Marina se quedó casi calva como consecuencia del coronavirus. ahora, gracias a una terapia basada en el CBD, una sustancia resinosa de la marihuana, su pelo vuelve a crecer.

Marina Álvarez estaba duchándose tan tranquila cuando empezó a enjabonarse el pelo y, de repente, notó que se quedaba con mechones enteros en la mano. Una reacción muy común en personas que están recibiendo quimioterapia. Sin embargo, ella no había padecido cáncer, pero sí había superado el coronavirus. «Fue una sensación terrible, quería llorar. Es que era brutal, sobre todo en la parte de delante. Cogía un poco de pelo y se separaba del cuero cabelludo», relata. Después del susto comenzó a relacionar esta caída repentina del cabello con la Covid-19, pero todavía no había estudios que hablaran con detalle sobre las secuelas en las personas que lo habían superado. Ella lo padeció en marzo, el 14 comenzó a sentirse mal. Su marido llevaba ya unos días con tos, cansancio, fiebre, dolor abdominal… «Dimos positivo, él tenía una neumonía bilateral y yo unilateral. A mí me mandaron a casa, pero él estuvo una semana ingresado en el Hospital de Fuenlabrada. Lo pasamos muy mal, mi esposo llegó a desplomarse en el suelo», recuerda ahora.

Así que, tres meses después, cuando comenzó la espectacular caída de pelo lo relacionó directamente con el coronavirus. Es más, habló con algún conocido que también había pasado la enfermedad y, de igual modo, le comentaron que ellos notaban la alopecia prematura. «Al principio me empecé a tomar vitaminas y algún producto para el pelo, pero seguía igual. Las calvas cada vez eran más grandes. El dermatólogo me explicó que podría ser una de las secuelas, aunque todavía no estaba confirmado. Yo fui una de las primeras en sufrir el virus y era de las que ahora estaban notando las primeras secuelas», relata esta madrileña de 41 años que trabaja como técnico en la Organización Nacional de Trasplantes.

Su madre, que es médico, le comentó que había hablado con varios colegas y que le habían transmitido que nueve de cada diez mujeres que habían pasado la Covid-19 estaban experimentando los mismos síntomas. Ante su desesperación acudió a una peluquería en Majadahonda, en Madrid, donde sabía que son expertos en caída de cabello. Allí la recibió Adriana Rosales, propietaria de Ro’s peluqueros. «Hazme lo que quieras, incluso rápamelo, pero no puedo ver estas calvas», recuerda que le comentó en la primera visita.

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Ansiedad y desesperación

Adriana, que nos recibe en su centro estético, confirma la ansiedad que tenía Marina el día que llegó. «Era impresionante, tenía calvas como nunca había visto, se le veía el cráneo, así que después de analizar el problema opté por utilizar un producto a base de cannabis y probar a ver si surtía efecto. Yo lo había utilizado en pacientes de cáncer que están recibiendo quimioterapia y la verdad que empezó a funcionar», confiesa.

El producto en cuestión está elaborado con CBD, es decir, cannabidiol, un compuesto natural que se halla en la flor resinosa del cannabis. Habrá quien se lleve las manos a la cabeza, pero más allá del uso más popular y conocido de esta sustancia, es también una planta con una prolífera historia como medicamento. Además, es una sustancia segura y no adictiva que forma parte de los más más de cien fitocannabinoides en su composición. «Con el que nosotras trabajamos es de la firma Icon, un producto totalmente orgánico. La clave es que da una fortaleza increíble al cabello. Sinceramente tengo que reconocer que las clientas entran llorando y salen riendo, me quieren abrazar cuando ven el resultado. Es que es muy duro perder el pelo», relata Adriana. Es más, la voz se ha ido corriendo y esta peluquera es ahora la referencia y «salvación» de numerosas pacientes de coronavirus.

Marina fue la primera, ahora tiene en su cartera a más de dos docenas. Es cierto que algunas son un poco reticentes a la hora de experimentar con este nuevo tratamiento y cuando escuchan la palabra «cannabis» se llevan las manos a la cabeza. «Alguna me ha dicho: ‘‘Quita, quita, no pruebes cosas raras a ver si me va a pasar algo’‘, pero luego, cuando ven el resultado en otras clientas, quieren utilizarlo», relata Adriana. Es más, alguna de ellas, también le ha comentado antes de iniciar el tratamiento si con él se iba a «pegar un colocón». «Es gracioso, porque tenemos en la cabeza que quien usa marihuana es para fumarla, pero está demostrado a nivel médico, que sus efectos sanadores son muy potentes y en este caso se ha demostrado que así es», matiza la peluquera.

El ritual que sigue ella consiste en una sesión incial en la peluquería y luego la aplicación del CBD en casa a través de sus propios tutoriales. «Pero muchas prefieren venir aquí a seguir haciéndoselo. El producto de cannabis en sí cuesta 79 euros, pero el tratamiento en peluquería son 30 euros por sesión. Por ejemplo, Marina lleva cuatro sesiones y todavía le quedan algunas más. No todas las personas responden igual, por lo que no hay un tratamiento estipulado de duración. La edad es un factor clave, cuanto más mayor es el cliente, más le cuesta recuperar su cabello», detalla.

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Las hormonas femeninas

«Según tengo entendido, la caída de pelo provocada por la Covid afecta a las mujeres más que a los hombres, porque cuando tienes un virus se te altera la bioquímica. El problema es que en este caso es más masivo y agresivo contra las mujeres, ya que incide de manera más dañina contra las hormonas femeninas», asevera Marina después de haber consultado a diferentes expertos.

Aunque ella reconoce con una sonrisa que «siempre he criticado a los que fuman porros, ahora no me ha quedado más remedio que utilizar la marihuana». Es más, en su círculo, especialmente su madre que es ginecóloga, no daban crédito cuando les contó los efectos positivos del cannabis contra el problema capilar que tenían. «Ella es muy médico, y desconfía de las terapias alternativas. Aún así no me ha dicho que deje de hacerlo porque el cambio es muy notorio», relata. Lo cierto es que cuando nos muestra fotografías del antes y el después, el resultado es alucinante. «Fíjate en la zona de la frente, estaba calva, no tenía nada de pelo ya. Ahora se empiezan a ver pelitos más fuertes. A mí me ha merecido la pena», afirma.

«Hay otra clienta que perdió la mitad de su melena y tenía muchísimo pelo, con el tratamiento ya ha recuperado más de la mitad. Ha sido tal el éxito que ahora me llaman muchos hombres que se han hecho implantes y que quieren reforzar el nuevo pelo. El cannabis se ha convertido en la esperanza de mucha gente», concluye Adriana.

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