Una vez conocida la historia, o más bien la leyenda de esta controvertida variedad, vamos a comentar algunos pormenores que permitirán al cannabicultor sacar lo mejor, no ya de ella, pues como sabemos, en principio no existe en forma de semilla o variedad por si misma, pero sí de algunas de las variedades que contienen en sus genes la supuesta tecnología agrícola de la C.I.A… O quizá no..

Texto y Fotos: Luis Hidalgo

Dejando aparte la sección de “mitos y leyendas” y tras seguir algunas de las pistas aparentemente más verosímiles, sólo una cosa es probada y evidente: la presencia del “criador” más ubicuo y “hábil” de la historia del cannabis moderno, Neville, ya conocido por los lectores que hayan estado siguiendo esta serie.

Solamente él conoce toda la verdad de cada una de sus “operaciones” de compra-venta-descuido de esquejes y semillas que en su momento sirvieron (y aún lo hacen en la actualidad) para hacer la mayoría de las variedades “clásicas”, es decir, las que se empezaron a vender desde Holanda por los 3 ó 4 bancos de semillas más famosos internacionalmente. En cualquier caso, seguimos hablando de marihuana, cannabis narcótico… cáñamo en definitiva, y como tal, hay que cultivarlo, cosecharlo y secarlo para poder disfrutarlo, así que vamos a entrar en materia.

Sigue la Línea Correcta

Ahora bien, a lo largo de toda esta historia, posiblemente más de un Lector haya notado algo “extraño”, como una sensación de que hay algo que no encaja… No, no se trata de un efecto tele psicoactivo de la G13, no coloca con sólo leer de ella, no… Hablamos más bien del tema de la potencia y la fama del famoso clon, ambas cosas directamente relacionadas, ya que precisamente habría que suponer que tanto como si se trataba de un experimento como si “simplemente” era un esqueje de una planta excepcional, su fumada debería ser brutal.

Pero brutal ¿en que sentido? ¿Que un porro te deja doblado? ¿O que ves florituras y flipaduras? Quizá sea una risa floja e incontenible la que te invada tras unas caladas… O sea, el típico globazo sativo… Pero si se supone que la madre fue una afghana pura, ¿entonces? Se supone que las índicas dan globo sedante y relajante y son las sativas las de las risas y la taquicardia. He aquí el “quid” de la cuestión… Las variedades del Kush, sobre todo Afghanas, ¿son sativas o índicas?

Por definición son índicas, pero esto no es garantía de colocón índico tal cual se espera. Y esto, ¿a que se debe? Pues a que la definición taxonómica del cannabis no tiene en cuenta su quimiotipo (salvo para diferenciar entre industrial o no industrial) así que no es infrecuente encontrar fenotipos con quimiotipos que en apariencia no se corresponden, pero solo en apariencia, porque en principio no existe ningún estudio actual sobre cannabis que relacione áreas geográficas con fenotipos y quimiotipos a escala mundial.

Lo anterior se puede resumir en un concepto muy sencillo: La forma de las plantas, su velocidad de floración y su producción no definen necesariamente el tipo de psicoactividad que producen. Esto tiene unas implicaciones bastante más profundas de lo que parece a primera vista, y que es lo que hace que este tipo de variedades sean consideradas para cannabicultores “expertos”. Usualmente cuando una de estas líneas cae en manos de un “novato” se suele encontrar con una serie de problemas “inexplicables” para él y que suelen malograr la cosecha, o al menos mermarla de manera notable en cantidad y calidad.

La explicación es muy simple: Al igual que la psicoactividad de estas variedades no es la esperada, la nutrición tampoco y por el mismo motivo. Es más, los requerimientos nutricionales del cannabis narcótico suelen estar más relacionados con el quimiotipo que con el aspecto de la variedad (fenotipo). En definitiva podemos afirmar que es el quimitipo y no el fenotipo o la localización geográfica el que debería utilizarse para categorizar el cannabis como índico, sativo, etc… en base a unos patrones establecidos a partir del análisis de líneas originales silvestres (domesticadas o no) clasificadas por franjas de latitud.

Así pues, el problema que los cannabicultores noveles encuentran al intentar cultivar este tipo de variedades es que no utilizan un régimen nutricional adecuado, acompañado de unos ajustes de pH que tampoco suelen ser los correctos para esa variedad. Por eso la mejor opción para el principiante es cultivar algún híbrido de tercera o cuarta generación que haya sido “trabajado” para eliminar esta característica, de manera que sea menos “exigente” con el equilibrio nutricional y que el tipo de abonado sea el que en principio se espera para una variedad de hoja ancha, baja y columnar o bien de foliolos finos, y muy ramificada.

Potencia NO es igual a THC

Volviendo al tema de la potencia, que es lo que nos interesa de las variedades que contienen G13, vamos a aclarar también algún que otro concepto. Veíamos en el número anterior que a pesar de que se dice que el clon original daba como media un 28% de THC, ese dato no se encuentra contrastado mientras otros resultados mas modestos de alrededor del 15% sí se encuentran documentados.

En cualquier caso, la verdad es que la cantidad de THC que una determinada planta o variedad pueda llegar a dar en un análisis de cannabinoides no significa nada si el dato no va acompañado de los porcentajes de al menos otros tres cannabinoides: CBD, CBN y THCV. Hasta no hace mucho se pensaba de manera general que a más THC, más “globo” psicodélico y activo y por el contrario cuanto más CBD, más relajante, “medicinal” y sedativo era el efecto.

Más tarde y sobre todo a través de las investigaciones realizadas por distintos integrantes de la IACM (Asociación Internacional del Cannabis como Medicamento), y universidades de Israel, España, Canadá, USA o el Reino Unido quedó demostrado que es la relación entre cannabinoides y no su cantidad la que produce un tipo u otro de psicoactividad y efecto medicinal (anti hemético, anti espasmódico, etc…)

En concreto, en la actualidad se habla de cuatro cannabinoides (ver más arriba) como responsables de los distintos efectos físicos y mentales, además de algunos agentes aromáticos del tipo flavonoides y terpenos. Para explicarlo de una manera simple tomaremos el mismo ejemplo que poníamos antes: un globo relajante vendría tras consumir una variedad que contenga más del 1% de CBD en relación al total de THC (15% THC, 0,15% CBD o más), Los efectos activos aparecen cuando la cantidad de THC es al menos 500 veces superior a la del CBD (estos datos son orientativos).

De esta forma queda explicado el porqué una determinada variedad puede parecer (o ser) muy psicoactiva conteniendo un porcentaje bajo de THC o por el contrario ser sedante con un alto nivel de THC. También así podemos entender el porqué de la fama de la G13 en cuanto a potencia, cuando realmente no hay constancia de los elevados niveles de THC que siempre han “acompañado” a la variedad.

Los otros dos cannabinoides considerados hoy en día “principales”, el CBN y el THCV, también tienen cierta influencia en el tipo y la fuerza de la psicoactividad, sobre todo el THCV que parece ser un precursor del THC y/o potencia el porcentaje de este cannabinoide con respecto al resto.

Entonces, ¿qué estoy cultivando?

Llegados a este punto, nos preguntaremos que es lo que tenemos entre manos cuando plantamos un híbrido con G13, y lo cierto es que algo tan sencillo de entrada no lo es tanto. Debemos partir de la base de que la G13 lo que aporta es potencia, o más bien cómo decíamos más arriba, altos niveles de THC y muy poco CBD. Esta característica se puede intentar aumentar o disminuir, dejando aparte temas de aromas, olores y sabores, y es lo que hacen los criadores que la utilizan en sus cruces.

Aunque claro, después de lo que hemos leído, realmente sólo los primeros (e inaccesibles) híbridos contienen G13 como parental hembra, es decir, los cruces con Northern Lights, Ortega, Haze, Skunk y Hashplant, siendo ésta última la única en principio disponible a través del catálogo de Sensi Seeds, si bien buscando por internet podemos encontrar algunos criadores que ofrecen híbridos F1… Si realmente sus variedades contienen un 50% de G13 es realmente difícil de saber a ciencia cierta, por lo que nuestra recomendación, como siempre, es intentar plantar lo más cercano a la “fuente” original, por el tema de la confianza y también por el económico, ya que este tipo de variedades “míticas” suelen ser tan caras que hay que mirar muy bien qué se compra para no quedar totalmente desilusionado y con sensación de haber sido engañado.

Si consultamos los listados de híbridos que hemos ido publicando a lo largo de la serie, podremos ver que a partir de la segunda generación el contenido de G13 ya se empieza a diluir, y salvo variedades poco potentes tipo Durban Poison que han sido mejoradas en potencia de manera notable, el resto es poco más que “nombre”. También se suele utilizar para acortar el tiempo de floración de sativas de más de 100 días sin que disminuya su efecto “triposo”.

Resumiendo, la cantidad de variedades que se ofrecen de manera comercial o en circuitos cerrados o privados es tan grande que resulta imposible especificar una forma de cultivar común a todos ellos que proporcione unos resultados óptimos en todos los casos. Sin embargo, existen algunos detalles sutiles en la forma de las plantas, y también en su comportamiento a lo largo del ciclo de floración que pueden ayudarnos a saber cuanta parte de G13 tiene el híbrido que estemos cultivando, y a partir de ahí aplicar un determinado programa nutricional con unos ajustes de pH muy concretos.

En la próxima entrega explicaremos como identificar esos matices, desvelando quizá uno de los secretos mejor guardados por los criadores “Old School” que crearon todas las variedades “míticas” que estamos viendo a lo largo de la serie. Una vez que tengamos esa “llave” ya sí podremos ajustar las condiciones de cultivo a la descendiente de G13 que estemos intentando sacar adelante. Hasta entonces, un saludo.

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