Una vez que comenzamos nuestra andadura como cannabicultores, comienza también una larga tarea de aprendizaje, en muchos casos a base de la propia experiencia del ensayo y error. Lo cierto es que después de enfrentarnos a todos los preparativos para la plantada, como las luces, los sustratos, los fertilizantes y demás detalles, hemos de superar la fase de germinación y comenzar a crecer las “niñas” intentando evitar que se espiguen y procurando que se desarrollen sanas y vigorosas.

Por: Luis Hidalgo

Planta macho

El siguiente paso, cuando se cultiva desde semilla, es el sexado, esto es, saber si lo que tenemos son machos o hembras, pues como todos conocemos, la eliminación de aquellos en una época temprana es fundamental para conseguir una buena cosecha de “sinsemilla”. Como es evidente, si no detectamos los machos cuanto antes, siempre cabe la posibilidad de que se abra alguna flor y la cosecha se transforme en “con algunas semillas”.

La primera intención del cannabicultor novel suele ser poner a florecer las plantas una vez considera que tienen el tamaño adecuado, para ir separando los machos e identificando las hembras a los pocos días de cambiar el fotoperiodo a 12 horas de luz y doce de oscuridad. Esto, por supuesto, es lo peor que se puede hacer ya que las probabilidades de que se nos escape algún macho tardío suben, y no es el primer caso en el que aquello que parecía una hembra bajita y frondosa, de cortas distancias internodales, después fue un supermacho que floreció en tres días, justo cuando el propietario se encontraba de vacaciones, encontrando a su vuelta toda su plantación fecundada en la tercera semana de floración.

Niño o Niña

El perjuicio de la fecundación es el más evidente, pero existen otros factores por los que también resulta interesante conocer con cierta antelación al ciclo de 12/12 el sexo de nuestras plantas. Entre ellos, podemos citar el espacio de cultivo para floración, que se podrá optimizar si solo pasamos hembras seguras ya sexadas. Ya en vegetativo, en ocasiones resulta gravoso el trabajo con un número medio o alto de semilla, pues aunque durante los diez o quince primeros días las plántulas tienen un tamaño razonable, en cuanto éstas comienzan a desarrollar un buen sistema radicular el crecimiento se dispara ocupando más y más espacio cada pocos días. Si en esos momentos ya vamos sabiendo “quién es quién” en cuestión de sexo, podremos aprovechar mejor el espacio y apelotonar menos las plantas hasta que las pasemos a floración.

Por supuesto, siempre será mejor si podemos ahorrar en nutrientes, tierra, espacio, luz, aire, trabajo y esfuerzo que irán a fondo perdido en el caso de los machos, y cuanto antes controlemos a estos, mejor que mejor, pues el espacio y recursos que ocupan serán heredados por las preciadas hembras.

Existen diversos sistemas más o menos conocidos, disponibles en internet y en distintos manuales de cultivo. Vamos a describir brevemente los más clásicos en atención a los lectores que pudieran no conocerlos, pero aclaramos desde ya que el método final expuesto como truco del mes ha sido totalmente desconocido para mí hasta que su “descubridor”, que también colabora en esta revista, me lo comentó. Si bien es cierto que las bases y premisas en las que se fundamenta son sencillas y coherentes, yo mantenía mis dudas. Estas se disiparon tras veinte días de vegetativo, aproximadamente.

Bandeja de sexado

Lo Clásico

La técnica básica de pre-sexado es el cambio de fotoperiodo a 12/12 durante un par de días o tres, hasta que las jóvenes plantas muestran preflores, para después volver al usual 18/6 de luz/oscuridad, continuando así el ciclo vegetativo hasta que los ejemplares adquieran el tamaño y estructura adecuados para una floración productiva dentro de nuestro contexto de cultivo.

En la mayoría de los casos, esta forma de trabajo funciona bien, pero tiene algunos inconvenientes, pues lo más corriente es que, como unas plantas tardan más que otras en mostrar preflores, sobre todo si tenemos diferentes variedades en el jardín. Esto suele provocar que lo que iban a ser dos o tres días de 12/12 se suelan alargar un poco mas, provocando una parada de días al volver a vegetativo, e incluso alguna revegetación en sativas que cambiaron su metabolismo al recibir señales de que la floración empezaba realmente para ellas. Por otro lado, con este sistema se suele escapar algún que otro macho tardío.

Ciertos cannabicultores prefieren ser más radicales y mantenerlas a dieciocho horas e incluso veinticuatro horas de oscuridad durante un par de días en cuanto las plantas van por el quinto o sexto par de hojas reales. Nuestra experiencia nos dice que los resultados de este sistema son dispares, dependiendo en gran medida de la variedad a sexar, su relación índica/sativa, su momento metabólico u otros parámetros en los que no nos vamos a extender, pero desde luego, creemos que no es el mejor pues hemos de tener siempre en cuenta que los diferentes estadios del desarrollo del cannabis, como en otros vegetales, están en gran medida condicionados por sus niveles hormonales que “disparan” unos procesos u otros, y que estos niveles hormonales tienen una cierta inercia, es decir, no cambian sin más de un día para otro, sino que precisan un tiempo para completar el cambio.

La manera más segura, pero también la que más esfuerzo requiere es la del sexado por inducción de un clon. Esto quiere decir que se esquejan todas las plántulas en cuanto tienen más de cuatro pares de hojas reales. En este caso se suelen cortar la punta y un par de nudos, ya que es raro que a esas alturas ninguna planta haya desarrollado ramas secundarias esquejables. Se les puede dar algo más de tiempo de vegetativo antes de realizar la operación, pero siempre teniendo en cuenta que hemos de enraizar los esquejes, contando el tiempo que ello conlleva y durante el cual las plantas estarán creciendo.

Bien, una vez obtenidos los esquejes, se ponen directamente a 12/12 a la mínima señal de que han enraizado, mientras que las plantas donantes continúan en vegetativo. Al cabo de pocos días, los clones mostrarán preflores, con lo que, si identificamos cada donante con cada clon, podremos quitar los machos y disponer aproximadamente del doble de hembras, las donantes y los clones. Esta claro que el sistema tiene sus ventajas, pero penaliza en tiempo al tener que esperar a enraizar los esquejes y que estos florezcan, y penaliza en espacio al precisar un anexo para los clones.

Buen momento para reducir horas de luz

Sistema de Presexado Hidalgo (SPH)

Vamos ahora a exponer un sistema innovador, al menos para nosotros, pues es posible que otros cannabicultores hayan llegado a las mismas conclusiones. Todo se basa en una premisa básica: el cannabis no mide las horas de luz, sino las de oscuridad. Esto se aplica para la mayoría de sus procesos fitológicos, condicionados por el “status quo” metabólico en cada momento, y sobre todo a los responsables de la reproducción sexual y la defensa, que se traducen en la producción de flores y tricomas. Dejaremos para otra serie la cuestión de los procesos metabólicos del cannabis en su ciclo vital, tema interesante donde los haya, y nos centraremos en el que nos interesa, el pre inicio de la madurez sexual, o adolescencia de las plantas.

Partiendo de la premisa anteriormente aseverada, trabajaremos a partir de la aplicación de veinticuatro horas de luz continuadas y sin interrupción desde que las plántulas abren sus cotiledones completamente. Algunos autores y cannabicultores piensan que las plantas son así estresadas en exceso y que aumenta el número de machos. Estadísticamente, esto es difícil de demostrar, pero aunque el índice de machos subiera un cinco o un diez por ciento, seguiría siendo rentable por la rapidez con la que se puede sexar. Otra ventaja es el hecho de la mayor velocidad de crecimiento, que aunque no es espectacular, si se aprecia en determinas variedades.

Una vez que las plantas están forzadas a mantener los niveles hormonales correspondientes a la fotosíntesis activa desde su nacimiento, la sensibilidad al cambio, o más bien, a la presencia de oscuridad aumenta la velocidad de reacción al cambio metabólico. Aún así, o quizá a causa de ello, no debemos ser radicales cayendo en la tentación de pasar de 24/0 a 12/12, que es absolutamente contraproducente para el presexado.

El equilibrio hormonal queda totalmente descolocado provocando extraños efectos hasta su estabilización, que se suele dar disparando el siguiente nivel del ciclo vital, que habría que revertir en caso de querer mantener el estado de crecimiento vegetativo.

En cambio, lo que haremos será ir incrementando la oscuridad a partir del momento en que las plantas tienen cuatro pares de hojas reales o mas. Lo haremos a razón de cincuenta minutos por día, de forma que en en una semana llegamos a los 3.500 minutos de oscuridad por día, o sea, algo menos de las seis horas de luz (3.600 minutos) del 18/6 típico del vegetativo.

Cuando lleguemos a ese punto, el 98% de las plantas estarán mostrando su sexo a través de minúsculas preflores. Incluso algún que otro macho presentará sus “bolas” de forma indiscutible. Recomendamos utilizar una buena lupa de aumento, bien de las de tipo “microscopio” iluminadas, de las que se pueden encontrar en growshops y comercios especializados, o bien de las de toda la vida, pero de cristal y al menos veinte aumentos. También un buen macro digital nos ayudará en la tarea. De cualquier forma, los pequeños cálices se ven tras las estípulas con incipientes pelillos blancos.

Una vez sacados los machos, bien por detección, bien por eliminación, bastará con aumentar de nuevo el fotoperíodo a unas 22 horas de luz para que el vegetativo continúe sin retrasos ni estrés. Nos guardamos dos horas de resaerva para el caso de alguna sativa rebelde o un posible híbrido rudelaris que se resista a continuar vegetando, en cuyo caso las sumaremos tras ver la reacción de los ejemplares, volviendo a 24 horas continuas de luz. A sexar rápido y seguro, Jóvenes.