Los soldados de Franco introdujeron en cultivo en España al terminar la guerra civil, pero no se popularizó hasta finales de siglo, con la genética de semillas

En ‘Bajarse al moro‘ (1989), el cineasta Fernando Colomo retrató una España que ya no existe: la España del hachís, la ficha y el polen, la que subía de Marruecos con el recto abarrotado para financiarse unas vacaciones o pagar la entrada de un Golf GTI. La del estraperlo en democracia y el menudeo en las plazas del barrio.

Hoy, los datos de detenciones por posesión de esta sustancia, a los que ha accedido El Confidencial en exclusiva, muestran que los españoles no han dejado de consumir hachís, pero que cada vez son más los que se decantan por la marihuana, la planta de la que se obtiene el polen cannábico. En los últimos 20 años, las detenciones por posesión de marihuana han pasado de 386 anuales a las 6.301 que se practicaron el año pasado.

Un incremento del 1.500% que se explica con una sola palabra: autocultivo.

En realidad el cultivo de marihuana en España no comenzó este siglo, sino con las tropas franquistas regresadas de Marruecos. Lo explica Juan Carlos Usó, autor de referencia en temas de drogas en España: “La moderna ola del autocultivo de cannabis en España nace durante el siglo xx en el protectorado español en Marruecos, donde las autoridades practicaban la tolerancia con la costumbre local de cultivar cannabis, siendo en esta zona del Rif donde algunos españoles comenzaron a cultivar cannabis. Cuando comenzó la guerra civil, llegaron a la península las tropas africanas, como los legionarios y la denominada guardia mora al servicio de Francisco Franco, quienes trajeron consigo sus costumbres, entre ellas la de cultivar y consumir Kif. Tras la victoria de las tropas del General Franco, serian estos soldados los primeros en organizarla importación y venta en España del Kif marroquí, que se comenzó a extender entre las clases populares en los años 40 del Siglo XX, con la tolerancia del Régimen, e incluso había quien plantaba el cáñamo en terreno propio”.

No obstante, el franquismo reaccionó rápido y desmanteló varias plantaciones entre 1954 y 1966, las mayores en Alcalá de Guadaira, Vega del Tajo y Langreo. En auquella época, se relacionaba a la marihuana con el incipiente movimiento hippie: “Esto obligó a la gente a ponerse en manos del narcotráfico de hachís con Marruecos, donde se producía en condiciones cuasi mediavales”, dice Hugo Madera, portavoz del Observatorio de la Marihuana “Tradicionalmente han sido cultivos de secano, pero desde hace unos años se utiliza un sistema de gota a gota. Pero claro, para cultivar así se necesita mucha agua, y por lo tanto hacer pozos. Es una historia larga, pero digamos que han muerto muchos marroquíes por pozos construidos de forma chapucera que se desmoronan con ellos dentro”.

Paradójicamente, el autocultivo comenzó a recuperarse en 1992, con la ley Corcuera (o Ley de la patada en la puerta), una medida que permitía a las autoridades invadir la propiedad privada sin autorización judicial en caso de creer que se está cometiendo un delito. Aunque fue declarada anticonstitucional a finales de 1993, sirvió para movilizar a los consumidores de hachís y marihuana, que arrancaron ese mismo año el movimiento asociativo: “En 1993 se funda Arsec (Asociación Ramón Santos de Estudios sobre el Cannabis) y se publica el primer manual de autocultivo. Esto genera un ‘boom’, porque hasta ese momento la mayoría de gente no sabía cultivar. Poco después, en 1997, se organizaron movilizaciones con el lema ‘Ante la prohibición, me planto‘, cuando el movimiento social ya estaba tomando forma. Y por fin, en 1999, un señor catalán se fue a Ámsterdam, se trajo unas semillas y se puso a venderlas“, dice Madera.

Yo fui el primero en vender semillas de marihuana en Europa

Ese señor catalán se llama Juan Carlos Abellán, más conocido como Karulo, y es el Robespierre de la Revolución Verde en España. “Yo soy de La Mina, un barrio muy pobre de Barcelona, donde todo el mundo consumía hachís, incluida mi familia”, dice a este periódico. “Me crié viendo cómo la Policía toleraba el tráfico de hachís en mi barrio. Lo veía con mis ojos, cómo la mafia del hachís pagaba su mordida a los agentes para que se mantuviesen callados mientras luego multaban a otra gente, consumidores, o incluso les hacían ir a juicio por simple posesión. Ahí fue cuando decidí que no iba a seguir teniendo relación con esas mafias y me puse a plantar mi propia marihuana”, dice Abellán, que empezó a plantar con 13 años en la terraza de su casa.

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En 1999, Abellán se fue a Ámsterdam y regresó con una maleta llena de semillas de marihuana. Nadie le preguntó nada en el aeropuerto. Convencido de su legalidad, y siguiendo los consejos del magistrado José Luis Felis, de Jueces para la Democracia, Abellán abrió el primer ‘grow shop’ de España, justo detrás del Mercado de la Boquería, en Barcelona. “Tuvimos mucho éxito desde el primer momento. Nos llegaban pedidos por teléfono, venía gente de Portugal, de Francia… y alguna mañana facturamos decenas de miles de euros, porque nos llegaban clientes que se llevaban medio millón de pesetas en semillas”, afirma Abellán.

Karulo, ilustrador de profesión, fue muy valiente; cofundador de la revista Cáñamo, publicación decana del cannabis en España, ninguno de sus socios quiso involucrarse en ese negocio que llamaba “grow shop”: “Todos pensaban que eso era ilegal, que acabarían metiéndome en la cárcel. Así que durante algo más de un año fui el único en vender semillas en toda España, el único que le echó agallas”, dice. “Luego, cuando la gente vio que no me llevaban preso, empezaron a surgir ‘grow shops’ por todos los lados, no han dejado de crecer un solo año. Ahora mismo hay en torno a 1.200 físicos por todo el país, sin contar un número de tiendas indeterminado que solo operan por internet”, continúa.

El tráfico de hachís se mantiene en el Estrecho porque es la entrada de Europa

La apertura de ‘grow shops’ fue poco a poco desplazando al hachís en la calle: “No tiene nada que ver una ficha de hachís de Marruecos, que llega modificada y mezclada con dios sabe qué, que una planta bien cuidada por ti mismo, cuya calidad y niveles de THC son siempre superiores“, dice Abellán, “y también, dentro de la marihuana, hemos pasado de las semillas paisanas que se usaban antes, traídas de México o Nepal, a otras holandesas mucho mejores”.

El mapa de detenciones del hachís muestra que el tráfico por el Estrecho, con entrada por Cádiz y Málaga, ha descendido, pero sin llegar a desaparecer, ya que nuestro país es la puerta de entrada de la sustancia para toda Europa. Nadie más lo produce en Europa o África: “En cuanto a las circunstancias geográficas, se puede decir que las condiciones son idóneas dada la corta distancia que existe entre las dos orillas: marroquí y española. También porque se puede decir que el cultivo del hachís de Marruecos es único en el mundo, y cada vez se está consiguiendo una mejor calidad en su cultivo, superando a las plantaciones de Afganistán, Pakistán, etc., lo que hace que tenga mucha salida en España, en el resto de Europa y del mundo; además de que ningún cultivo idiosincrático puede competir con la situación estratégica que sucede entre Marruecos, que se encuentra frente a la entrada de un continente y su puerta es España, pasando por sus aguas del Estrecho de Gibraltar”, explican los antropólogos de la Universidad Miguel Hernández Andrés López y Juan G. Rodríguez.

Abellán, con camiseta negra, en el primer 'grow shop' de España, en 1999.
Abellán, con camiseta negra, en el primer ‘grow shop’ de España, en 1999.

Sin embargo, los datos indican un crecimiento exponencial de las plantaciones de marihuana en España, especialmente proligos en las zonas de Andalucía y la costa levantina. Para los activistas, este incremento implica salvar vidas en el Estrecho: “Si ahora el estamos en disposición de legalizar el uso de la marihuana, o en camino de conseguirlo, es por el autocultivo. En estos 20 años hemos demostrado que la marihuana no tiene por qué ir unida a las mafias o las personas que pierden la vida escapando de la Guardia Civil en el Estrecho. Y todo comenzó con las semillas de Karulo”, dice Hugo Madera.

España tiene un clima ideal para el cultivo de la marihuana, estamos perdiendo tiempo

Aunque nunca ha abandonado el negocio de las semillas, Karulo sostiene que no pudo hacer dinero porque su socio en el ‘año dorado’ desapareció con el capital. Después, la competencia e internet fraccionaron los ingresos. Dice que no está por el dinero, sino por puro activismo. Está importando los protocolos que han funcionado para legalizar la marihuana en Estados Unidos y aplicándolos aquí. Esta semana hablará en el Congreso de los Diputados en favor de la regulación de las licencias de cultivo de marihuana. “Es una peña que España siga teniendo esta posición legal contra la marihuana, porque dispone de un clima en el litoral mediterráneo que es único para plantar en exterior. A los políticos que creen que la marihuana es una droga peligrosa, les invitaría a que viesen cómo se hacen las cosas en Canadá: cómo la marihuana está haciendo descender la adicción al crack, el índice de criminalidad o ayudando a las personas con dolor”, explica.

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“Hay una parte de la que no me siento orgulloso por haber traído las semillas a España”, continúa Abellán, “y es que sé que mucha gente de la que nos compraba semillas, las utilizaba para vender marihuana y fomentar el mercado negro, que era justo contra lo que siempre he luchado”, confiesa. “Pero me hace muy feliz que el autocultivo de interior, lo que yo llamo ‘el milagro de la lámpara y la semilla’, haya servido para que muchas familias comiesen y pagasen la hipoteca durante los años de la crisis. Es algo de lo que nunca se habla, porque son ingresos fuera de la ley, pero yo he conocido cientos de familias a las que la marihuana les ha salvado de la pobreza. Espero vivir lo suficiente para ver legalizado todo este negocio, que siempre ha existido, y poder acabar con las mafias que lo controlan”.