeno para formar la semilla, y no necesitará excesivos aportes de fósforo, aunque no debemos dejar de darle lo necesario para una correcta floración.

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La solución es bien sencilla (decantarnos por un buen fertilizante de crecimiento y otro de floración, biológicos, nos facilitará las cosas). Cuando comience el periodo de floración comenzamos a introducir en los riegos, progresivamente, el fertilizante de floración mientras descendemos el aporte de fertilizante de crecimiento, para alimentar a las plantas con todos los nutrientes que necesitan.

Un cultivador paciente y observador puede detectar las necesidades que tiene la planta por cómo se expresa en su apariencia y atajar estas necesidades o excesos modificando la cantidad de fertilizante o la frecuencia con la que lo utiliza, sin embargo, para la producción de semillas, es recomendable moverse siempre ligeramente por debajo de las cantidades recomendadas por la empresa que fabrica el fertilizante. Y en este caso utilizaríamos algo menos de la mitad recomendada, de cada fertilizante y en cada abonado, a lo largo de la gestación, después del proceso de adaptación arriba descrito.

Al igual que en los cultivos sinsemilla, es bueno practicar algún lavado de raíces, dejar que la planta descanse entre riegos con fertilizante e incluso utilizar enzimas hacia el final de la gestación. Quedan descartados todos los potenciadores de floración a no ser (como hemos especificado más arriba) que se necesite de alguno de ellos para saciar alguna necesidad especial de alguna planta. En estos casos recomendamos no mezclar los fertilizantes con los potenciadores en los riegos.

Si nos decantamos por inducir la floración a todas las plantas a la vez debemos ser escrupulosos y muy observadores durante los primeros 10 o 15 días. Las plantas macho suelen mostrar sus preflores masculinas antes que las hembras sus femeninas, por lo que si somos observadores, a los 15 días de inducir a la floración ya debiéramos tener diez sujetos definidos por sus preflores.

Como existe innumerable información acerca de cómo distinguir estas preflores, situémonos en el momento donde las hembras han sido descartadas. Puede que a alguien (como a nosotros) se le pase por la cabeza cruzar estas hembras con los machos de su mismo nombre. Llevar a cabo esta tentadora idea es un error fundamentado por diversas razones.

En primer lugar, en este caso en concreto, nos movemos en un espacio pequeño y tres plantas hembra, bien formadas y podadas, ocuparán generosamente el armario proporcionándoles el tiempo de crecimiento descrito.

En segundo lugar, y mucho más importante, estaríamos realizando un cruce endogámico. Esto no quiere decir que el resultado sean semillas de mala calidad, tipos de semillas que casi todos estamos habituados a probar, bien sea cultivándolas nosotros mismos por recomendaciones de terceros, por simple experimentación o porque hemos adquirido los frutos de estas semillas para consumirlos; semillas resultantes de dudosos cruces autóctonos; semillas sueltas provenientes de alguna flor ínfimamente polinizada, o que ha generado alguna flor masculina entre sus flores femeninas y se ha autopolinizado, produciendo la forma más severa de endogamia, el autocruce; o alguna otra, que alguien siembra año tras año en exterior y que ha desembocado en una depresión endogámica, empeorando sobre sí misma y produciendo la inevitable reducción de la potencia de las flores y descensos en el ritmo de crecimiento y en el rendimiento.

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Las nuestras seguirán siendo plantas moderadamente buenas pero, probablemente, por numerosas razones, no responderán a nuestras expectativas. Puede ser su inestabilidad, su falta de homogeneidad y de caracteres fenotípicos similares o por el rendimiento y calidad en comparación a sus progenitoras, pero lo más probable es que algo de esto suceda y nos defraude decantarnos por el cruce endogámico.

En tercer lugar, si es posible, lo adecuado es llevar estas hembras a otro lugar, aisladas o lejos del proceso de crianza, y dejar que continúen con su ciclo vital, obteniendo una abundante recompensa, en este caso, después de las dos semanas de inducción a la floración y según la casa, en menos de 40 días.

Lo normal es que a estas alturas estemos contemplando 3 o 4 machos (aunque podría pasar de todo, desde ningún macho a ninguna hembra, siendo esto último mucho más improbable).

Para realizar la selección, dado que no podemos probar esta carga genética mediante la cata y puesto que descartamos este proceso por su complicación (aunque sería lo óptimo), debemos observar las características externas de las plantas macho (su aspecto), la rapidez de germinación y crecimiento, su fortaleza y su adaptación al entorno de cultivo, haciendo acopio de características positivas y dejando tan solo un espécimen macho, que aportará la carga genética a las tres hembras.

Seleccionar un solo macho evitará complicaciones y estaremos seguros de que todos nuestros híbridos tienen el mismo parental masculino, posibilitando así, más adelante, continuar cruzando las semillas obtenidas, y realizar un pequeño y humilde proyecto de crianza. Cuando lo hemos llevado a cabo en estas pequeñas circunstancias de cultivo, obtuvimos genéticas a las que les tenemos especial cariño, algunas que conservamos e incluso alguna que volvimos a cruzar.

Por último destacar que una vez seleccionado el macho es momento de trasplantarlo a una maceta mayor (de entre 5 y 7 litros será suficiente) y advertir que cuanto menos tiempo tardemos en seleccionar al macho y trasplantarlo, mejor, así le causaremos menos estrés en etapas más importantes.

En el próximo número explicaremos, entre otras muchas cosas, cómo polinizar selectiva o masivamente, cuándo hacerlo, cómo conservar el polen esperando el momento óptimo para polinizar a las hembras; y describiremos el proceso de gestación, recolección y conservación de las semillas finalizando esta serie de artículos sobre cruce.

 

LIBROS RECOMENDADOS:

 

*DJ Short, Cultivating Exceptional Cannabis: An expert breeder shares his secrets (Quick American a division of Quick Trading Co, New York, 2004)

– Este pequeño y asequible libro nos ofrece una visión sencilla y directa de la genética vegetal en su segunda mitad. “El arte de la selección”, la herencia genética, los tipos de cannabis y las variedades originarias son algunos de sus temas

 

*Green, Greg. The Cannabis Breeder’s Bible (Green Candy Press, Canadá, 2005)

– Esta extensa, detallada y muy recomendable publicación, con 237 páginas y multitud de fotos, ilustraciones y diagramas nos dará una visión compleja y adecuada para cualquier tipo de tarea de cruce, incluso a un nivel avanzado. Greg Green es también el autor de The Cannabis Grow Bible. Un gurú del cultivo y la mejora genética.

 

*Cervantes, Jorge. Marihuana: horticultura del cannabis. La biblia del cultivador médico de interior y exterior (Van Patten Publishing, 2007)

– En el capítulo decimosexto, sobre crianza, Chimera, un consagrado conocedor de la biotecnología y ciencia de las plantas en el mundo cannábico, nos ofrece una visión sencilla pero detallada, llena de todo tipo de imágenes en color, sobre la crianza. Una completa y más que suficiente introducción al entorno del criador y las casas de semillas.