Las fiestas son tiempo para comer: pavo, panetón, purés, champaña, chocolate, postres… uvas. Si te cuesta decir no cuando estés sentado frente a toda la comida, no seas tan duro contigo mismo, ya que tu voluntad no se compara con las vías cerebrales que hacen que comer en exceso se sienta tan bien -al igual que el consumo de drogas.

Varios estudios presentados recientemente en la Reunión Anual de la Sociedad para la Neurociencia exploran estas vías cerebrales, y las comparó con la actividad cerebral de los adictos a las drogas.

Los investigadores han descubierto que alimentos altos en caloría, aquellos grasosos, pueden afectar las mismas partes del cerebro que las drogas, al menos en estudios con animales. La exposición temprana a mucha comida de este tipo puede cambiar la forma en que el cerebro responde a el largo plazo.

En un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pennsylvania, los ratones que fueron alimentados con una dieta alta en grasas durante las primeras 20 semanas de vida y se había vuelto obesos, mostraron cambios significativos y duraderos en las zonas del cerebro implicadas en la recompensa -haciendo que el cerebro responda menos a los mismos alimentos grasos.

Comer, comer, comer

Los investigadores dijeron que los efectos eran similares a aquellos en adictos a las drogas. En otro estudio de la Universidad Concordia en Montreal, los investigadores encontraron que las ratas hambrientas buscaban heroína cuando la comida no estaba disponible.

No estaría del todo bien sugerir, sin embargo, que los alimentos afectan las conexiones cerebrales de las drogas. Más bien es al revés. “La drogadicción es realmente secuestrando algunas de estas vías que evolucionaron para promover el consumo de alimentos por razones de supervivencia”, afirmó Ralph DiLeone, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad de Yale.

¿Por lo tanto, se puede afirmar que la comida es tan adictiva como las drogas? Eso no está del todo claro, pero es muy probable que comer compulsivamente tiene un parecido a la adicción. Cualquiera que se haya visto perdido en el placer de lamer un helado de chocolate sabe lo difícil que es parar.

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