Desde siempre, el hombre ha modificado la información genética de las especies vegetales que ha cultivado para alimentarse. Muchos de estos cambios se dieron al comienzo de nuestra historia agrícola. Cuando el ser humano decidió dar el paso de la caza y recolección a la ganadería y agricultura, comenzó el proceso de domesticación de aquellas especies que se necesitaban para obtener alimento.

Por Fabini de Caprius

Como puede intuirse en la introducción, es hora de profundizar en el tema de los rasgos genéticos e intentar comprender como distinguirlos.

A lo largo del tiempo, se recogieron semillas de la naturaleza, que crecían de forma incontrolada, y se introdujeron en un medio “artificial” distinto al medio natural donde se estaban criando hasta ahora.

En base a las necesidades del hombre se han ido moldeando todos aquellos rasgos genéticos que podían beneficiarnos. La domesticación vegetal de especies como el trigo o las leguminosas permitió al ser humano abandonar el nomadismo. Tras la cosecha, una parte de las semillas se conservaba para ser reutilizada en el siguiente cultivo. Este proceso daría lugar a especies vegetales homogéneas adaptadas a un entorno concreto y con unos rasgos determinados.

En la crianza cannábica lo que se pretende es identificar a conciencia los caracteres genéticos que nos interesan y fijarlos en la descendencia de nuestra variedad.

En el número 118, concretamente en la primera parte de la introducción a la crianza cannábica casera, te hablaba sobre las leyes de la genética que Gregor Mendel descubrió en el siglo XIX, y que en la actualidad siguen siendo las bases de la mejora genética por cría selectiva. Ahora vamos a ver de forma más detallada qué ocurre con estos rasgos que se heredan genéticamente.

La genética mendeliana, también conocida como genética de caracteres cualitativos, se basa en rasgos generalmente sencillos de observar, bien definidos y mesurables, tales como el color o el tamaño en las distintas partes del individuo. Normalmente, éstos son controlados por un mismo gen con dos formas alélicas distintas.

Los alelos son cada una de las distintas formas de un mismo gen. Ocupan el mismo lugar en el genoma (locus) y pueden expresar manifestaciones concretas de la función de ese gen como, por ejemplo, el color de la piel de los guisantes.

Hay dos categorías principales de caracteres cualitativos, los autosómicos y los ligados al sexo.

Los caracteres autosómicos son aquellos rasgos controlados por cromosomas no sexuales (autosomas), mientras que los caracteres ligados al sexo, son todos aquellos que son controlados por los cromosomas sexuales, que son los que determinan el sexo del individuo.

Aunque las Leyes de Mendel sean de mucha utilidad, a la hora de realizar una crianza cannábica hay que tener en cuenta que son pocos los caracteres cualitativos. Gracias a los conocimientos genéticos de los que disfrutamos en la actualidad, sabemos que la mayoría de los rasgos en cualquier especie no son claramente distinguibles y mesurables y no se transmiten en las proporciones matemáticas de la herencia mendeliana.

La mayoría de caracteres del cannabis son cuantitativos y se diferencian por el número de genes que intervienen en la viabilidad fenotípica. Mientras que en los caracteres cualitativos interviene un solo gen con distintas formas alélicas, en los caracteres cuantitativos intervienen muchos más genes, y cada uno de ellos contribuirá al fenotipo aportando una característica muy pequeña. De esta forma estos caracteres no pueden ser detectados por el método mendeliano habitual, al menos, no con tanta facilidad.

Aquí se nos plantea un problema fundamental: como solamente podemos medir con precisión los genes de rasgos cualitativos (siendo estos una minoría en las plantas de cannabis), necesitamos una forma de poder seleccionar los genes de caracteres cuantitativos.

Bajo cada fenotipo de rasgos cuantitativos se pueden esconder varios genes que contribuyan a formarlo. Hay que recordar que el fenotipo no se transmite, sino que son los genes que los se heredan en la descendencia. La complejidad de esta selección radica en poder conocer los mejores genotipos, o mejor dicho, los que más nos interesen, solamente observando los distintos fenotipos que expresan los individuos.

Estos rasgos cuantitativos, también son conocidos como caracteres poligenéticos. Aunque dichos atributos son muy difíciles de observar por el método mendeliano (por no decir casi imposible), hay una clasificación de dichos caracteres que se dividen básicamente en tres grupos:

          Caracteres continuos: Son aquellos rasgos genéticos que se pueden medir en una escala de progresión. Por ejemplo, en el caso largo de nuestros racimos florales, si la madre era de flores muy largas y el padre de flores muy cortas, la descendencia F1 será homogénea en tamaños, y adoptará un largo medio entre los dos parentales. Este rasgo podría ser cualitativo, pero si volvemos a cruzar esta descendencia F1, obtendremos una descendencia F2 que mostrará individuos de todos los tamaños comprendidos entre el largo de la flor de la madre y del padre. Es decir, pueden tomar cualquier valor dentro de los dos límites, por lo que podríamos medir este tipo de rasgos continuos dándoles un valor cuantitativo.

          Caracteres merísticos: Estos rasgos son los más sencillos de observar dentro de la genética cuantitativa ya que se pueden contar como unidades. Un ejemplo sería el número de folíolos que está presente en cada hoja.

          Caracteres umbral: Son rasgos genéticos que simplemente se dan o no se dan. Un ejemplo sería la resistencia a distintas enfermedades. Un individuo puede ser resistente o no serlo y, en caso de no serlo, si es cultivado en condiciones óptimas, este rasgo pasará inadvertido. Estos caracteres solamente se manifiestan en el momento en que las condiciones ambientales son proclives a ello.

A principios del siglo XX, en medio de la controversia que había entre aquellos científicos que defendían que los caracteres continuos podían expresarse en términos mendelianos y los que sostenían lo contrario, surgió la Hipótesis de los factores múltiples o factores polímeros.

Esta hipótesis se basaba en unos experimentos realizados por Nilsson- Ehle y consistían en cruzar dos líneas puras de trigo: una con granos rojos y otra con granos blancos. La generación F1 presentaba un color rojizo intermedio. Al cruzar entre sí esa descendencia y obtener la generación F2, se observó que había cuatro tonalidades de rojo diferentes y una de blanco.

Al contrario que en la genética mendeliana, en este experimento se manifestó una dominancia incompleta en la generación F1. Es decir, en lugar de manifestarse el color rojo como dominante, los ejemplares mostraron un rojizo intermedio, debido a que, en el caso del trigo, hay más de un gen que influye en el color. Al combinarse los alelos de estos genes en la generación F2, dieron como resultado cinco colores distintos.

Trilla del trigo en el Antiguo Egipto

En base a este experimento se enunciaron los puntos la Hipótesis de los factores múltiples:

          Los caracteres continuos se pueden cuantificar según su fenotipo.

          A menudo, más de un gen actúa en el fenotipo siendo complementarios entre ellos.

          Cada locus (posición fija en el cromosoma) puede estar ocupado por un alelo aditivo, que contribuye con una cantidad dada al fenotipo, o por un alelo no aditivo, que no contribuye.

          La contribución de cada alelo aditivo al fenotipo es más o menos equivalente.

          Todos juntos, los alelos aditivos son los que dan lugar a un fenotipo en concreto.

Muchos de los rasgos que nos interesan no serán observables en un solo cultivo. Necesitaremos someter una misma generación a distintas condiciones ambientales para poder observar los rasgos cuantitativos con más precisión, y determinar qué genes están detrás de esa expresión fenotípica.

Para poder observar correctamente estos rasgos cuantitativos, debemos familiarizarnos con el concepto de heredabilidad.

La heredabilidad, es la relación que se existe entre el fenotipo y el genotipo (excluyendo los rasgos ambientales) y que determina en qué medida la variación fenotípica de una población se debe a la variación genotípica de sus individuos. También nos dará los valores que nos permitan predecir en gran medida los fenotipos dados por el gen en la descendencia, dejando de lado los factores ambientales. Así que podremos determinar con qué ritmo se modifica la media poblacional, y cómo evoluciona la población en respuesta a la selección artificial que estamos realizando.

La heredabilidad no es valor absoluto para cada gen, sino que varía en función de la población y del medio en que los individuos se encuentren. Por este motivo siempre aconsejo hacer selecciones distintas en condiciones ambientales. De este modo, obtendremos una visión más estricta de lo que está ocurriendo en la descendencia, y por tanto podremos identificar aquellos rasgos que solamente son dados por el medio en el que se desarrollan los individuos, frente a los que provienen del propio gen.

Esta práctica es especialmente importante a la hora de descartar cualquier tipo de hermafroditismo. Esta característica es muy temida por los criadores de cannabis, ya que una planta de este tipo puede convertir un cultivo de sinsemilla en un montón de flores cargada de semillas inviables. Muchas veces los individuos no muestran este rasgo, aun encontrándose realmente en su genotipo esa posibilidad. Recordad que se llama hermafrodita todo aquel ser que es capaz de producir gametos masculinos y femeninos al mismo tiempo.

En el cannabis, igual que en todo el reino vegetal, el gameto femenino se llama oosfera mientras que el masculino es conocido como polen. Cuando intentamos hacer una crianza genética cannábica, buscamos ejemplares que tengan flores de un sólo sexo por tal de no transmitir el hermafroditismo a la descendencia.

A veces, el hermafroditismo en el cannabis se presenta en forma de intersexualidad: una planta hembra desarrolla un número muy reducido de flores macho, normalmente en una etapa avanzada de la floración. No obstante, dependerá de los genes que afecten a este fenotipo que se muestre o no. La gran mayoría de variedades comerciales no presentan genes intersexuales. Sin embargo, en la crianza cannábica casera, muchas veces no se hacen las suficientes pruebas, y a lo largo de las generaciones el gen intersexual puede volverse más dominante, y finalmente mostrarse en la mayoría de fenotipos, quedando fijado como característica genética.

Hay varios métodos de estrés para poder determinar si nuestro individuo tiene un gen intersexual dominante o está dormido.

Una de las opciones es interrumpir el ciclo nocturno de nuestras plantas, este proceso llevado a cabo durante intervalos de tiempo hará que se exprese el fenotipo hermafrodita o intersexual en el caso de estar activo.

Otra posibilidad son las temperaturas demasiado elevadas, por encima de los 29ºC, ya que pueden hacer aparecer este fenotipo. Sobre todo si las acompañamos de estrés hídrico.

Por último, en algunos casos, cosechar la planta con demasiada tardanza hará que desarrollen flores del sexo opuesto, sobre todo en el caso de las hembras.

Hay que tener en cuenta que estos rasgos no son cualitativos, sino que son rasgos cuantitativos, y por tanto serán muchos los genes que afecten a cada fenotipo. Aunque la intersexualidad del cannabis es una característica bastante curiosa que no suele darse en otras especies dioicas (plantas con flores de un sólo sexo), no es más que un forma de supervivencia. Bajo cada una de esas condiciones en las que se puede manifestar este fenotipo, el individuo percibe en el ambiente estímulos que le dan a entender que no va a poder finalizar su ciclo correctamente, así que desarrolla este sistema de defensa para poder producir aunque sea unas pocas semillas que aseguren la descendencia.

En los caracteres cuantitativos reside la importancia de hacer una buena selección de los parentales. Aunque haciéndolo en casa necesitemos mucho más tiempo que un banco de semillas profesional. Siguiendo estos pasos y entendiendo la transmisión genética de los caracteres podemos hacer una selección cannábica casera de calidad, comparable a las que puede llevar a cabo un banco de semillas con grandes recursos.